mieresPor Pablo Mieres

¡Qué falta de humildad y, al mismo tiempo, que falta de coraje para debatir y contraponer ideas!

Por un lado, el candidato presidencial del partido de gobierno falta a la verdad señalando que son el único partido que tiene programa de gobierno. Nosotros no vamos a “sacar la cara” por los demás partidos, simplemente diremos que el Partido Independiente no sólo tiene programa sino que lo ha volanteado por todas partes, existen versiones en papel y electrónicas, versiones sintéticas y completas, de mayor calidad y más “de guerra”. Y lo hemos distribuido por todas partes, por lo que la referencia del Dr. Vázquez es, a sabiendas, falsa.

Por otro lado, el nuevamente designado “futuro” Ministro de Economía, ha salido a decir que los demás partidos no hablan de economía, ni tienen equipo económico. Descalifica algunas propuestas sueltas de alguno de los candidatos y, sobre esa base también falsa, sostiene que salvo ellos (únicos e inalcanzables) los demás no hablan de economía.

Pues bien, nuevamente en lo que tiene que ver con el Partido Independiente esa afirmación, además de soberbia, es rotundamente falsa. Nuestro programa de gobierno tiene un capítulo entero dedicado a las propuestas de política económica, con fundamento y desarrollo definido.

Tenemos equipo económico, tenemos propuestas en materia de política económica y, a diferencia de los que pontifican y descalifican, estamos dispuestos modestamente a contraponer nuestras ideas con las del partido de gobierno.

Vaya a cuenta de mayor cantidad, algunas de las propuestas que queremos debatir con el candidato del gobierno.

Queremos aprobar una norma que establezca la “regla fiscal” para someter al imperio de la ley las tendencias siempre insatisfechas de expansión del gasto público, para evitar que el gobierno gaste más de lo que tiene y que, a pesar del fantástico crecimiento disfrutado en la década reciente, tengamos uno de los mayores niveles de déficit fiscal.

Queremos impulsar una política económica contracíclica que genere reservas y ahorros cuando el país está en tiempos de crecimiento económico y que utilice esas reservas para generar y mantener el dinamismo de la actividad económica en tiempos de recesión o freno.

En ambas cosas, la conducción económica de los gobiernos del Frente Amplio actuó en sentido contrario. Queremos discutir estas orientaciones de política económica.

Queremos llevar adelante un profundo proceso de reforma de las empresas públicas para que, lejos de actuar con autonomía e independencia, se alineen definidamente con los objetivos de la política económica, propendiendo a la reducción de las tarifas públicas para promover una imprescindible mejora de la competitividad que hoy está afectando las oportunidades de crecimiento y desarrollo de nuestra actividad productiva.

Queremos debatir sobre la reforma del Estado que sigue pendiente, sin que la llegada del Frente Amplio al gobierno haya representado cambio alguno en esa materia.

Queremos aprobar un conjunto de normas que otorgue al Tribunal de Cuentas mayores poderes de contralor sobre la gestión de los recursos públicos, para garantizar la transparencia y prevenir los desaguisados, como los que se cometieron en torno a todo el caso PLUNA.

Queremos impulsar una política que promueva las cadenas de valor apostando a la innovación y la aplicación tecnológica, acercando la investigación aplicada al desarrollo empresarial.

Queremos impulsar una política de apertura al mundo que permita abrir nuevos mercados sin quedar supeditados a las limitaciones del MERCOSUR. Queremos que, sin abandonar el MERCOSUR, nuestro país se incorpore como miembro pleno a la Alianza del Pacífico (propuesta que el Cr. Astori presentó sin éxito ante su propio gobierno), para incorporarse desde allí al mayor proceso de integración comercial de la historia de la humanidad.

Ciertamente, el Cr. Astori y su equipo parecen creer que son los únicos capacitados para conducir la economía. Se olvidan que hace tiempo que perdieron el invicto y que el “dream team” proclamado ya quedó en el pasado, enterrado bajo la enorme pérdida de dineros públicos que significó el desastre de PLUNA.

Resulta difícil compaginar la actitud de superioridad adoptada por quien piensa volver a conducir la economía de este país con la imagen de un ministro al que un empresario poco escrupuloso “lo pasó para la cueva”, dejándole el clavo de U$140 millones de dólares que estamos pagando todos los uruguayos.

Cómo no vamos a querer hablar de economía. Nosotros estamos listos, el problema es que los que hacen alarde de superioridad solo hablan para su hinchada.

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