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Por Pablo Mieres

En estos días el gobierno uruguayo aceleró los contactos con China en la búsqueda de avanzar en la firma de un TLC con ese país. La intención es absolutamente compartible, puesto que no sólo es del caso señalar que se trata del mercado más grande del mundo y al que Uruguay puede vender buena parte de sus productos, sino que además el mundo está registrando rápidos movimientos de negociación comercial que van a cambiar totalmente la configuración del comercio mundial en pocos años.

Esta reestructuración mundial, que tiene como impulsos centrales los acuerdos Transpacífico y Transatlántico, determina una urgente necesidad de desarrollar una estrategia inteligente y veloz para que nuestro país aproveche oportunidades y, también, neutralice los efectos más negativos de esa reestructuración.

El problema es que estamos formando parte de uno de los bloques regionales más lentos y encerrados del mundo. En efecto, durante largos años el Mercosur dedicó sus esfuerzos a la sucesión de discursos retóricos plenos de una dialéctica hueca e ideologizada, mientras ratificaba sus reflejos más proteccionistas y alejados de la búsqueda de acuerdos comerciales abiertos.

Uruguay padeció, en un patético silencio, el referido encierro y se limitó a incorporar sus correspondientes discursos de complacencia ideológica. Un verdadero error de posicionamiento que nos ha salido muy caro y del que, quizás, todavía no tengamos cabal idea de cuán caro resultó.

Desde que cambió el gobierno, el año pasado, una de las políticas que mayores modificaciones exhibe es la política exterior. En efecto, la Cancillería liderada por Rodolfo Nin Novoa y su equipo ha definido una estrategia ampliamente compartible en casi todos los temas.

Ha apostado a recuperar la profesionalización del servicio exterior reduciendo la vergonzosa lista de embajadores políticos que pasó de veintiuno, al final del período de Mujica, a ocho en tan solo un año y medio. Además derogó la norma que creó la figura de los embajadores itinerantes, indignante denominación para un pequeño grupo de “amigos” del presidente que cobraban sueldo de embajadores por no hacer nada que tuviera que ver con las relaciones exteriores.

La Cancillería también cambió su estrategia de relacionamiento internacional, anunciando una y otra vez, la necesidad de la urgente apertura al mundo y la búsqueda de firmar acuerdos comerciales con terceros países o regiones. En tal sentido, pretendió avanzar en las negociaciones del TISA, aunque una decisión burocrática e ideologizada del Plenario del Frente Amplio determinó que el gobierno decidiera apartarse de ese ámbito de negociación.

Ahora con acierto se busca avanzar en un acercamiento comercial al Océano Pacífico en tres direcciones simultáneas. Con la Alianza del Pacífico integrada por cuatro países latinoamericanos, mediante un acercamiento al Acuerdo Transpacífico y con China bilateralmente.

Esta postura es totalmente acertada, sobre todo si se tiene en cuenta que todo indica que así como en los tiempos recientes el centro mundial del comercio estuvo situado en el Océano Atlántico, ahora se desplaza rápidamente hacia el Océano Pacífico y, por lo tanto, más lejos de nuestra ubicación geográfica. Lo que obliga a hacer movimientos rápidos e inteligentes.

La visita del Canciller a China y el anuncio de la visita del Presidente Vázquez a ese país el año próximo, deben celebrarse con énfasis. Son jugadas estratégicas de altísima importancia para nuestro país.

No hay que olvidar que nuestros competidores también juegan y que, particularmente, Australia y Nueva Zelanda, que producen y venden los mismos productos que nosotros al mundo, están mucho más avanzados y mejor posicionados que nosotros, puesto que han consolidado los acuerdos comerciales que nosotros apenas estamos tratando de edificar.

En tal sentido, seguir esperando la autorización del bloque regional, lento y perezoso, para que nos autoricen expresamente a negociar en forma bilateral, asumiendo equivocadamente que se debe respetar la Resolución 32/00, convertida en una suerte de prisión comercial autoasumida, es un grave error.

De nada servirán estos esfuerzos acertados si no están acompañados de una voluntad decidida de avanzar rápidamente en los próximos meses en los acuerdos con China y en las negociaciones que nos permitan integrarnos a los Acuerdos Transpacífico.

Si no lo hacemos, estaremos hipotecando por décadas nuestro posicionamiento en el mundo. Así de importante y grave es lo que tenemos por delante.

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