“Los mil y un relatos”, por Danilo Arbilla

Cuando supe del libro “La historia vivida” del expresidente Luis Alberto Lacalle Herrera me dije: no lo voy a comprar.
Sin dudas el autor es un calificado observador y protagonista de primera línea en los últimos 60 años. Muy pocos como él y el expresidente Julio Ma. Sanguinetti, tienen la autoridad para hablar y relatar lo que pasó en este país.
El problema es que hay mil y un relatos, y el tiempo es escaso y hay tanto para leer. Que se ocupen los futuros historiadores no militantes de desentrañar esta historia y lograr un relato lo más veraz posible que acabe con las dos historias oficiales: la de la dictadura primero y la de la izquierda después. Es preciso, para poner el ejemplo más flagrante, desvirtuar verdades asumidas como la de que los Tupamaros se levantaron en armas contra una dictadura, sino que lo hicieron, con mucha comodidad a partir de 1963 y contra una de las mayores democracias existentes en el mundo, incluso con un Poder Ejecutivo de nueve miembros, tres de ellos de la minoría.
La visión y los relatos de los dos expresidentes, aunque puedan estar un poco teñidos son un aporte para la búsqueda del necesario equilibro.
Días después del lanzamiento, Lacalle, entrevistado por Pablo Fernández de El País, dijo cosas casi nunca dichas, sobre hechos olvidados, que pueden ayudar a remover mucho y a ubicar mejor. Dijo por ejemplo “no sabemos exactamente qué paso en el Club Naval”. Y es exactamente así, lo que ha dado pie a varios y diferentes relatos. Cada cual con su cuento, mientras muy poco se habla de la lucha interna militar -los dueños de la pelota en esos momentos- que derivo a extremos como lo fue la muerte de Vladimir Roslik, aún no aclarado como fue y muy especialmente de por qué fue. Lamentablemente, el general Hugo Medina, a quien le quisieron cargar con el fardo, no le hizo caso a Lacalle que le planteó la necesidad de que escribiera y contara sobre el Club Naval para que se supiera exactamente lo que paso. Medina podía contar sobre muchas cosas; no las escribió, pero algunas contó.

También se refiere Lacalle a aquellos tiempos en que se hablaba de “blancos baratos” y especula con que podría haber sido diferente si en 1972 la gran mayoría blanca (Wilson) hubiera tenido una “buena comprensión” del momento. Y no apunta mal, es muy posible sí, que no hubiera sido lo mismo si la gobernabilidad se hubiera adelantado 13 años. Wilson hubiera sido presidente, quizás. Pero vaya uno a saber.

Cita Lacalle a Dardo Ortiz y afirma que fue el único que la tenía clara en 1985 cuando planteó “vamos a hacer una amnistía para todos y terminamos con esto”. Es así, pero no fue el único, también el pachequismo planteó que la amnistía fuera general. “Había que haberlos metido a todos en la misma bolsa y además iban a terminar haciéndose amigos”, me dijo tiempo después el expresidente Pacheco Areco, en una entrevista en la que se extendió sobre los criterios que él seguía con los militares y que aplicó tanto cuando les encargó de la lucha antisubversiva como cuando se inclinó por el Si. Los militares no lo querían y le temían y por algo lo mantuvieron afuera como embajador en España, Suiza y EEUU. Hecho un bacán, cosa que a Pacheco no le disgustaba nada.
Y hay más cosas. Me despertó la curiosidad y el apetito. Voy a comprar el libro. Lo leeré y después les cuento.