moreiraPor la senadora Constanza Moreira

En estos días de campaña he asistido a muchos actos políticos a lo largo y a lo ancho del país. Actos políticos de nuestro espacio, “La Casa Grande” y también actos políticos de todo el Frente Amplio.

Lo que he visto, me ha entusiasmado y mucho. He visto surgir una nueva generación política, una nueva camada de voces y talentos. Con otros estilos, otras actitudes, otros discursos, y sobre todo, con nuevas ideas. La tan mentada renovación parece estar en marcha, contra viento y marea. Van surgiendo esos hijos de la izquierda, como hongos tardíos después de largas lluvias, y van poblando el paisaje de la política con otros gestos. Y allí, uno entiende que de verdad, otra política es posible.

Una buena parte de lo nuevo son las mujeres políticas. Y me voy a referir a las propias, a las que integran nuestras listas, pero seguramente hay otras en todo el territorio nacional, especialmente, en el Frente Amplio. Ah, las mujeres. Hacen discursos y ríen –una cosa rara en el paisaje enfático y de voz subida del viejo lenguaje de la izquierda. Les gusta contar anécdotas, como a viejas contadoras de historias. Tienden a reflexionar en voz calma con su audiencia. Y la gente las escucha, sorprendida.

Puedo hablar de Silvia Rotuno, candidata a Diputada en Florida, profesora de filosofía que se animó a usar un pasaje de Hegel de la “dialéctica del amo y el esclavo”, en un discurso. Dejó a la audiencia encantada, y a unos cuantos con ganas de salir a leer Hegel. ¿Quién se anima a hablar de Hegel en un discurso público?

Puedo hablar de Ana Gabriela Fernández, candidata a Diputada en San José, que recordando a Nelly Goitiño, se animó a decir en un acto, que el FA debe recuperar el canto. Y mientras lo hacía, ella misma parecía que cantaba. La multitud allí reunida, la aplaudió emocionada. Sí, el FA también es la música que entonamos y que nos mantiene juntos por un hilo invisible. El “volverá la alegría a enredarse con tu voz”, el “aprontá tu corazón”, el “a Don José” que cantamos todos mientras Mujca se ponía la banda.

Puedo hablar de Alda Pérez, candidata a diputada por Rocha, una mujer suave y de hablar pausado. Va hilando sus pensamientos despacio, como quien teje o borda. Y al final, uno se encuentra pensando con ella. Y al escucharla, uno se pregunta: ¿cómo sería esta mujer gobernando? Entonces uno se la imagina escuchando los problemas de todos, uno a uno, con la sonrisa tranquila, y ese aire de “todo va a salir bien al final” que recuerda a la madre o al padre, a la palmada en la espalda, a la contención que esperábamos de niños. Que alguien nos dijera: “todo va a salir bien”.

Valeria Rubino, en Canelones, en capaz de despertar al más dormido. Con una cabellera encendida que anuncia un discurso tan encendido como ella, nos habla sin embargo de afectos, de la necesidad de estar juntos, y de aceptarnos diversos, peculiares, contradictorios y complejos. Va hilando la historia de su vida en la política, y uno sabe que está frente a una hija de la izquierda, de todas las izquierdas. Y escuchándola queda claro que al final, lo que vale es el FA y nada más.

Puedo hablar de Lucía Lagos, candidata a Diputada por Montevideo con sólo veinticuatro años. Es alta, larga y parece tímida. Pero cuando habla, habla de las cosas que convocan a los jóvenes indignados del mundo, como el bien público frente al interés privado. Y recuerda que hay otra política que no es la de “los poderosos”.

Puedo hablar de Macarena Gelman, claro. Todos hemos escuchado a Macarena. Puedo hablar de Miriam Da Rosa en Artigas, de Ivonne Lima en Cerro Largo, y de tantas otras que dejaré para próximas columnas.

Pero también he visto a los más jóvenes, a los veinteañeros, desarrollar su voz propia. Empezaron con el No a la Baja, primero tímidamente, a partir de los eslóganes y consignas: “Ni un voto a la baja”, “Ser Joven no es Delito”. Pero han avanzado mucho más: ya no es solamente el No al plebiscito, sino el no a las razias, el no a la violencia contra los jóvenes, y también el No a la Violencia entre los jóvenes. También hablan del Sí. El sí a la convivencia de los unos y los otros, sin controlar a nadie, sin violentar a nadie, el sí a existir, ser escuchados y respetados por una sociedad como la nuestra adultocéntrica, gerontocrática, y poco amiga de los jóvenes desde hace ya tantas décadas.

¿Qué decir de los treintañeros? Los he visto ser el “músculo” de campañas enteras. Sin ir más lejos, de la mía propia. Están detrás de las cámaras, del armado de las listas, de la publicidad, de las redes, del encendido de todos los motores que hacen andar al Frente Amplio. Hoy son los impulsores de la campaña del FA “Poné tercera”, que es la mejor continuación de lo que fue el banderazo en el 2009, el impulso que faltaba para despertar entusiasmos, alegría, movilización de los miles y miles que hacen al FA.

Pero no los queremos solo por el músculo. Los queremos adelante. Más guiadores que guiados, más dirigentes que dirigidos, más voz que oídos, más emisores que receptores. Queremos que los treinta y pico tomen el cielo por asalto.

He visto a los cuarenta y pico, y a los cincuenta y pico que, como yo, ya van empezando a ser “cabeza de lista”, como se dice, y candidatos y candidatas a los gobiernos departamentales en todo el país. Ellos sí están hoy en la primera línea de fuego. Conducirán el mundo. Son los hijos de la izquierda. Creados en la generación del silencio, hijos silenciados de la generación heroica y fundacional del FA, dedicados durante mucho tiempo a otras formas de lo colectivo, y que recién están levantando cabeza. Ya era tiempo.

Se les nota, cuando hablan, las ganas de ser distintos. Hacen chistes. Alguno se anima, y hace un “stand up”, otros son poéticos y avasallantes. Los escuché ayer, en un acto en el Club Lagomar, y disfruté muchísimo. De Mariano y su poesía emocionada. De Yamandú, y su sentido del humor, arrancando carcajadas de la gente. Y como no falta en estos días, también escuché una banda, desconocida para mí, “Caníbal Pop”, que me hizo recordar lo increíblemente creativa que es la música en este país.

Vuelvo con buenas nuevas, a contarles lo que he visto andando por el paisito. Surge una nueva “clase” política. Son mujeres, son jóvenes; son “los hijos de la izquierda”. Son las generaciones que traen un nuevo sentido de la izquierda. Sienten la política como vocación y destino, y sólo hay que abrirles la puerta, y mostrarles la pequeña escalera que lleva a cada estrado para que brillen desde allí, con su propia luz.

He visto también a sus padres, que los miran arrobados, desde los asientos del fondo. Y a sus mentores. Y a muchos viejos fundadores de la izquierda que orgullosos, les pasan la antorcha de sus sueños.

Esta columna es un homenaje a los hijos e hijas de la izquierda, generación a la que pertenezco. Y es una invitación a que sigan ocupando el territorio de los nuevos sueños, de la nueva política, del nuevo mundo que será posible por sus actos. Y es también un homenaje a nuestros padres, que lo hicieron posible, y de quienes tomamos esa antorcha, ese deber, y esa oportunidad de ser, también nosotros, políticamente felices.

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