mieresPor Pablo Mieres

Durante mucho tiempo los uruguayos tuvimos el voto bien atado. En un solo día se resolvía el voto a todos los cargos de gobierno nacional y departamental. Encima, se nos obligaba a votar todo junto y atado, había que votar a Presidente, Parlamento y Gobierno Departamental de un solo partido.

No importaba que un ciudadano creyera que el mejor Intendente fuera de un partido y el mejor Presidente de otro. Tenía que elegir todo junto dentro de un solo partido porque si el votante cruzaba preferencias de más de un partido se le anulaba el voto.

Entonces, como bien decía Hugo Batalla, en Uruguay la gente votaba pero no elegía. Los partidos habían inventado un “corsé” para obligar a la gente a permanecer fieles a un único partido y debía seleccionar un lote completo de candidatos.

Las cosas cambiaron a partir de la reforma constitucional de 1996, desde las elecciones nacionales de 1999 los uruguayos podemos elegir en forma separada y libre al gobierno nacional del gobierno departamental y basta mirar los datos para constatar que la gente hace uso de esa libertad y, de hecho, los resultados electorales por partidos son bien diferentes en las elecciones nacionales y en las elecciones departamentales.

La gente no es tonta y aprovecha la libertad electoral para manifestar diferentes preferencias entre una elección y otra. Es que una cosa es el gobierno departamental y otra cosa es el gobierno nacional y puede haber un mejor candidato de un partido para lo nacional y de otro partido para lo departamental.

Sin embargo, se ha mantenido la atadura del voto presidencial y parlamentario. En efecto, este es el único país de América Latina en que se obliga a los ciudadanos a votar atado el Presidente y el Parlamento. En todas partes, menos en Uruguay, se reconoce que los votantes puedan preferir un Presidente y luego un equipo parlamentario diferente.

Así es que a pesar de existir un sistema de segunda vuelta presidencial, las elecciones de octubre, tanto en 2004 como en 2009 estuvieron teñidas por la fuerte disputa presidencial, en la medida que, además, el candidato presidencial del Frente Amplio tenía, en ambas oportunidades, la posibilidad cierta de ganar en primera vuelta.

De hecho, así fue en 2004 cuando Tabaré Vázquez ganó en primera vuelta y casi ocurrió lo mismo en 2009 cuando el Frente Amplio renovó su mayoría absoluta en el Parlamento y faltó muy poco para que José Mujica fuera elegido ese mismo día.

Pero las cosas son muy diferentes en 2014. Todas las encuestas y todos los analistas coinciden en señalar que no habrá mayoría absoluta parlamentaria para ningún partido y que la elección del Presidente se postergará para la elección de noviembre.

Esto significa que la elección de octubre será una elección parlamentaria. Sólo se elegirá la integración del Parlamento.

Por lo tanto, por primera vez en la historia, los uruguayos tendremos tres votos diferentes y libres. Podemos elegir Parlamento en octubre, Presidente en noviembre y Gobierno Departamental en mayo del año próximo, eligiendo en cada momento al partido o candidato que más le guste.

En octubre se elige Parlamento. Esa es la realidad evidente. Por lo tanto, los uruguayos no tienen por qué limitarse a elegir entre los dos candidatos con chance de ganar la Presidencia. Esto es lo que pasaba siempre, como había que votar atado el Presidente con el Parlamento, mucha gente terminaba optando por votar entre aquellos candidatos que tenían chance de ganar la Presidencia, polarizando la elección y afectando la chance de los partidos que están más lejos de ganar.

Pero ahora no es así. La final será el 30 de noviembre y ya se sabe quiénes serán los finalistas; por lo tanto la gente puede votar tranquila en octubre para asegurar el mejor equipo de legisladores.

El Parlamento recuperará su poder de contrabalance con respecto al Poder Ejecutivo y, después de diez años de mayoría absoluta, el Poder Legislativo podrá jugar un papel relevante en el control y freno a eventuales abusos de poder por parte del Poder Ejecutivo.

Y en esas circunstancias la mejor opción es la que ofrece el Partido Independiente porque es el partido que puede poner límites al gobierno, sea cual sea el que resulte electo. Una bancada independiente es la que tendrá a su cargo controlar al gobierno y recuperar el peso parlamentario.

Por eso decimos que no hay voto más útil que el voto al Partido Independiente porque es el que maximiza el peso del control parlamentario puesto que no integra ninguno de los dos bloques políticos que dividen al país.

En este escenario, el Partido Independiente será un factor decisivo para otorgar gobernabilidad y para limitar el poder presidencial. Tendremos un nuevo tiempo político, más plural en donde será necesario el diálogo y los entendimientos.

Será buena cosa para el funcionamiento del sistema político y del futuro gobierno de nuestro país.

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