“Pinochos”, por Ricardo Garzón

Engañaron al pueblo, mintieron con alevosía. Prometieron acabar con el despilfarro, no aumentar los impuestos ni crear otros nuevos, reducir a su mínima expresión el uso de la locomoción oficial, y convertir el aeródromo de Melilla en un aeropuerto semejante al Aeroparque de Buenos Aires.
También prometieron que volverían los cisnes a navegar en un recuperado Arroyo Pantanoso que acrecentó su ruina; que la Educación sería profesionalizada, y que serían construidas y entregadas en el período decenas de miles de viviendas.
El reconocido fracaso gubernamental para encarar la reforma educativa suscitó la contrición del presidente Mujica: “en el Frente Amplio nadie me la lleva…”
Renglones adelante, aseguraron que no habría más ajustes fiscales, y que sería absolutamente trasparente la gestión pública. No se acudiría al rescate de las empresas fundidas; se velaría por el cuidado ambiental, y se reduciría el déficit de las empresas del Estado. Nada de esto se hizo. Se alzaron con el gobierno en ancas de la credibilidad popular.
Uniformaron la pobreza; atacaron de todas las formas posibles a la clase media, y fomentaron la holganza y la vagancia en todo el país.
Aviesos, facilitaron desde las sombras la deserción estudiantil y docente, la delincuencia organizada, hicieron vista gorda con el narcotráfico, y alentaron el crecimiento descontrolado de los asentamientos.
El gobierno frenteamplista despilfarró los dineros públicos a su provecho, y castigó a la población con el pago de impuestos leoninos que no tienen consonancia con los sueldos y jubilaciones de centenares de miles de ciudadanos absolutamente sumergidos. El coste de los servicios públicos esconde gravámenes impositivos que han desdibujado su cometido social. Las tarifas de la electricidad, gas, naftas y teléfonos son las más caras de la región, y compiten para alcanzar a ser las más onerosas del mundo.
Desfiguraron el Poder Legislativo, y mediante listas sábanas confeccionadas entre cuatro paredes llenaron el Parlamento de “ineptos, de ineptas y de ineptes”. “Algunos, algunas y algunes” no saben leer ni tampoco escribir.

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