mieresPor Pablo Mieres

El domingo pasado la porción de la ciudadanía que concurrió a votar en las Elecciones Internas de los partidos expresó, de diferentes maneras, una demanda fuerte de renovación de la representación política en los partidos.

Los triunfos de Lacalle Pou en el Partido Nacional y de Raúl Sendic en el Frente Amplio son algunas de las señales que indican un cierto reclamo de renovar los elencos políticos. La elección de Conrado Ramos como candidato a la Vicepresidencia por nuestro partido también va en esa dirección.

Ahora todos los candidatos en todos los discursos comenzamos a incorporar el término: “renovación” para no quedar afuera de la nueva tendencia percibida en la opinión pública.

Es lógico que así sea. Llevamos ya treinta años de democracia y la sensación de que es imprescindible abrir un nuevo cauce con cambios en la oferta electoral de los partidos parece obvia. Quizás hasta se podría decir que demoró demasiado en aparecer. Como siempre en nuestro país, la demanda no es rupturista ni estentórea, es más bien en bajo pero persistente tono. Tampoco reclama por la emergencia de “outsiders”, todo lo contrario, en general los elegidos pertenecen claramente a las estructuras partidarias y emergen como resultado de una actividad política preexistente.

Justamente, el asunto consiste en determinar y distinguir la sustancia del envase o el formato. Parece evidente que existe cansancio con “lo de siempre” y, por lo tanto se valora y reivindica el mensaje novedoso, la espontaneidad, la cercanía, una mejora significativa de la presentación estética, los spots bien producidos, la novedad y, por qué no, la fantasía.

La búsqueda de “lo nuevo” está ganando terreno en el interés de los ciudadanos. Está muy bien que así sea porque nuestro país es muy conservador y tiende a valorar demasiado el pasado o lo seguro. El refrán “más vale malo conocido que nuevo por conocer” forma parte de alguna de nuestras características históricas de nuestra idiosincrasia.

Bienvenido el impulso a reivindicar la novedad, bienvenida la apuesta a renovar la política, bienvenida la necesidad de creer en lo diferente.

Los uruguayos quieren cambios. Quieren algo diferente, el entusiasmo del cambio ocurrido hace una década ha sido sustituido por una sensación de escepticismo, inercia o indiferencia que rápidamente se transforma en una nueva búsqueda de lo distinto.

La oferta novedosa puede estar presente en todos los partidos y en todas las orientaciones ideológicas. Puede haber oferta nueva en la derecha, en el centro y en la izquierda. La oferta de renovación se construye en base a inteligentes y costosas operaciones de marketing. Basta sintonizar con la demanda para construir las consiguientes alternativas comunicacionales.

Sin embargo, más allá de los formatos, más allá de la campaña, más allá de los jingles pegadizos, de los flashes publicitarios, de los spots de mejor o peor calidad y de la construcción de imágenes de los candidatos, cuando termina la parafernalia de los recursos comunicacionales de cada alternativa, queda la realidad concreta de todos los días.

Cuando se apagan los flashes y cesa el bombardeo mediático queda lo que la gente con su voto consagró como favorito y su veredicto incluye decisiones que durante los próximos cinco años afectarán la vida de los que votaron y de los que no votaron. Después de finalizada la campaña quedan las decisiones concretas que determinan los contenidos de las políticas públicas que se instrumentarán para bien o mal de los ciudadanos que eligieron y de sus familias.

Por eso es particularmente relevante que quienes reclaman renovación vayan más allá de las formas y de la estética para analizar también los contenidos. Sería bueno que los ciudadanos supieran “separar la paja del trigo” e indagar más allá de la primera vista, para buscar lo que hay detrás de la renovación de las formas, conocer lo que cada uno propone (aunque algunos lo hagan de una manera más bonita y atractiva que otros). Porque es mucho lo que después se define a la hora de gobernar.

Importa mucho más que la renovación formal, la renovación de los contenidos de las políticas de gobierno que se van a aplicar.

Por eso la convocatoria a los debates públicos entre los candidatos es particularmente relevante, porque es lo que permitirá a los ciudadanos apreciar en profundidad lo que cada uno de los candidatos le estamos proponiendo a la gente. La realización de debates entre todos los candidatos permite a los ciudadanos evaluar, sin el mareo de los flashes publicitarios, con mayor objetividad los contenidos de las diferentes propuestas.

Es muy fácil hablarle a los convencidos, cuando uno va a un acto partidario o habla en una asamblea política le habla a los que ya están con uno. Cuando uno va a un reportaje se enfrenta a una mayor exigencia porque el periodista busca con mayor profundidad lo que el candidato piensa. Pero la exigencia máxima se logra en el intercambio de ideas entre adversarios, porque allí todos tenemos que responder y rebatir los cuestionamientos de los otros.

Hace demasiado tiempo que no se producen debates entre todos los candidatos presidenciales. Desde 1994 sólo se produjo un debate impulsado a nuestra iniciativa entre quien esto escribe y los candidatos Pedro Bordaberry y Raúl Rodríguez.

De esa manera se terminaba con quince años de ausencia de debates presidenciales. Pero incluso en esa oportunidad, ninguno de los dos candidatos que iban en los primeros lugares de las encuestas, ni José Mujica ni Luis A. Lacalle quisieron someterse a esa prueba.

Creo sinceramente que participar de los debates es un deber de todo candidato a un cargo público. Parece obvio que si le estoy pidiendo a la gente el voto, debo estar disponible para defender mis ideas frente a los adversarios que disputan el mismo cargo.

Ahora, ya en el comienzo de la campaña electoral nacional, tres de los cuatro candidatos que representamos a los partidos con representación parlamentaria “desde el pique” manifestamos nuestra disposición a debatir. Por lo tanto, seguramente habrá debates.

La interrogante que permanece es si será con todos los candidatos, puesto que Tabaré Vázquez se ha manifestado reacio a participar. Ojalá revea su decisión.

Es la única forma de trascender los formatos renovadores para demostrar si, además de las formas se ofrecen contenidos renovadores. Nosotros estamos prontos.

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