“Talvi: no es lo suyo, y los buenos modales tampoco”, por Danilo Arbilla

Descreo de las necrológicas y de los renunciamientos o retiros definitivos de la política. Cuando alguien muere se multiplican sus virtudes y desaparecen sus defectos. Para amigos y seguidores muy particularmente, pero también para los adversarios y hasta los enemigos. Por distintas razones, por supuesto. Los sentimientos no son los mismos. Los cálculos tampoco.
“¿De qué sirven juicio y balance y como delinearlos cuando un amigo ha muerto?”. Así remató Carlos Quijano, Director del legendario semanario Marcha el magnífico editorial que escribió a la muerte de Eduardo Víctor Haedo.
Haedo, sin embargo, no era tan considerado. Fue al sepelio de un enemigo político y un amigo le ponderó la actitud. “Solo fui a verificar que lo enterraban”, fue su cruda y sincera respuesta. (yo estaba presente).
Sobre la abdicación de Talvi han abundado declaraciones, enfoques, vaticinios e interpretaciones, variadas, contradictorias, amigas e interesadas. Hubo muchas con tono de necrológicas, y sobre todo desde la oposición. Lo que son las cosas; eso sí con gran hipocresía y mucho de cálculo.
Una primera conclusión es que los “outsiders” en política no sirven (*). Jorge Batlle le erró. Fue con la mejor intención de reposicionar su partido, pero le erró.
Se ha hablado mucho sobre el impacto en el Partido Colorado y en Ciudadanos. En éste último no creo que de inmediato pero vendrán cambios; aunque se niegue y más en estos días de “duelo”, ya había mar de fondo. Mucha disconformidad con su estilo autoritario y personalista. En Ciudadanos se va a producir más de un remezón, a medida que pasa el tiempo. Si para bien o para mal, eso se verá.
Para el Partido Colorado no será un golpe tan grande. Aún en el suelo, porque el hecho es que la integración de Talvi no le significó crecimiento alguno. Por poquito no queda en cuarto lugar.
Le ganó la interna a Sanguinetti, sí, pero a su Partido poco aportó (en votos que es lo que importa, todo lo otro, renovación, nueva cultura política, técnicos, es parte de la pancarta).
No es fácil para el Partido Colorado. Van a tener que remar mucho, pero hay por delante unos cuantos años para rearmarse y además las circunstancias son cambiantes y nunca se sabe. Pienso empero que, hoy por hoy, puede ser un golpe más fuerte una mala performance de sus listas en las municipales. Talvi ni las consideró; no contempló la posibilidad de quedarse un mes más para “liderar” a su partido. Quizás olfateó un eventual revolcón y que las encuestas no son tan de confiar. Y adiós liderazgo.
De una lectura fría de su forma de actuar surge que al excanciller le ha importado poco el propio gobierno,- la inoportunidad de su renuncia fue elocuente-, ni la coalición, ni el partido Colorado y hasta ni su grupo. No habló de su decisión de retirarse con ninguno de sus correligionarios, ni con los de su propio sector: se enteraron al tiempo que los periodistas y algunos comentaristas que recibieron la carta.
Ni se lo comento o informó previamente al presidente Lacalle Pou. Talvi está contra la política del coctel y de determinados protocolos, pero lo cortés no quita lo valiente. Por una razón de cortesía ¿no debería haberlo llamado? Salvo que la relación sea muy mala. Los periodistas investigativos tendrían que hurgar por ahí.
Lo que está claro es que en materia de buenos modales la nueva “Cultura Política” deja mucho que desear frente a la vieja y tradicional política.
Talvi nunca consideró ir al Senado. No es un terreno que le guste. Es un poco escarpado y ahí son todos pares. Tras su dimisión como Canciller, realizó consultas sobre cómo caería en la gente, cómo rebotaría a nivel social si renunciara al Senado y se apartara de la política. Su preocupación no era la coalición, ni el partido colorado, ni el gobierno, ni las municipales. Su preocupación era si ese paso no le generaría un rechazo social.
En su carta, Talvi, en cuatro palabras – “no es lo mío”- explica sobradamente por qué se fue. Afirmó que se retira de la política y que no se presentará a ningún cargo electivo. Pienso que es sincero. De cualquier forma, él no lo entenderá, pero en política nada es para siempre. Su renunciamiento, las “necrológicas” del caso, la ausencia, que siempre mitifica, puede tener un efecto positivo para él. Qué pasa si un grupo grande de gente, dentro de tres años, le pide que vuelva; que es la esperanza. Con un poquito de vanidad y cierta ansia de poder sería difícil no aceptar. Todo dependerá de cómo se comporte en el interregno.
¿Y para la coalición cuál ha sido el impacto? Menor creo. Decididamente, habrá más fluidez. Lo que diga la oposición y sus interpretaciones no vale tenerlo en cuenta. Es tan previsible que no merecen ni consideración. Deberían haber callado y quizás hubiera sido mucho mejor para sus intereses electorales.
La ida de Talvi no significó una prueba difícil para la coalición multicolor, ni de cerca. Una gran prueba sí son las municipales y en especial Montevideo. Éstas, además, han impedido que aflore algún tema más serio, que está latente y en el que creo, la responsabilidad recae en el partido de gobierno. Y aquí se terminó el espacio.

* Y para que no se diga que con el diario del lunes cualquiera sabe los resultados, transcribo algo de lo que escribí en setiembre del 2016, en Búsqueda, cuando Batlle sostuvo que para el fortalecimiento y renovación del Partido Colorado el “piloto tiene que ser un completo outsider”.
Dije entonces “…es bueno, sin duda, que se integre gente nueva y se agite el debate interno; en el Partido Colorado y en todos los que haya y pueda haber. Pero digitar uno de afuera y ya con nombre y apellido, es otra cosa….” “…Los líderes, los verdaderos, no surgen en laboratorios. Ni se inventan. Es la gente espontáneamente, con esa sabiduría e intuición, que hace que el sistema de voto universal sea el mejor, la que elige a sus conductores.”…“No basta con inventar un candidato o con traerlo de otro lado o de afuera…”

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