El juez Diego González Camejo llevó adelante en las últimas horas de este miércoles la audiencia de formalización de los dos sicarios que asesinaron al docente de inglés Edwar Vaz Fascioli en la noche del 9 de julio del año pasado. Uno ya se encontraba en prisión en Canelones por un delito de hurto especialmente agravado. Era Raúl Marcelo Barboza, de 38 años y múltiples antecedentes. El otro era un limpiavidrios callejero, Alejandro Alberti, de 22 años y poseedor de antecedentes penales. Fue detenido en las primeras horas de la tarde del martes pasado en Montevideo con cierta dificultad, por cuanto estaba en situación de calle.
Ambos habían sido contratados en Montevideo por la suma de diez mil pesos. Alberti cobró 3 mil por encargarse de hablar con el profesor por el portero eléctrico. Barboza, recibió 7 mil por disparar contra la víctima.
Naupp indicó a la sede que dos testigos de identidad reservada habían reconocido a los autores de la muerte de Vaz como los sicarios que se trasladaron en dos vehículos hasta el departamento del occiso, ubicado en la avenida Lavalleja de la ciudad de Maldonado.
Las cámaras de seguridad tomaron las imágenes de los rostros de ambos asesinos en los vehículos empleados para trasladarlos hasta Maldonado desde Montevideo.

Unos pesos
Uno de los delincuentes está alojado en una cárcel cumpliendo una condena por un delito de homicidio. Este hombre es conocido de Carlos Mauro Machado, ex pareja de Lulukhy Moraes, y del conductor del automóvil que trajo a los dos sicarios desde Montevideo hasta la parada 42 de la Playa Mansa. Identificado como Mathias Emmanuel Guateche Viera, fue detenido meses atrás.
Para perpetrar el asesinato, el limpia vidrios fue bañado y provisto de ropa nueva, cuestión de que tuviera una apariencia más presentable. Su trabajo consistió en hacer salir del departamento a la víctima, tocando el timbre y haciéndose por amigo de la hija de Vaz Fascioli y Lulukhy.
“¡Tu hija está grave, tenés que venir!”, exclamó el limpiavidrios por el intercomunidador del apartamento. La trampa funcionó: la víctima salió. Allí recibió el disparo a bocajarro de un revólver calibre .38 disparado por el otro sicario.
Después de ejecutar a su víctima, los dos sujetos corrieron hacia el automóvil Gol conducido por Franco Gustavo Silvera Herrera. Éste los llevó hasta la parada 42 de la playa Mansa donde los aguardaba Mathias Emmanuel Guarteche Viera, quien los llevó de regreso a Montevideo.
Ninguno se percató de que las cámaras de videovigilancia tomaron sus rostros por cada lugar que pasaron. Esto permitió, casi un año después, poner nombre y apellido a los dos sicarios que aún no estaban detenidos.
Fuentes del caso indicaron que el limpiavidrios cobró 2 mil pesos por su trabajo.
En tanto, el autor del disparo embolsó 8 mil pesos. Tenía la orden de ejecutar también al limpiavidrios, pero esto no ocurrió. Alberti cree haber salvado su vida porque le cayó bien a Barboza, que lo había reclutado en la calle.

Penas
La identificación y la detención de los dos sicarios permite a la fiscal Andrea Naupp preparar la nueva etapa del proceso: la acusación fiscal que deberá instruirse antes del 21 de agosto próximo, según el plazo concedido por el juez de la causa.
Además, esta nueva instancia habilita al ministerio publico subir la gravedad de las penas que eventualmente pedirá en la audiencia de acusación prevista para las próximas semanas. Hasta el momento, las supuestas autores intelectuales del caso, Lulukhy Joselyn Moraes Mele y su “socia de la vida” María Leticia Giachino fueron imputadas de un delito de homicidio especialmente agravado por la premeditación de acuerdo a lo establecido por el artículo 311º del Código Penal, que establece una pena de diez a veinticuatro años de penitenciaría.
Lo mismo ocurre con la ex pareja de Lulukhy, el karateca Carlos Mauro Machado acusado de coautoría del mismo delito.
Empero, al comprobarse que el crimen fue cometido por precio o promesa remuneratoria, estas tres personas podrán ser acusadas de un delito de homicidio muy especialmente agravado que tiene una pena mínima de quince y una máxima de treinta años.
Los otros dos detenidos en una primera instancia, los conductores Mathias Emmanuel Guateche Viera y Franco Gustavo Silvera Herrera, fueron imputados de un delito de “Homicidio” que establece una pena mínima de dos a doce años de penitenciaría. Sin embargo, la detención de los dos sicarios podría agravar la situación procesal de estos dos sujetos.
Los sicarios serán acusados por la fiscalía por un delito de homicidio muy especialmente agravado.

Atraso

La comparecencia del acusado de matar a Vaz Fascioli se produjo cuarenta minutos después de la hora dispuesta para la audiencia de control de detención. Además, el detenido fue conducido al juzgado casi al final del plazo constitucional de las primeras veinticuatro horas. “La audiencia estaba convocada para las 12:00 y el Ministerio del Interior demoró 40 minutos en traer al detenido. Algo que nos preocupó bastante porque si hubiéremos pasado de las 13:10 esto suponía la libertad inmediata del detenido y la imposibilidad de adoptar medidas cautelares en base a esa orden de detención fundada en los elementos que tenía la Fiscalía. Por lo tanto, es muy delicado traer a un detenido con 40 minutos de retraso cuando además se está jugando un caso que es mediático y que significó muchos recursos, tanto económicos como humanos, como simbólicos en cuanto a la persecución penal”, dijo el magistrado.
“No quiero dejar de resaltar la importancia que hay primero por parte del Ministerio del Interior en cumplir con las órdenes de los jueces. Si no tenemos seguridad que el Ministerio del Interior va a traer a los detenidos a la hora que los tiene que traer, eso puede significar pérdidas no solo económicas, sino simbólicas como frustrar una investigación penal de tal envergadura como la presente”, agregó González Camejo.

Foto: R. Figueredo