allanamiento yamila1Por Andrés López Reilly (*)

Hace 23 años pisé por primera vez la redacción de un diario. Era el último año en el que en El País se utilizó la máquina de escribir. Desde entonces, siempre trabajé en prensa, aunque también he estado en radio y TV.

Vi salir a los primeros egresados de las carreras de comunicación, públicas y privadas. Soy periodista de oficio (antes que nada) y de academia (técnico en comunicación social). Tuve la suerte de formarme y trabajar con algunos comunicadores de la “vieja guardia” (en épocas sin internet y sin celulares), de ver el desempeño de algunos “nuevos periodistas” que hoy manejan parte de la comunicación en los medios, y conozco cada día a un joven que (por suerte) decide dedicar su vida a esta profesión.

En todos estos años he escuchado, visto y leído miles de debates sobre la ética. Y también sobre la necesidad de contar con un código de base.
Cuando APU elaboró el suyo –sin dudas con las mejores intenciones-, participé de una consulta en línea en la que, básicamente, dije que no estaba de acuerdo con un código de ética. No creo en la “ética periodística”, ni en la “médica”, ni en ninguna otra. La ética es algo que cruza transversalmente todas las profesiones, una condición inherente del ser humano, que debe saber que hay cosas que no puede hacer.

Legalmente (porque desde hace tiempo existe regulación) y moralmente, los periodistas sabemos –o debemos saber- qué es lo que podemos hacer y qué no.

Hace muchos años fui testigo –por suerte no participé- de un debate en una radio para la que trabajaba, sobre una información que se consideraba relevante para la economía nacional. El debate fue en horas de la mañana en la radio y el ministro de Economía era Danilo Astori. Las “cabezas” periodísticas del medio resolvieron no difundir la información, porque entendieron que podía ser “perjudicial” para el país. A la noche, y a la mañana siguiente -como era obvio- la información estuvo en todos los canales, diarios y demás radios.

Recuerdo esto porque es algo similar a la polémica que se dio con el caso Yamila.

Los periodistas no estamos para cambiar el mundo, sino para informar, de la mejor manera posible. Afortunadamente, con algunas notas podemos incidir, inclinar la balanza, ayudar. Pero no es la misión de la prensa cambiar el mundo.

¿Se estigmatiza o revictimiza a una jovencita (asesinada) o a su familia diciendo dónde vivía, cómo era su barrio, si fumaba marihuana, si era pobre, o si alguien la había “invitado a prostituirse”?
¿Se provoca sufrimiento a esa familia dando estos detalles?

La familia fue destrozada por la saña de un asesino, un ser deleznable que no merece nada más que pudrirse en la cárcel. Esa jovencita ya pasó la peor de las atrocidades que puede sufrir un ser humano, mayor o menor de edad. Lo que puedan decir los medios, poco va a agregar al sufrimiento de su entorno.

Los medios tienen que informar, de la mejor manera posible. Recrear el escenario y llevarlo de la manera más fiel posible a la cabeza de sus lectores o escuchas. Todo ello con responsabilidad, sin dudas.
Ojalá pudieran cambiar el mundo, o al menos el destino de Yamila, pero no pueden.

Sin haber leído, visto o escuchado todos los detalles de la cobertura que hicieron los medios del caso, digo que no comparto el comunicado difundido por APU.

En el propio código de ética de APU se señala que no es conveniente que un periodista trabaje para un organismo del Estado y para un medio privado. (Esto lo agrego yo: mucho menos opinar sobre temas de ambos lados del mostrador). Y esto es incumplido por la propia APU.

También dice que los periodistas no deberían hacer publicidades. No estoy de acuerdo, salvo que el profesional tome, por ejemplo, partido por una orientación política. ¿Está mal que Nano Folle haga los avisos de Pronto? ¿Eso le quita credibilidad a sus informes sobre seguridad o cárceles?

Lo mismo con otros códigos, que nadie duda estén bienintencionados. Es un absurdo referirse a un menor que asesina a una persona como un “adolescente en conflicto con la ley”. Es un asesino, punto.

Y seguramente, lo que se critica de muchas coberturas del caso Yamila, como la descripción de su entorno, sean las cosas que permitan entender por qué pasan las cosas, sin estigmatizar, porque asesinatos existen y existirán en todas las clases sociales.

(*) Periodista y escritor. Trabaja en el diario El País

Contenido publicitario

1 COMENTARIO

  1. La verdad que fueron terribles los comentarios y adjetivos con los que calificaron la vida y conducta de esta joven ….una vergüenza el trato que se le dio a su familia que sufrió doblemente una muerte y su honorabilidad ….ojalá salga pronto la ley de medios y regule los términos con los que informan o mejor dicho desinforman a la población

Comments are closed.