“Talvi y el voto silencioso”, por Gustavo Toledo

Es notorio que sólo una parte de nuestra sociedad participa de la campaña electoral. Somos muy pocos los que nos embanderamos, frecuentamos clubes o comités, concurrimos a mítines partidarios, nos fotografiamos con dirigentes políticos o nos pronunciamos en las redes a favor o en contra de tal o cual partido. El resto mira de lejos, en silencio. Pero, contrariamente a lo que muchos suponen, no todos los integrantes de esa “mayoría silenciosa” son ciudadanos apáticos o indignados, enemistados con el sistema, sino más bien electores cautelosos que observan, analizan, fluctúan y finalmente depositan su voto por aquellos candidatos y propuestas que consideran más confiables y convenientes desde su punto de vista.
Se trata de un voto racional, muy meditado y eminentemente de centro, que recela de los extremos ideológicos y que carece hoy por hoy de una identificación partidaria firme, aunque en términos históricos estuvo asociado con el Batllismo.
En las últimas elecciones, con el corrimiento del Partido Colorado a la derecha y la implosión sufrida tras la crisis de 2002, migró en buena parte a otras tiendas, optando mayoritariamente por los sectores más moderados del Frente Amplio.
Pero con el declive del Astorismo, que servía de dique de contención a las pulsiones populistas y socializantes de la izquierda más radical, y la emergencia de Ernesto Talvi y su movimiento Ciudadanos en la interna colorada, reivindicando la tradición batllista y delineando un programa de reformas humanistas y progresistas con la mira puesta en revertir el estado de decadencia de nuestra sociedad, el escenario hoy es ciertamente otro.
En menos de un año, el Partido Colorado volvió a ponerse de pie, planteándole a la ciudadanía su propósito de volver a ser el “escudo de los débiles” que otrora fue y a situarse en el centro del espectro ideológico.
Precisamente, vistas las opciones de gobierno que están en el menú electoral, y la disyuntiva entre continuidad o cambio en torno a la cual gira esta elección, es claro que sólo un Partido Colorado fuerte puede asegurar el cambio de gobierno y -lo que es aún más importante- un gobierno de cambio, capaz de transformar la educación, reducir el costo-país, abrirnos al mundo, reactivar el agro, revertir las causas del delito y devolvernos el orgullo de ser un país de clases medias y movilidad social ascendente.
En ese sentido, tanto por su formación académica como por su vocación de diálogo y experiencia profesional, es Ernesto Talvi quien está en mejores condiciones de trascender la grieta que nos divide y articular los acuerdos que hagan posible esos cambios.
Es igualmente claro que eso no lo vamos a encontrar en el negacionismo del “vamo´ arriba” del continuismo oficialista, ni en la resignación implícita del “evolucionismo” opositor, ni muchísimo menos en el facilismo del “manodurismo” de los nostálgicos de otras épocas.
Por eso, cuanto más fuerte sea el apoyo popular que concite el Partido Colorado, mayores serán las chances que tendrá de conducir un gobierno de coalición moderado, previsible y transformador, como el que tantos anhelamos.
Confío que, consciente de esta realidad, el próximo 27 de octubre esa mayoría silenciosa, sobre cuyos hombros pesa el destino de la república una vez más, se haga oír en las urnas. Por nuestro bien y el de las próximas generaciones.