mieresPor Pablo Mieres

A toda máquina, sin discusiones, en algún caso sin siquiera pasar por el análisis en la correspondiente Comisión Parlamentaria, la mayoría absoluta del partido de gobierno llevó adelante una especie de masiva votación de proyectos de ley, como si el mundo se fuera a terminar el 31 de diciembre o como si el Frente Amplio ya no tuviera mayoría parlamentaria en la próxima legislatura.

Cuesta entender tanta falta de análisis, tanta falta de profundidad en la elaboración de normas y en su ultra rápida aprobación.

En efecto, días atrás el Senado votó en una sola jornada con los votos del partido de gobierno, dos proyectos de ley que poseen evidentes inconstitucionalidades, reconocidas y señaladas por una gran mayoría de los especialistas en la materia. En efecto, aprobaron la ley de medios y una repentina iniciativa (plagada de errores técnicos y políticos) proveniente del Ministerio de Economía para mal resolver el conflicto con el Poder Judicial.

El lunes siguiente la Cámara de Representantes trató estos mismos dos proyectos y, por si no fuera suficiente agregó para el menú nada menos que la Ley Orgánica Policial y el Código Penal. Pavadita de asuntos.

Todo a contrarreloj, todo sin mayor cautela ni preocupación, todo sin reparar en la búsqueda de acuerdos amplios. Todo a las corridas. No se sabe por qué.

Pues bien. Veamos el saldo de semejante impulso.

En primer lugar, la ley de medios, ahora ya aprobada por el Parlamento, será reglamentada en el próximo período, pero su contenido posee varias inconstitucionalidades notorias, unas sobre la afectación de la libertad de expresión y otras sobre las mayorías requeridas para aprobar leyes con contenido electoral. En los próximos meses estaremos presentando ante la Suprema Corte de Justicia la correspondiente acción de inconstitucionalidad referida al capítulo sobre publicidad electoral gratuita.

En segundo término, el proyecto de ley que buscaba resolver el conflicto judicial, no sólo terminó agravándolo por cuanto la respuesta fue notoriamente insuficiente, sino que generó una reacción indignada de todo el sistema judicial, por cuanto incluyó novedades que pueden afectar grave e indebidamente, la capacidad presupuestaria del Poder Judicial al cargarle el costo de eventuales indemnizaciones de sentencias adversas. Además de la evidente inconstitucionalidad consistente en incluir en la norma disposiciones correspondientes a la materia presupuestal, lo que la Constitución prohíbe.

Tercero, el proyecto de Código Penal, repentinamente enviado al Plenario como resultado de un oscuro acuerdo entre el partido de gobierno y el Partido Nacional para eliminar por la vía de los hechos una norma penal dirigida a controlar los desbordes y abusos de poder de los políticos. Después de años de trabajo y sin haber culminado el estudio, de un día para el otro se lleva al Plenario para su aprobación inmediata.

Afortunadamente encontró la resistencia de un numeroso grupo de organizaciones sociales además de voces de la academia que señalaron importantes errores y la inclusión de concepciones discriminatorias y, en muchos casos, anacrónicas.

Estamos hablando nada menos que de un nuevo Código Penal, pero poco importa cuando se genera el impulso avasallante de aprobar una andanada de normas, se suspendió su tratamiento en comisión y allá marchó para una supuesta aprobación “express”.

En este caso, el tema quedó en suspenso debido a la fuerte oposición de estas organizaciones sociales y de una parte de los especialistas. Esperamos que prime la sensatez y que esta iniciativa quede postergada para su discusión en la próxima Legislatura.

En cuarto término, la nueva Ley Orgánica Policial, sin discusión en Comisión, se aprobó sin chistar haciendo uso de la mayoría absoluta tan mentada. Nadie sabe muy bien qué se aprobó y cómo cambiará la normativa que regula al instituto policial. No importa.

En fin, si esta es la sinopsis de lo que pasará en la nueva Legislatura, seguramente las críticas y cuestionamientos que hemos señalado a lo largo de toda la campaña electoral serán reiteradas y aumentadas con total convicción y firmeza.

Si el Frente Amplio asume la renovación de su mayoría absoluta parlamentaria como una suerte de licencia para hacer lo que se quiera, tendremos importantes conflictos porque no estamos dispuestos a dejar pasar los abusos de poder en silencio.

Tenemos la percepción de que esta hemorragia de iniciativas legislativas es el resultado de pequeños intercambios de apoyo como resultado de diferencias internas dentro del partido de gobierno. Es decir que un sector promueve la iniciativa “a” y otro no está de acuerdo pero como quiere que se apruebe la iniciativa “b” intercambian apoyos y terminan votando todas las iniciativas, con el efecto lamentable de votar leyes con graves inconsistencias y, en algunos casos, con notorias inconstitucionalidades.

Las diferencias internas en el partido de gobierno son inocultables y tienden a expandirse, pero esa mayoría absoluta de un voto, parece hacerlos sentirse obligados a votar todo junto obviando las evidentes diferencias.

El que pierde es el país.

Obviamente la mayoría absoluta parlamentaria alcanzada nuevamente por el Frente Amplio es legítima. Pero el partido de gobierno debería tomar nota de que es resultado, nuevamente, de los procedimientos de asignación de bancas por restos y no de que la mayoría de los votantes le hayan apoyado. En efecto, el Frente Amplio no obtuvo la mitad más uno de los votos, sin embargo estuvo cerca como para obtener la mitad más uno de los cargos en cada Cámara legislativa.

La gran interrogante consiste en saber cómo va a interpretar el Frente Amplio este nuevo mandato. Si la referencia es la forma en que se ha actuado en estas semanas de noviembre y diciembre, la cosa será muy complicada. Significa que la soberbia y la omnipotencia se han reafirmado, lo que llevará a difíciles instancias de debate y conflicto.

Queda, sin embargo, por saber si al comenzar el nuevo periodo de gobierno y ponerse en funcionamiento la nueva Legislatura, existirán márgenes de diálogo y de búsqueda de acuerdos más amplios.

El final de este año no es precisamente un buen indicio.

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