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Pablo Mieres

En oportunidad del debate en el Senado sobre la Rendición de Cuentas, la discusión se reorientó hacia un cuestionamiento de parte de la bancada del Frente Amplio sobre los riesgos de afectar y debilitar la estabilidad institucional de nuestro sistema político. En el mismo sentido, varios senadores del partido de gobierno interpretaron una frase del Senador Luis A. Heber que, en medio de un discurso intenso, señaló: “Hay que ayudarlos a que terminen”, como si ello fuera una suerte de convocatoria a promover acciones cuestionadoras de la continuidad del gobierno antes de la finalización de su mandato constitucional.

El Senador Heber tuvo que aclarar que no estaba pensando en otra cosa que en la decisión electoral ciudadana en las próximas elecciones de 2019.

Sin embargo, unos días después, la Senadora Mónica Xavier en declaraciones al programa “Quién es Quién” volvió a insistir sobre los riesgos institucionales de los cuestionamientos al gobierno y señaló directamente que “Lo de Brasil no debe pasar en Uruguay, poder puede y las cosas son hasta que dejan de serlo. La democracia no es un maná del cielo (…) se cultiva todos los días”. Acto seguido cuestionó el tono de la interpelación al Ministro de Economía, Danilo Astori, señalando que “se socavó un bien de todos los uruguayos como es la confianza”. Como si la confianza en el país se identificara con el apoyo a la política económica del gobierno.

No podemos sino expresar una enorme sorpresa sobre estas reacciones de los legisladores del  Frente Amplio. No debe haber un solo dirigente de los partidos de oposición que esté pensando o evaluando la eventualidad de semejante circunstancia en nuestro país. Y si lo hubiera, sería una postura totalmente enajenadacon respecto a la realidad política de nuestro país.

Pero tampoco entre los ciudadanos existe un estado de opinión de tal naturaleza. Sí hay una notoria reducción del respaldo a la gestión del gobierno y también hay una sustancial disminución del porcentaje de intención de voto al Frente Amplio. Hay que recordar que hace cinco años, a la misma altura del ciclo electoral, la intención de voto al Frente Amplio se ubicaba promedialmente en el 42% mientras que ahora está en el entorno del 30%. Pero no existe en el estado de ánimo de la ciudadanía ninguna situación de cuestionamiento institucional.

Entonces, ¿por qué ocurren estas reacciones tan distantes de la realidad? En primer lugar, porque es muy frecuente que la situación de ejercicio del poder produzca distancia y genere un microclima peculiar que los aleja del mundo real.

Pero la explicación más razonable es que no están acostumbrados a situaciones de notoria debilidad. No están acostumbrados a quedar mal parados y a sentirse en una verdadera situación de riesgo en el respaldo ciudadano. La sucesión de hechos y situaciones cuestionables como el desastre de ANCAP, el patético episodio del título del Vicepresidente, los fracasos del FONDES, la interrogante sobre los negocios con Venezuela y la difícil situación de nuestra economía acompañada de un ajuste fiscal que, les guste o no les guste, pegará en los bolsillos de los trabajadores, pequeños empresarios, trabajadores independientes y jubilados de este país, van construyendo un escenario de incertidumbre sobre el resultado electoral de las próximas elecciones.

La ausencia de una impostergable reforma educativa, los escasos resultados en materia de seguridad, el impactante retraso en la inversión en infraestructura en materia de caminería se suman para aumentar la sensación de un gobierno con poca agenda que, por la vía de los hechos, ha favorecido el adelantamiento del debate electoral.

Por si fuera poco, la declinación de los gobiernos de izquierda en la región y su sustitución por otras alternativas, aumentan la sensación de peligro para los dirigentes del Frente Amplio.

Sin embargo, lo que realmente explica esta repentina paranoia progresista es la falta de costumbre con respecto a un cuestionamiento profundo y fundamentado frente al desgaste de esta década frenteamplista. El Frente Amplio no está acostumbrado a una confrontación democrática fuerte en crítica a su gestión de gobierno.

Entonces, cuando el gobierno queda en falsa escuadra, su línea de defensa es “no golpeen porque afectan al sistema democrático” como si el gobierno del Frente Amplio fuera equivalente a una condición inexorable del funcionamiento democrático. Por el contrario, la democracia es pluralismo, alternativas diversas y posibilidad de alternancia en el ejercicio del gobierno.

No hay en el horizonte ningún riesgo institucional, lo que sí hay es una coyuntura de fuerte desgaste de la experiencia del Frente Amplio en el gobierno y eso parece ser irreversible. Los legisladores del partido de gobierno deberán acostumbrarse a entender que un debate fuerte e intenso cuestionando la gestión de gobierno no significa ninguna afectación institucional, por el contrario es una señal de salud del sistema democrático.

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