“Piel de oveja”, por Ricardo Garzón

Lo que faltaba. Cuando agosto despierta con la decisión sindical de convertir el mes más frío del año en el más caliente, el Dr. Luis Alberto Lacalle sacude el riguroso invierno prometiendo en el senado aportar ideas revolucionarias para la reforma del estado. (Enfoques, 3 de agosto de 2010)
No le bastó al citado expresidente haber tenido durante su mandato la posibilidad de acometer esta reforma. Tampoco cuando integró el gobierno de coalición, con mayorías absolutas, que en su tiempo aparejaron decisiones que gravaron de un plumazo los sueldos y pasividades de la gente. Exhibición impúdica y pornográfica, éstas, del despilfarro generalizado y creciente en todos los gobiernos, elencos legislativos nacionales y departamentales, entes autónomos, servicios descentralizados y sistema político uruguayo, en general y en particular, durante todo el siglo XX y lo que va del XXI.
No fue un invento del Frente Amplio el impuesto a los sueldos, dado que las mayorías absolutas que castigaron a los trabajadores se consiguieron en las cámaras, en un abrir y cerrar de ojos, de la mañana para la tarde, con manos levantadas y enyesadas de los legisladores del Partido Colorado y del Partido Nacional.
Probablemente Lacalle Herrera, en su tiempo, haya querido ponerse a tono con las declaraciones de su compañero de fórmula, el senador Larrañaga, que sorprendió a la ciudadanía señalando que su sector estaba dispuesto a votar el proyecto de ley para gravar con Impuesto a la Renta de las Personas Físicas los depósitos que los uruguayos tienen en el extranjero, y además declaró que también apoyaría la flexibilización del secreto bancario si el oficialismo aceptaba hacerle algunos retoques a la iniciativa.
En nuestros tiempos, con todo el sistema político enardecido y sospechado de actos de corrupción, tirios y troyanos se disputan el trofeo: 135 artículos de una ignota ley de urgente consideración, marginal y lejana a la desinteresada comprensión ciudadana. Sin embargo, lo que ocurra con la LUC es indicio válido para anticipar tendencia, y con buen margen de posibilidades calibrar quién será el próximo presidente de la república. Mejor dicho, qué partido político asumirá el poder el 1 de marzo de 2025.
Impuestos afortunadamente congelados por el equipo económico a instancias del Presidente de la República, no frenan el desborde tarifario de las cuentas de los servicios del Estado. El derroche de los dineros públicos es terrible, así como los excesos diarios en el gasto de la plata de la gente.
Millones de dólares de la ciudadanía, recaudados por los organismos gubernamentales, sostienen la ofrenda que el sistema político otorga a los medios de comunicación desde tiempo inmemorial y para in sécula seculórum, beneficiando porque sí a decenas de familias propietarias o permisarias de medios, varita mágica todopoderosa que multiplicó y expandió la dádiva oficial al paso de las generaciones.
Promesas vanas de temporalidad en el saqueo, incumplimiento flagrante de lo que se le ofrece al pueblo en campaña electoral, prometiendo a troche y moche cualquier cosa.
Llegamos a nuestro tiempo con un presidente que está siendo bombardeado desde todos los órdenes de la actividad sindical y política, – era de esperar-, y que maniobra como puede las perillas desgastadas de una coalición multicolor vacilante y endeble.
Fuera de ella, una zanja que se ahonda por obra y gracia de un Frente Amplio maquiavélico, dispuesto a todo para volver al poder en las próximas elecciones.
Hoy es la LUC, como también lo fueron, ayer, los referendos para derogar la Ley de Empresas Públicas, la ley de Ancap, y el referéndum sobre la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado.
Vienen con todo y por todo, presidente. Nada les viene bien, salvo llevar el agua a su molino.
La soberbia entronizada en el sistema político todo, no lo ayuda. Al contrario. Es una piedra en el zapato, con funcionarios públicos en pie de guerra, espoleados por la dirigencia sindical con la complacencia declarada del poder político frenteamplista.
Cualquier pretexto sirve, pues, a quienes se han apartado del republicanismo y de la Libertad, siguiendo instrucciones del Foro de San Pablo y Grupo de Puebla, enemigas del sistema democrático republicano de gobierno que se ha dado el Uruguay desde los tiempos de Artigas.
Hoy, estos partidos y grupos políticos de izquierda latinoamericanos van vestidos por el mundo con piel de oveja para lograr sus fines.
Ricardo Garzón