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Por Ricardo Puglia

Los gastos de defensa interna y externa son la primera obligación del Presidente, que es la de proteger a la sociedad contra la violencia y la invasión de otros países y sólo puede realizarse por la fuerza policial y militar.

Los gastos en justicia es el segundo deber del Presidente, y consiste en proteger, hasta donde sea posible, a los miembros de la sociedad contra las injusticias y opresiones de cualquier otro componente de ella, o sea el deber de establecer una recta administración de justicia.

Los gastos en obras públicas e instituciones públicas es la tercera obligación del Presidente. Debe establecer y sostener aquellas instituciones y obras públicas que, aun siendo ventajosas en grado a toda la sociedad, son, no obstante, de tal naturaleza que la utilidad nunca podría recompensar su costo a un individuo o a un pequeño número de ellos, no esperándose que estos se aventuren a fundarlas ni a mantenerlas.

Luego de estas tres obligaciones, el Presidente debe concentrarse en facilitar el comercio nacional e internacional del país, fomentar la instrucción del pueblo – educación de la juventud e instruir a las gentes de todas las edades- proporcionando un sistema sano y no deficitario de salud integral.

El Presidente Vázquez ha olvidado estos principios fundamentales y el déficit de su gobierno ascendió a 3,8% del PIB en los 12 meses a enero 2016, o sea, us$ 2.100 millones. Las tres administraciones frentistas –Vázquez, Mujica, Vázquez – han vivido siempre de prestado, sea con viento de cola o viento de frente y los problemas de nuestra sociedad no encuentran solución.

La falta de prudencia en el gasto, “en tiempo de paz”, es una de las principales causas de que se contraigan deudas. No hay en los fondos del gobierno sino lo indispensable para cubrir los gastos ordinarios en época normal. La misma circunstancia que obliga a tomar prestado va acompañada de la posibilidad de realizar fácilmente esa clase de operaciones. Por ello resulta muy importante mantener el “grado inversor” que permite que las instituciones internacionales compren deuda emitida por el Estado y realicen previsiones mínimas a la hora de valuar sus activos financieros.

Para sustentar esta política económica, el genio astorista y colaboradores se han ocupado de mantener los equilibrios macroeconómicos necesarios para seguir por este camino. Sin embargo, han olvidado su slogan de “país productivo” ingresando más de 45.000 nuevos funcionarios públicosimproductivos y gastando los recursos públicos en toda clase de cosas innecesarias como la publicidad estatal, el Spa de Pintado, y el salvataje de empresas públicas y privadas (Alur, Fondes, etc.) que hoy le impiden al MTOP realizar inversiones de mejoramientos de rutas nacionales, nuevos trazados, puentes y el desarrollo de un tráfico de rieles y fluvial tan importante por sus bajos costos operacionales.

Ni hablar de la política monetaria del BCU que para defender la moneda nacional gasta centenas de millones de dólares en pago de intereses de Letras de Regulación Monetaria beneficiando sólo al sector financiero y donde el banco oficial (BROU) asiste a los amigos de turno como la ex Fripur por ejemplo.

El Ministerio de Economía y Finanzas (MEC) es un mero cajero del Estado, olvidó realizar planes económicos, desarrollar el comercio internacional, y fomentar las exportaciones de bienes y servicios que son la única fuente genuina de ingresos en divisas internacionales (dólar y euro).

Ante los cambios globales que vivimos a diario, ni el MEC ni el propio presidente han demostrado tener la capacidad de sintonizar esa onda, adoptarla y proporcionar a los inversores nacionales y extranjeros en activos productivos las bases de confiabilidad y condiciones para que parte de los us$ 8.000 millones que mantienen los uruguayos en el extranjero y los fondos que buscan proyectos de desarrollo para inversión en el mundo se establezcan. Sólo dos tibias leyes, la de inversión y la de las PPP aportan a cuenta gotas algunos cientos de millones de dólares.

Cuatro años más de lo mismo es mucho tiempo si no se comienza a unir a todos los uruguayos en un gran compromiso de trabajo y acción donde todo es posible si se dejen de lado los dogmas y las victimizaciones de la izquierda que tanto afectan el quehacer nacional.

– 1/03/2016

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