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Por el Cr. Ricardo Puglia

El fanatismo religioso que profesa el Frente Amplio (FA) contagia a sus más fervientes fieles quienes aceptan turbados la suba de los impuestos para financiar el escandaloso déficit fiscal que venimos heredando de Vázquez-Mujica-Vázquez, estimándose para 2016 en 4.1% del PIB.

El 29 de junio, o sea, un mes y algo después del tercer ajuste fiscal 2016, cuando la cosa esté fría, la orden de los frailes del Pit-Cnt realizará un paro general. Tarde piaste. El pescado está vendido.

Lo que el Uruguay requiere no es una suba de impuestos. La misma se establece a raíz del riesgo de perder el grado inversor, lo que significaría dificultades para colocar emisiones futuras de deuda pública y maquillar el déficit fiscal procurando hacer creer a las calificadoras de riesgo que: “Vamos Bien!.

Uruguay enfrenta desde la baja de los precios internacionales de nuestros commodities de exportación una crisis económica producto de haber mantenido y no modificado la estructura de nuestras exportaciones, y de un endeudamiento asombroso en procura de financiar el déficit fiscal provocado por los papas, obispos y sacerdotes. Seguimos como hace más de un siglo. Exportamos carne, lana, cueros, granos, etc., sujetos a las oscilaciones de precios de los grandes mercados y cuando intentamos exportar derivados de la vaca (lácteos) elegimos mal a los compradores.

Nada cambió con el FA, excepto que los habitantes de este país cuentan con todos los derechos que hombres, mujeres, niños que se les pueda ocurrir y profusas organizaciones defensoras de los mismos financiadas por el Estado Socialista al que hemos sido sometidos.

Lo primero, ante esta herencia vazquista-mujiquista de siderales déficits fiscales y pésima gestión de las finanzas del Estado y la complicidad del actual ministro de economía, debió haber sido el descenso del gasto público en al menos us$ 1.500 millones a través del recorte en cada oficina estatal y la creación de un seguro de paro estatal por la baja generalizada de la actividad económica, sea, de servicios, industrial, comercial, de producción primaria, etc. Hay 40.000 nuevos empleados en el Estado que no los precisamos.

Lo segundo, la creación de un plan productivo intentando diversificar el combo estructural de nuestras exportaciones facilitando la creación de valor agregado a nuestra producción de insumos nacionales y el estudio de las importaciones actuales para determinar la conveniencia o no de continuar o de crear condiciones alternativas de producción nacional. Siempre encontraremos en el mundo un lugar en que cualquier producto sea más barato que en Uruguay, los 2.500 uniformes importados desde China por el Ministerio del Interior son un ejemplo a no seguir.

No es condición suficiente tener una ley de inversiones que otorga beneficios fiscales a quien cumpla con sus requisitos a expensas del no pago de impuestos que se recaudarán por otro lado.

Las concesiones de obras públicas en infraestructura vial, ferrocarriles, navegación marítima y fluvial, etc., no cuentan para los marxistas.

Hay que salir al mundo con agendas establecidas buscando inversores reales, de gran porte pero previo, se deberá reconocer y comenzar a trabajar en el Uruguay de 2016 que está viviendo una crisis Económica, una crisis de Educación, una crisis de Salud, una crisis de Seguridad y una crisis de Valores Éticos y Morales como nunca en su corta historia ha vivido.

Dificulto que los hombres y mujeres que nos gobiernan tengan la capacidad intelectual y biológica para enfrentar estas crisis solos y que por su arrogancia y autismo no pedirán la ayuda patriótica que los demás partidos les han ofrecido en una y mil oportunidades a cambio de nada.

De continuar por este camino, o sea, primer ajuste en enero con las tarifas públicas, segundo ajuste con la mini reforma tributaria incorporada en ley de presupuesto y el tercero ahora en la próxima rendición de cuentas nos está dejando muy claro que estos ajustes continuarán a través de sendos impuestos, nuevos o aumentos de los existentes en los próximos periodos mientras esta religión nos gobierne.

 

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