mieresPor Pablo Mieres (*)

Como se sabe, desde el Partido Independiente hemos mantenido una postura de ecuanimidad con respecto a la gestión del Ministerio del Interior del actual gobierno.

Sin apoyar la política de seguridad implementada, hemos reconocido un esfuerzo de las actuales autoridades al impulsar medidas y propuestas que por otra parte, habían sido resultado de los acuerdos multipartidarios alcanzados en 2010.

Entre ellas vale destacar la eliminación gradual del nefasto Servicio 222, el aumento significativo de las remuneraciones policiales, la inversión en infraestructura para atacar el hacinamiento carcelario y la actualización en armamento y tecnología.

En tal sentido no nos plegamos a los reclamos de los partidos históricos que desde hace tiempo han exigido la renuncia del Ministro del Interior. Nos parecía que no era el camino más acertado, aunque manteníamos nuestra crítica a la gestión desarrollada y señalábamos el fracaso de los resultados obtenidos.

Sin embargo, las actitudes del actual y probable futuro ministro del Interior en estos últimos días nos han generado una profunda sorpresa que no podemos soslayar ni pasar por alto.

En primer lugar, su interpretación del resultado del Plebiscito sobre la baja de la edad de responsabilidad penal adulta indicando que implicaba un apoyo tácito a su gestión, resulta a todas luces sorprendente y profundamente equivocada.

En efecto, nadie sensatamente puede interpretar que el rechazo a bajar la edad pueda identificarse con un aval a la política de seguridad de este gobierno. Por el contrario, la inmensa mayoría de este país está insatisfecha con la situación de seguridad, incluidos muchos (seguramente la mayoría) de los que votamos por el NO a la baja.

Rechazar la propuesta de bajar la edad de imputabilidad por entender que no era una medida adecuada, no significa avalar lo que se ha hecho desde el Ministerio del Interior. Realizar un traslado automático de los votos por NO como si fueran un aval a la política de seguridad es un desvarío mayor que carece de toda justificación.

Para la gran mayoría de los uruguayos la inseguridad es el principal problema y no en balde, el ministro que goza de menores niveles de popularidad es, justamente, el que se encarga de la política de seguridad. Por lo que su interpretación es realmente ajena a una mirada seria y realista de lo que ha ocurrido.

Pero su ajenidad a la realidad llegó al punto máximo esta semana cuando salió a interpretar que el sorprendente episodio del robo a la residencia del Jefe de Policía de Montevideo habría sido resultado de una conspiración política impulsada por gente a la que “no le gustó el resultado de las elecciones del 26 de octubre”. Si no fueran tan graves estas afirmaciones, serían simplemente graciosas.

En efecto, es muy grave lo que el ministro ha sostenido en estos días. Sinceramente nos parece que busca distraer la atención con este exabrupto para que todos nos dediquemos a descalificar estas afirmaciones y nos olvidemos de un episodio que hace quedar en ridículo a la política de seguridad de nuestro país.

Ciertamente, el robo a la casa del Jefe de Policía de Montevideo es el colmo de la situación de inseguridad, particularmente porque esa vivienda contaba justamente mientras se produjo el robo, con guardia policial. Increíble e insólito.

Pues bien, la acusación lanzada al vuelo por el ministro debe probarse con evidencias concretas. No puede quedar como una mera elucubración del jerarca. El ministro está obligado a presentar las pruebas de sus dichos y si no lo hace, habrá incurrido en una grave responsabilidad política.

Un jerarca público no puede afirmar que existe una conspiración política para afectar al gobierno en una campaña electoral y luego no sostener esa afirmación con pruebas concretas.

Mientras no lo haga, nosotros mantendremos la convicción de que son afirmaciones sin fundamento que se esgrimen para evitar la vergüenza de reconocer que meros delincuentes comunes fueron capaces de dejar en ridículo a la guardia policial de la residencia del Jefe de Policía.

Este no es el camino adecuado para enfrentar la adversidad de la realidad que indica que las cosas andan muy mal en materia de seguridad. Pero, además, el ministro se descalifica a sí mismo al insultar la inteligencia de los uruguayos pretendiendo tejer una historia tan poco creíble y absolutamente carente de respaldo y fundamentos. Debería presentar sus pruebas y si no las tiene, debería pedir disculpas a todos los uruguayos.

El ministro Eduardo Bonomi ha perdido las referencias, cosa poco adecuada para quien pretende renovar su mandato por un período más en el cargo.

 

(*) Líder del Partido Independiente

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