mieres

 

Pablo Mieres

Hace cinco años el Partido Independiente resolvió votar el Presupuesto Nacional presentado por el gobierno del Frente Amplio de la época. En aquel momento la decisión se fundó en tres argumentos fundamentales.

En primer lugar la evaluación sobre la sustentabilidad financiera del Presupuesto resultaba positiva, entendimos que los incrementos de recursos presupuestales formulados eran financiables y que la prospectiva presentada por el equipo económico resultaba ajustada a las expectativas de crecimiento de la economía uruguaya.

En segundo lugar, la propuesta presupuestal proyectaba una ordenada y gradual reducción del déficit fiscal cuya meta para fines de 2014 se ubicaba en el 0.8% del PBI.

En tercer lugar, las prioridades elegidas en materia de aplicación de los recursos eran compartibles y coincidían con las preocupaciones principales del Partido Independiente: educación, seguridad e inversión en infraestructura.

Sin embargo, nuestra apuesta a respaldar el proyecto presupuestal del gobierno frenteamplista de José Mujica fue totalmente defraudada. El déficit fiscal se desvió fuertemente de lo aprobado en 2010, multiplicándose por cuatro veces y medio, alcanzando a fines de 2014 al 3.5% del PBI. Pavada de diferencia, no?

Y no fue precisamente porque las expectativas de crecimiento de la economía hubieran fallado, por el contrario, el PBI creció a una tasa promedio del 5% anual, de modo que había margen para reducir sustancialmente el déficit y, en lugar de ello, se disparó de manera vergonzosa.

Por su parte, las prioridades señaladas en el Presupuesto no se tradujeron en mejoras en la situación de las áreas temáticas elegidas. Cinco años después, los tres asuntos volvieron a estar en la agenda de la campaña electoral de 2014 como asignaturas pendientes, ahora mucho más deterioradas. Ni la educación, ni la seguridad, ni la infraestructura mejoraron en el quinquenio pasado.

La experiencia vivida aconseja, entonces, ser muy precavido con nuestra definición en este tema.

Justamente, en el caso del Presupuesto 2015-2020, a nuestro juicio, la propuesta carece de sustentabilidad financiera. Las proyecciones sobre las que se apoya la propuesta de asignación de recursos son demasiado optimistas, la economía de acuerdo a nuestras estimaciones que, por otra parte coinciden con la de buena parte de los analistas económicos especializados de este país, se comportará de manera menos expansiva.

Las tasas de crecimiento del PBI que el equipo económico tomó como base de su propuesta son más altas de las que estimamos ocurrirán para los próximos años. Por lo tanto, resulta muy probable que el país deba asumir un incremento importante de su nivel de endeudamiento.

Por otra parte, el compromiso de reducción del déficit fiscal para el final del período es muy poco ambicioso y para el plan de incremento del gasto proyectado, aparece como muy difícil de cumplir. De todos modos, el gobierno estima que al final del período seguiremos teniendo un déficit fiscal elevado que se estima en 2.5% del PBI. Muy poca mejora para un quinquenio en el que, además, las cosas serán mucho menos fáciles para todos.

Además, como si esto fuera poco, el presupuesto crea nuevos cargos de confianza y toma medidas muy cuestionables que contrastan fuertemente con las restricciones económicas que caracterizarán a este período. Tampoco es aceptable que el gobierno plantee la eliminación del tope de las remuneraciones de los asesores de los ministros, elevándola al monto del salario del Presidente de la República. Mientras los docentes y otros funcionarios públicos reclaman aumentos de sueldos bajos, el gobierno hace un equivocado alarde de manejo insensible de los recursos públicos, al incrementar el gasto político superfluo. Insólito.

Parece haber un preocupante proceso de alienación del gobierno con respecto a la realidad concreta de nuestra sociedad.

Por otra parte, ni siquiera queda la posibilidad de aferrarse a una propuesta seria de reforma educativa. Por el contrario, la presentación del Presupuesto confirmó lo que temíamos, no hay otra cosa que la inercia continuista que seguirá golpeando sobre la realidad educativa de nuestros niños y jóvenes.

Así las cosas, el Partido Independiente resolvió por unanimidad rechazar el proyecto de presupuesto de este gobierno.

 

Contenido publicitario