“Ni un carrizo”, por Danilo Arbilla

Sorprendió a todos un Maduro tan refinado: “váyanse al ‘carrizo‘”, le dijo a los europeos. Menos ordinario que en otros casos, sin duda. Quizás quiso ser irónico pues aclaró que no lo decía con “todas las letras” porque estaban en horario de protección al menor.
¿Y cuándo comenzará el horario para que los venezolanos sean protegidos de la dictadura? Parece que por ahora no hay nada. Maduro, a través el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), acaba de nombrar el nuevo Consejo Nacional Electoral; con toda gente suya lógico, por aquello que decía un ministro somocista “ustedes voten como quieran, pero al final los votos los cuento yo”. Maduro, por cualquier eventualidad intervino a los Partidos opositores Acción Democrática y Primero Justicia y puso al frente a unos “tránsfugas” elegidos por el TSJ. Aseguró que hará elecciones y a los europeos les dijo que no se metan en Venezuela, y unas cosas más y les reiteró lo del “carrizo”.
El hecho es que ante estas decisiones de la dictadura – que no deberían sorprender a nadie- el Grupo Internacional de Contacto (GIC), que integran siete estados europeos y cuatro de América Latina, reaccionó. No tenía otra y rechazó la forma de “renovación” del CNE, que viola la Constitución y “socava la credibilidad tanto del CNE como del próximo proceso electoral”. Dijo el Grupo que ello “reduce aún más las garantías” para un legítimo proceso de retorno “a la plena vigencia de las instituciones democráticas en Venezuela”.
La firme declaración – que tanto agravió a Maduro, que casi dice una mala palabra- disimula la actuación de este grupo “pro diálogo” que parecía ignorar todos los antecedentes en la materia. Puede que haya cosas raras: por ejemplo, en Italia, uno de los pocos países europeos que no reconoció a Guaidó, se investigan algunas “financiaciones” y “ayudas” provenientes del chavismo.
Sorprendió también la posición del nuevo gobierno uruguayo de continuar, respecto a Venezuela, con la línea del gobierno de izquierda anterior, muy ligado a la dictadura chavista, que promovió el Grupo Montevideo y el GIC.
“Esa es mi idea” dijo la semana pasada el Canciller uruguayo Ernesto Talvi, quien defendió la vía del diálogo y la actuación de los GM y GIC, y dijo que estaba en conversaciones con Canadá, México y España e informó que en los últimos días había hablado con el canciller venezolano Jorge Arreaza.
Es todo aún muy confuso: el presidente Luis Lacalle preside un gobierno apoyado por una alianza de cinco partidos – incluido el Colorado que integra Talvi-, todos los cuales hicieron campaña electoral fustigando la política exterior del Frente Amplio y de Tabaré Vázquez y en especial la relación con Venezuela a la que calificaban de dictadura. Incluso Lacalle Pou no invito a Maduro a su asunción de mando porque se trataba de un dictador. Y si bien ahora se reiteró que el presidente entiende que en Venezuela hay una dictadura, no ha habido una resolución o declaración expresa de apoyo o de desautorización al Canciller. Este, además, anunció que por decisión personal dejará la Cancillería, pero nadie sabe cuándo.
El que sí desautorizó a Talvi fue Maduro. Los dejó muy mal parados a él y a los defensores del diálogo.
En los pasillos de la OEA, en Washington, se hablaba de “malestar” en países del Grupo de Lima. La secretaría general, en tanto, mantuvo silencio y un funcionario se limitó a resaltar que Uruguay fue de los firmantes de la declaración del GIC.
Para el Secretario General, el uruguayo Luis Almagro, no puede haber diálogo; en un coloquio público indicó la importancia de que la comunidad internacional pueda “rodear al régimen” y obligarlo a que se rinda. Concretamente sobre “los procesos de diálogo que se han intentado en Venezuela dijo que él ya estuvo en estas instancias y sabe de la manipulación que existe por parte del sector del Presidente Maduro”; añadió que él “trató de explicárselo a todos los que han intentado participar en otros diálogos”.
Se ve que con sus compatriotas Lacalle Pou y Talvi no habló; o no los convenció.

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