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Por la Prof. Karina Gómez

 

El viernes 4 de setiembre se presentó en la Sala Cantegril, a beneficio de la Escuela Nº 5 de Punta del Este, Sus ojos se cerraron de Dino Armas, a cargo del grupo Azorteatro de Casa de Azores de Uruguay. La versión, y la puesta en escena estuvieron a cargo del director Rodolfo Acosta contándose en la oportunidad, con la presencia del autor quien fue homenajeado por el grupo.

Dino Armas, docente por formación, y dramaturgo con una importante trayectoria, ha desarrollado sus dos actividades de forma paralela enriqueciendo su forma de ver el mundo y mostrándolo a través de una riquísima complejidad como lo es la vida misma. Es montevideano y destaca en él una importante visión de la realidad que le ha tocado vivir en su Cerro natal y las circunstancias del montevideano común convirtiendo en arte, lo cotidiano del mundo popular.

Así como el ser humano es complejo en su forma de relacionarse consigo mismo y con los otros, los personajes de Armas presentan esa complejidad separándose del “tipo” tradicional y adquiriendo características intrínsecas que van más allá de lo bueno y malo, blanco y negro, lo cómico y lo trágico mezclándose los valores de una sociedad en un estado de mixtura tal, que nos muestra sencillamente cómo somos. Armas logra presentar comportamientos y pensamientos cotidianos desenmascarando a los hombres y mujeres que interactúan, más allá de las convenciones culturales, donde es la vida misma la que se re-presenta en sus textos y escenario.

El público se vuelve absolutamente cómplice porque no se lo intimida, sino que se lo invita a re- conocerse, aceptarse y tal vez hasta se logre despojar de lo intrascendente para rescatar lo esencialmente importante. La búsqueda de la felicidad no se convierte en motivo de culpa, sino en celebración vital, desnudez de aquellas máscaras que se cargan o se sobrellevan a diario.

Evidentemente, quienes representaron esta obra el pasado viernes lograron una conexión importante entre ellos mismos, y con el público. El grupo logró transmitir la alegría que cada uno de ellos siente al estar sobre las tablas. Esto se debe en gran medida, a que el texto se presta para el disfrute y el juego en la puesta en escena. El director, Rodolfo Acosta, logra un montaje escénico desopilante y divertido, pensado y planificado agregando cuatro personajes; con lo que encontramos diecisiete actores muy bien plantados, con plena conciencia de su papel.

Perfil propio

El logro más importante de Acosta es permitir que los personajes tengan un perfil propio, pero que se ajustan perfectamente cuando ese gran número se relaciona de forma completa en escena, no hay detalles sueltos. Aquí está la complejidad, cada personaje tiene sus contradicciones y estas se mantienen en el momento de interactuar aún con todos los demás.

La velocidad con que se desarrollan los hechos, los distintos momentos; aparecen tan bien encastrados y trabajados, que la tragedia, el humor negro, el drama y la comedia, conviven alegremente en escena sin que por ello falten personajes con conflictos humanos profundos. No hay momentos bajos, no hay posibilidad de distraerse, ni siquiera de sacar conclusiones o anticipaciones de lo que allí sucederá, el hilo conductor trágico, es sin duda la hipocresía. Hipocresía que vive en cada uno de nosotros de forma cotidiana y, cómo tomando conciencia de esa realidad, somos o no capaces de tomar la decisión antipática que nos conduzca si no a la plenitud, por lo menos a la felicidad inmediata.

El absurdo aparece no sólo a partir de la celebración en simultáneo de un casamiento y un velatorio, sino con la aparición de personajes como las monjas o el mismo Arlequín que juega un rol importante, invisible a los demás en escena, aunque por momentos alguno parece reconocerlo, lo que le da cierta verosimilitud. Es a partir de las intervenciones de este personaje, que Acosta logra saltos temporales que harán comprender los conflictos presentados entre los personajes, pero también logra estabilizar las coordenadas tiempo – espacio. Esto último es fundamental para el desdoble de Mauro Peralta (representado de forma destacada por Sebastián Martínez). Sin este desdoble, el desenlace sería otro, o no… Lo cierto es que la capacidad de análisis de su propia situación vital, el poder de observación en cuanto a su amor frustrado, y una vida perdida en la mentira y el engaño, aporta a que intervenga como padre aconsejando a Natalio para que este busque su felicidad.

De reglamento

El melodrama se presenta con la novia abandonada que sufre el desamor y deshonra, lo desopilante, es que este personaje es policía y su reciente esposo, un conocido ladrón que el resto de los personajes acepta sin inmutarse por su condición. La novia despechada amenaza a los demás, en una de las escenas finales, con su arma de reglamento. Al ser consultado el director sobre la postura en escena de este personaje, nos dice que “La policía a veces está de espaldas al público”, lo que nos resultó sumamente interesante sumándose a nuestra propia interpretación de que la denuncia social principal de esta obra, la encontramos en la naturalización de la hipocresía, la mentira y el ocultamiento.

Una obra de contenido popular y profundo, con una puesta en escena de muy buena calidad donde el color, la música y los diferentes sonidos juegan un papel importante. Estéticamente bien pensada, con un ritmo vertiginoso y atrapante, esta versión de Sus ojos se cerraron, es absolutamente recomendable.

 

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