“Malos Europeos, peores americanos”, por Ricardo Garzón

Desespera al Frente Amplio la creciente popularidad, unánime en las encuestas de opinión, del gobierno de Lacalle Pou a nivel nacional e internacional. Su gestión ha merecido creciente aceptación ciudadana, en un momento particularmente difícil para la humanidad.
La pandemia que sigue afectando a los cinco continentes con centenares de millones de muertos constituyó la verdadera prueba de fuego que debió enfrentar su gobierno.
Salió airoso cuando se jugó por dejar en manos del pueblo resguardarse en sus viviendas bajo el principio de libertad responsable, y protegió masivamente al ciudadano abriendo sin perder tiempo la sombrilla de la vacunación en todo el territorio nacional. El mundo entero reconoció y reconoce al Uruguay. Sobran las vacunas, y ya se encara la aplicación universal de la tercera dosis de las más efectivas.
Sin embargo, no todo resultó exitoso. “Los malos europeos y peores americanos”, definidos acertadamente por Artigas, hicieron y hacen lo suyo. Mal presentados y aludidos como “oposición”, -en rigor malos perdedores en las urnas-, profundizan a sabiendas la grieta que nos divide cada vez más, y se oponen a todo y a todos.

Conchabados, pretenden introducir el país en una espiral de desaciertos en lo que todo está mal. No ayudan, conspiran, confabulan, maquinan, y están a punto de desatar un conflicto gremial generalizado como arma letal de destrucción masiva. Se trata de llevar el país al caos. Una vez más en la historia de nuestros sucesos, la cuestión vuelve a ser entre la libertad y el despotismo.

Bien sabe el doctor Lacalle que nada de lo que haga o pretenda hacer va a contar con el apoyo frenteamplista, sin perjuicio de reconocer que la corrupción y el despilfarro se han adueñado del sistema político, tanto a nivel gubernamental como legislativo.
En un par de años se desprendió Lacalle Pou de tres ministros, y lo tiene en jaque la sospecha de falta de rectitud acusada por un secretario de Estado en curso de investigación legislativa, a todas luces desprolijo en su gestión.
Ha dicho la senadora Graciela Bianchi que los paros en UPM y en el Puerto son mucho más que paros políticos. “Son golpes a áreas estratégicas que afectan la producción y el comercio internacional. El PIT CNT y su brazo político, el Frente Amplio, manejados por autócratas, vienen por todo. No quieren ni república ni democracia”.
Esto es gravísimo. Lobos con piel de oveja, de traje y corbata, -aunque algunos parezcan legisladores en situación de calle-, han definido al gobierno como una coalición de derecha con componentes de ultraderecha y elementos fascistizantes que representa los intereses del gran capital.
Pretenden cambiar la institucionalidad del país, reformar la Constitución, construir poder popular, democracia participativa y participación en los barrios.
El mandato de la Historia deriva en la aplicación sin cortapisa de la sentencia artiguista: “es muy veleidosa la probidad de los hombres; solo el freno de la Constitución puede afirmarla”.
La Ley Fundamental, bastante ajada y toqueteada, no debe manosearse más. Le va la vida al gobierno y al país. Y eso lo sabemos todos.
Por cierto, que no se precisa estar en los zapatos del señor Presidente.