mieres

Por Pablo Mieres

Las elecciones departamentales no son, precisamente, instancias fáciles para todos aquellos partidos que no tienen chances altas de alcanzar la Intendencia Departamental.

En efecto, se trata de una elección a una sola vuelta, por lo que todo se juega por mayoría (relativa o absoluta) y los votantes no tienen una segunda oportunidad de votación.

Además la integración del deliberativo departamental se realiza por mayoría absoluta para el partido ganador con independencia del porcentaje que este haya alcanzado en el voto popular, por lo que las Juntas Departamentales funcionan con mayoría automática a favor del Intendente. Esto lleva a que el voto a ediles sea menos significativo para los ciudadanos que el voto al Parlamento en las elecciones nacionales.

Bajo estas condiciones las elecciones se polarizan entre los candidatos y partidos que pueden alcanzar la Intendencia. Entonces para los partidos más chicos la elección de mayo se vuelve muy a contramano. Incluso hay casos en donde un partido aparece con tanta distancia que termina capturando el voto de la gran mayoría de los ciudadanos, en perjuicio del segundo y de los demás partidos en ese Departamento.

Basta mirar los resultados de las instancias electorales de los últimos años para confirmar las tendencias a la concentración del voto entre los dos partidos más fuertes o, incluso en el partido mayoritario.

Sin embargo, el Partido Independiente ha decidido dar lucha en doce Departamentos mediante la presentación de candidatos propios a la Intendencia, a la Junta y a los Municipios. Justamente, porque cada vez parece más necesario contrarrestar las tendencias al exclusivismo y rescatar la importancia de las voces plurales. Por eso mismo, y no por cálculos particulares, reivindicamos y reclamamos el voto cruzado entre el nivel departamental y el nivel municipal; porque creemos que se deben abrir los cauces para la expresión plural de las diferentes alternativas políticas.

El Partido Independiente dará a los ciudadanos que se sienten identificados con esta fuerza política, la posibilidad de expresarse electoralmente y buscar a través de ese pronunciamiento, la posibilidad de tener voz en los asuntos departamentales y locales que tienen que ver con las decisiones relacionadas con las condiciones de vida cotidiana de cada localidad.

Las reglas de juego han edificado un funcionamiento de los gobiernos departamentales con poco margen para expresar las disidencias y para controlar la gestión departamental. Por eso es imprescindible rebelarse y participar para lograr una voz que permita mantener presencia durante el próximo período de gobierno en cada uno de los territorios del país.

La gente no solo elige en mayo al Intendente, también tiene que elegir qué tipo de partido de oposición quiere. En qué alternativas quiere depositar las esperanzas de defensa de sus intereses ante eventuales abusos de poder o multiplicación de ineficiencias.

Pensemos en Montevideo. El Frente Amplio busca su sexto gobierno seguido, a pesar de sus fracasos, desencantos, burocratización, endeudamiento y graves ineficiencias.

Conviene preguntarse por qué, a pesar de la pésima evaluación que el gobierno departamental del Frente Amplio ha recibido de los montevideanos, sin embargo estos parecen volver a preferir “malo conocido”. Por qué, una y otra vez, los vecinos de Montevideo vuelven a votar a favor de gobiernos que han sido fracasados y cuestionados. Incluso han preferido votar en blanco antes que apoyar a una alternativa diferente.

Una de las razones es que el Frente Amplio en Montevideo se ha vuelto un partido mayoritario y, por lo tanto, mucha gente vota entre las alternativas que ofrece ese partido porque sabe que es el que va a ganar. Pero la otra es que no han visto una alternativa política real para sustituirlos en el gobierno.

Blancos y colorados creyeron que el problema era de técnica electoral y decidieron arbitrar los modos jurídicos de sumar votos para demostrar a la ciudadanía que podían matemáticamente ganarle al Frente Amplio. Pero visto los resultados, se olvidaron de que eso no es suficiente si no va acompañado de una propuesta política y programática seria y desarrollada en la que la gente pueda sentir que confía como alternativa para gobernar.

El Partido de la Concertación se ha sumido en un proceso paradójicamente desconcertante de errores, de “idas y venidas”, de crisis y conflictos internos, que culminaron con una oferta electoral compuesta por tres candidatos que carecen de antecedentes como gobernantes ni como dirigentes políticos.

No son políticos. No tienen en su haber la experiencia de la gestión pública. No han sido candidatos. No han sido representantes de ciudadanos. Son personas muy respetables, pero no dan a los ciudadanos una alternativa de gobierno, en el sentido político del término.

Del otro lado, el Frente Amplio no sólo potenció su competencia interna, sino que lo hizo en torno a dos figuras políticas de larga trayectoria y primer orden en el panorama nacional. Así las cosas, los resultados parecen ser bastante obvios.

Pues bien, en ese panorama, la única alternativa opositora que ofrece un candidato político, de trayectoria, con experiencia de larga data, tanto en el plano nacional como departamental, es nuestro partido a través de la figura de Iván Posada.

Edil por dos períodos, candidato a Intendente en 1994, diputado por Montevideo desde hace veinte años. Conocedor de la problemática de nuestra ciudad, pero además con larga experiencia política. Es un dirigente con experiencia de representación y capaz de expresar y defender las aspiraciones ciudadanas.

Por eso, entre los montevideanos que están hartos de cinco gobiernos frenteamplistas, pero que saben que debido a los graves errores de los partidos tradicionales, resulta muy probable que el Frente Amplio vuelva a mantener el gobierno, la cuestión es qué oposición apoyarán para controlar y cambiar la capital.

La cuestión es entre una concertación desorientada y sin peso político propio o un partido joven que se va consolidando en el país y que ofrece una opción firme y enérgica para controlar desde la fuerza que emerge de una opción moderna, nueva y sin desgaste.

Esperemos ser dignos de recibir la confianza para demostrar que no desaprovecharemos la oportunidad.

 

(*) Presidente del Partido Independiente.