“Por qué votamos a Lacalle Pou”, por Pablo Mieres

Desde que comenzó la campaña electoral sostuvimos que era necesario un cambio.
Señalamos con convicción que el período de los gobiernos del Frente Amplio estaba agotado. La gestión del gobierno saliente demostró que no había capacidad para resolver los principales problemas que el país tiene.
No transformaron la educación, la inseguridad aumentó de manera ostensible, la situación de los sectores productivos se volvió cada vez más insostenible con un incremento de los costos que afectaron la capacidad de crecimiento, los pequeños y micro empresarios sufren la crisis de su actividad y se ha incrementado el desempleo.
El balance del gobierno que termina es altamente negativo. Pero, además, en el transcurrir de estos años quedaron en evidencia una multiplicidad de hechos de corrupción o irregularidades frente a los que el Frente Amplio no respondió con energía ni con celeridad. La enumeración es muy larga: la gestión de ANCAP, el uso indebido de las tarjetas corporativas en el Estado, los créditos del FONDES, las numerosas irregularidades en la conducción de ASSE, la oscuridad de los negocios con Venezuela, el caso de ENVIDRIO.
Pero lo más grave y decisivo es la lentitud que mostró el Frente Amplio para responder ante estas situaciones. Es más, por primera vez en la historia del país tuvo que renunciar un Vicepresidente de la República por corrupción y, peor aún, cuando tuvo que renunciar el diputado Daniel Placeres, del Frente Amplio, también acusado por corrupción, toda la bancada de su partido, sin excepción, lo aplaudió como si fuera un héroe.
Cuando un partido llega a ese nivel de pérdida de referencias o de límites sobre lo que está bien y lo que está mal, es obvio que se necesita un cambio. El mareo del poder, la omnipotencia de quince años de mayoría absoluta y la incapacidad para impulsar las políticas de cambio que el país necesita con urgencia son indicadores insoslayables de que es tiempo de alternancia.
También se ha abusado del poder. Desde el gobierno se ha confundido de manera sórdida el rol del gobierno con el del partido. Tuvimos que presentar una acción de amparo para impedir que desde Presidencia de la República se utilizara la página web de Presidencia para hacer proselitismo electoral. La publicidad atronadora del gobierno disfrazada de “campañas de interés público” significó un abuso muy evidente del poder por parte de un gobierno que realizaba una especie de “doble campaña simultánea” junto al partido de gobierno.
La confusión entre gobierno y partido es un grave desliz y una afectación al funcionamiento institucional de la democracia.
Esto no quiere decir que no haya logros que preservar o cosas que se hicieron bien. Por supuesto que las hay y es muy importante reconocerlas y defenderlas. La diversificación de la matriz energética, las conquistas laborales o las leyes que consagraron derechos para las minorías y en favor de la no discriminación, entre otras, son avances que hay que consolidar.
Pero la salud de una democracia se alimenta de la alternancia. Cuando un partido se eterniza en el poder y muestra síntomas notorios de desgaste, falta de reflejos institucionales y dificultades para lidiar con la corrupción, se hace evidente la necesidad de un cambio.
Justamente, nuestro partido señaló, también durante la campaña electoral, que estaría dispuesto a apoyar al candidato más votado de la oposición, si este se comprometía con un conjunto de medidas que dieran garantía de que el próximo gobierno se orientaría en una dirección acorde a nuestras convicciones socialdemócratas y con sensibilidad social.
En virtud de esta postura es que luego de la elección del 27 de octubre, le planteamos a Luis Lacalle Pou un documento conteniendo esas medidas.
De ellas destacamos iniciativas que implicaran el compromiso con el combate a la corrupción y en favor de la transparencia, como la reducción de los cargos de confianza en el Estado, fortalecer el Tribunal de Cuentas y otorgar recursos a la Junta Anticorrupción.
A su vez, reclamamos que se mantengan las normas que consagraron los nuevos derechos y la continuidad en la búsqueda de la verdad con respecto al destino de los desaparecidos.
También, indicamos la importancia de una profunda transformación educativa, así como políticas sociales potentes con prioridad en la primera infancia.
A su vez, señalamos como imprescindible el fortalecimiento de las políticas ambientales dándole particular énfasis institucional y con recursos para mejorar la situación ambiental de nuestro país.
Y, finalmente, un conjunto de medidas de reforma del Estado y las empresas públicas, así como un fuerte énfasis en el desarrollo de la inserción internacional para mejorar la competitividad de nuestro aparato productivo; y un paquete de medidas dirigidas a las micro y pequeñas empresas.
Luis Lacalle Pou respondió que aceptaba nuestras propuestas y que estarían incorporadas en su gestión de gobierno. Por lo tanto, para el Partido Independiente esta fue una señal decisiva.
Por ello, nuestro partido acompañará con su voto su candidatura a la Presidencia en la segunda vuelta presidencial. Tenemos la garantía de que se impulsarán un conjunto de medidas imprescindibles para que el cambio sea un cambio hacia adelante, con sensibilidad social y transparencia.
También dedicaremos nuestros esfuerzos a explicar a los ciudadanos las razones por las que apoyamos su candidatura y buscando que acompañen con su voto al candidato del cambio.
Estamos a las puertas de un cambio y los independientes vamos a trabajar para que el cambio sea la mejor alternativa para la vida de los uruguayos.