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Por Pablo Mieres

A la hora de escribir estas líneas todavía no se ha hecho público el anuncio del gobierno sobre sus pautas para la rendición de cuentas. Sin embargo, todos los rumores e, incluso, declaraciones de representantes del partido de gobierno, indican que habrá un aumento de la carga impositiva, fundamentalmente centrada en incrementos del Impuesto a la Renta de las Personas Físicas.

No hablaremos de sus contenidos sin tener en la mano la propuesta concreta del gobierno. Sin embargo, se pueden decir unas cuantas cosas sobre los hechos y las decisiones de los sucesivos gobiernos del Frente Amplio que han llevado al país a esta situación.

En efecto, en primer lugar debemos decir que durante la reciente campaña electoral de 2014, el partido de gobierno afirmó, no una sino cien veces, que no aumentaría la carga tributaria durante el próximo gobierno. Es más, el propio presidente Vázquez anunció incluso que habría reducción de la carga impositiva.

Nos mintieron a todos “a cara de perro”. Sabían muy bien cuál era la situación de las cuentas públicas y cómo venía evolucionando la situación de los precios internacionales de nuestros productos, así como la crisis de la región. Sabían muy bien que el déficit fiscal alcanzaría en 2014 precisamente un máximo histórico vergonzoso. Sabían que hubo un despilfarro de recursos públicos con pocos antecedentes en el pasado reciente.

Sin embargo, esta semana, apenas un año y medio después de haber jurado y perjurado que no habría aumento tributario, todo indica que se descolgarán con un nuevo ajuste fiscal. Esta vez sin disfraz alguno, porque ajuste fiscal ya hubo a comienzos de este mismo año mediante el aumento de las tarifas públicas.

No hay cosa que desgaste más a la política y a los gobiernos que le mientan descaradamente a los ciudadanos y, particularmente, que esas mentiras tengan como resultado un impacto en los bolsillos de los ciudadanos de este país.

Porque el problema es lo que se hizo y lo que no se hizo en la época de las “vacas gordas”. Cuando había que ahorrar para los tiempos difíciles no se hizo otra cosa que gastar y gastar como pocas veces en la historia de este país. Hoy no hay ahorros y el déficit fiscal es insostenible por lo que se corre el riesgo de perder el grado inversor. Podría haber sido distinto si el Frente Amplio hubiera actuado de otra forma en estos últimos años.

Algunos ejemplos rompen los ojos. Cuando comenzó el gobierno de Mujica (el máximo responsable de todo el desastre, con el silencio cómplice de los que dicen ser los cracks de la economía) se proyectó que al finalizar el período, el déficit fiscal estaría en el 0.8% del PBI. Pues bien, al finalizar el período el déficit fiscal se multiplicó por cuatro veces y media con respecto a lo prometido, alcanzando el 3.6% de un PBI mucho mayor del esperado. ¡Si se habrá gastado y despilfarrado en estos años!

¿Para qué? ¿Para hacer los cambios estructurales que el país necesitaba? NO. Ni la educación, ni la seguridad, ni la infraestructura, ni la red vial, ni los famosos “paquetitos” prometidos se concretaron. Nada.

Lo que sí se hizo fue fundir ANCAP, llevar adelante obras inútiles como el ANTEL ARENA, multiplicar los ingresos de funcionarios públicos al Estado, aumentar los gastos en consultorías, en horas extra y no avanzar un centímetro en el control y evaluación de la gestión pública.

Basta mencionar que los U$ 500 millones que ahora el gobierno reclama como una reducción del déficit imprescindible son menos que los U$ 622 millones que tuvo que aplicar para el salvataje de ANCAP apenas seis meses atrás. Justamente para salvar a una empresa que insólitamente estaba en situación de insolvencia patrimonial cuando debería dar ganancias y aportar a las cuentas del Estado.

Estamos en el horno. Hay una responsabilidad fantástica de un gobierno que tuvo en sus manos la mejor época de la historia del país y la malgastó de una manera poco creíble.

Es más, ni siquiera reaccionó con seriedad el año pasado, cuando presentó su propuesta presupuestal fundada en proyecciones de crecimiento ridículas que el tiempo se encargó de confirmar. El gobierno proyectó un presupuesto sobre la base de que nuestro país crecería el 2.5% en 2015 y 2% en 2016; de nada valió que se le advirtiera que no sería así y que los pronósticos eran muy optimistas. La soberbia de todos estos años siguió predominando sobre la sensatez y el realismo.

Los “hechos son porfiados” solía decir el Gral. Seregni y esos hechos confirmaron lo que se les advirtió. El PBI creció apenas el 1% en 2015 y todo indica que en 2016 estará por debajo del 1%.

Ahora viene el “mazazo tributario” y todo lo que siempre dijeron que no harían, lo harán con la más hipócrita “cara de poker”. El pueblo, que es quien nuevamente pagará la cuenta, seguramente tomará nota de este engaño.

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