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ENRIQUE CASTELLS.

El Kepler trae a lo que Justo Saenz llama “la bárbara rinconada de la provincia de Córdoba” a Sir Richard Arthur Seymour, tan útil a su nueva patria como Woodbine Parrish.

El Kepler se cruza con el “Bombay” que dejó en Maldonado a Burnett.

En la “parábola del rabí Jacob” una religión milenaria dice que es para bien lo que se toma por mal haciendo que un hombre exitoso en La Plata y amigo de José Ingenieros como Mazzoni, pudiera hacer acá lo que no imaginó y Burnett nos eligió para no ser en su patria un jurista de pronto de la talla de Stafford Cripps (Burnett vive en las páginas de “Senda y Retorno de Maldonado” de Mazzoni y en el libro de Lloyd Hearst).

Abatir la pena de un condenado que alguna vez plantó árboles, decía Constancio Vigil, gran amigo de Punta del Este y en Cerdeña se daba título nobiliario a los buenos plantadores.

No creemos en la Nación Latinoamericana de Jorge Abelardo Ramos para creer con Roxlo en “soy chingolo del campo, clavel de mis sierras”, ni con Alberdi, que el que comete un crimen en el Plata pueda ser ahorcado en el Orinoco y no sólo por ser contrarios a la última pena.

Esto no es tener con el hombre autóctono ese contacto que los sociólogos llaman secundario y los ufólogos del primer tipo; y por eso la Universidad colombiana tiene la Cátedra de Sociología Latinoamericana.

Conocer al indio andino por la pluma de Waldo Franck y al maya por la de Kennet Kenneth Tutner, no es o mismo que “verlo” en el Museo de Arte Americano.

El general Edgardo Ubaldo Genta, el historiador y poeta de Pinares, le canta al indio al igual que Montalvo; el Museo de Arte Americano se lo muestra.

Por 1860 y tantos la moneda chilena tenía curso en Polinesia; el Museo contempla también esas culturas.

En “Recuerdos de Provincia” Sarmiento pinta bien a los huarpes y hoy por hoy El Huarpes es el mejor diario de la provincia, que se lo obsequian si visita la Casa de San Juan en Buenos Aires; en el museo lo muestra.

Gracias por todo esto y por ofertar gratis la orquesta de Glen Miller.

Una dama francesa se propone salvar el museo y no debe verse esto con perjuicio de zelote y recordar que Hemingway viajaba en avión para ver los San Fermines y lo que hay de veredas en Las Delicias, están porque un veraneante santafecino llamado Vogt interesó en ellas en 1937 al intendente de la época.

Sin otro particular saluda a usted muy atentamente:

 

 

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