“¡Por fin!”, por Danilo Arbilla

Lo que me enseñaron, desde el inicio, fue que la guerra es la primera gran noticia. Segundas en importancia, las catástrofes aéreas – la caída de aviones-. La peste ocupa un lugar en el podio, sin duda, pero hace 60 años ¿a quién se le ocurría?.
La paz es de segunda. Los medios no dedican la primera plana ni los espacios de apertura de los informativos a dar cuenta que hay paz; que no hay guerra. Lo mismo con los aviones. Si cae el avión por supuesto es noticia y en mi opinión más importante que la propia guerra y más si ésta se da lejos. Caiga donde caiga el avión la opinión pública se siente impactada. Se estremece. Le da escalofríos… Sin embargo, los accidentes aéreos son pocos y estadísticamente mucho mejor posicionados frente a otros medios de transporte. Nadie se ocupa, además, de dar cuenta de cuantos aviones están volando cada día – más de 120 mil- ni informan cuántos fueron los despegues y los aterrizajes diarios – más de 250 mil-.
En nuestro país, empero, se da algo extraño. La no noticia es noticia. Es lo que pasa con el precio del combustible. Uno piensa que la noticia es: subió la nafta, o bajó. Pues, desde hace unos meses se informa que se mantendrá el precio del combustible. Tá. ¿Y qué hacemos?. ¿Llenamos el tanque o no?.
Pero no solo es noticia que no pasa nada, sino que es motivo de debate político y los medios le dedican un buen espacio por tres o cuatro días. Es cierto que aquí todo es político y, para ser más específico, partidaria e ideológicamente político. Hasta lo del Maestro Tabárez se politizó. Un hombre contratado por Pedro Bordaberry, resulta que lo sacan por ser de izquierda. Y es tan simple: basta con sumar los goles en contra y los puntos perdidos. Aritméticamente explicable, como se ve. Tabárez hizo un gran gerenciamiento de “la celeste”, pero notoriamente lo perdió aquello de la “locura” del poder. Le pasa a casi todos.
Y volviendo a la nafta, que no sube, vemos que el Frente ataca y se olvida que Tabaré Vázquez al irse le dejó la brasa ardiendo al gobierno entrante y no aumentó las tarifas; fue cuando también se nos dijo que la pandemia no era un problema para el Uruguay. Pero es parte de la consigna: si es preciso, parar las exportaciones de carne- que eso va bien- desde el puerto o desde los frigoríficos o dejar a los chicos sin clases (y si es posible alentar algunas ocupaciones). Lo que no han podido aún es convencer a los trabajadores de la salud para que nos desamparen: una cosa más que el pueblo uruguayo tiene para agradecer a esos funcionarios.
Por su parte el gobierno explica. Y lo hace con transparencia, cosa que sí es noticia (ver lo del Antel Arena). La “regla” está ahí, y no la esconde. Si lo hace por picardía o demagogia, – mirando el plebiscito- no me parece tan “pícaro”: mejor le iría si aumenta todo lo que tiene que aumentar ahora y comienza a bajar los precios allá por febrero, marzo o abril.
El gobierno explica que como Ancap lleva ganado 98 millones de dólares en lo que va del año, eso de hecho lo destina a subsidiar el precio del combustible, cosa que sí nos beneficia a todos (fletes, boletos, etc.etc.etc.).
Y es al final, entonces, que está la gran noticia. “Nuestra” empresa ANCAP después de tantas décadas de pérdidas, funcionarios privilegiados, empresas deficitarias y tantas otras cosas raras, esta vez da ganancia. Y además el gobierno, aunque sea indirectamente, resuelve repartir dividendos. ¡Por fin!