“Talvi: ya se ha dicho todo, o casi”, por Danilo Arbilla

Sobre el caso Talvi ya se ha dicho todo. Sobre si le erró o no al asumir la Cancillería. Sobre su estilo personalista y autoritario. Sobre sus arranques y caprichos. Sobre su metamorfosis y corrimiento desde un liberalismo, ortodoxo, sin apellidos – Chicago Boy y muy apegado a Ramón Díaz- hasta una especie de centro izquierda, (dijo preferir a Daniel Martínez que a Guido Manini Ríos, y mantuvo una continuidad de la política anterior de la Cancillería – Venezuela, expertos y equipo de trabajo-). Sobre sus condiciones mediáticas. Sobre sus grandes condiciones como conferencista más que como economista y su capacidad para revender de ideas e informaciones, (en la jerga periodística un gran refritador con gran habilidad para titular). Sobre sus repetidas conferencias e informes de Ceres sobre las desmonopolizaciones y sus efectos positivos en el PBI y su novedosa postura sobre ANCAP, sobre la que según dijo hubiera convencido a Batlle (difícil). Sobre su pretensión como ministro de una relación de interpares con el Presidente y peor aún, asumir desde la Cancillería una especie de cuasi autonomía en la fijación de la política exterior del gobierno y del país. Sobre la forma en que se fue.
Resta muy poco para añadir. Especular, si, sobre el futuro del líder del sector mayoritario del Partido Colorado (Ciudadanos).
Revisar algo del pasado, quizás.
Es notorio que Jorge Batlle le erró al elegir a Ernesto Talvi para revitalizar al Partido Colorado. “El piloto – sostuvo Batlle a mediados del ’16- tiene que ser un completo outsider”.
Se equivocó. Lo pienso ahora y lo pensé en su momento. “…los outsiders me asustan” escribí en Búsqueda (contratapa, setiembre de 2016). “…es bueno que se integre gente nueva y se agite el debate interno…”. “Pero digitar uno de afuera ya con nombre y apellido es otra cosa”, señalé entonces.
Advertí que los líderes “no se inventan” y sobre por qué comenzó el descenso del Partido Colorado.
Pasó el tiempo y Talvi con una muy buena asesoría de imagen, responsable en parte de la nueva semblanza progresista del delfín de Batlle, logró una rotunda victoria en las internas coloradas. Llamó la atención. Puro fuego de artificio. Y no es que lo piense ahora. El 3 de julio del año pasado escribí un análisis para la Revista Noticias de las internas recién salidas del horno y afirmé que en la oposición, “Lacalle no tiene enemigos. Talvi no ofrece nada diferente”. Con Talvi, vaticiné “la imagen y la oferta colorada se desfiguró. Sirvió para la interna, pero comprometió su suerte futura.”
Veamos ahora lo de estos últimos días. Los de su renuncia en cadencia. Y lo que dijeron otros (no tanto yo, tampoco).
Francisco Faig en su columna de El País del domingo 6, calificó la renuncia de Talvi de “portazo guarango en plena cumbre del Mercosur” y respecto a su futuro dijo que su “único destino político posible… es el precipicio”.
Tomas Linn, menos vehemente, en su columna en el mismo diario del día 13 de junio – “Un ministro peculiar”- comparó y recordó “la complicada relación que tuvo el presidente Tabaré Vázquez en su primer período, con quien entonces fue su canciller, Reinaldo Gargano”. En la de la del 5 de julio,-“Un nuevo ministro”- Tomás al referirse a la renuncia escribió que “ anunciarla en ese particular momento, responderá o no a intenciones políticas o personales, pero ciertamente pareció pasar por alto que debió considerar el interés coyuntural del país”.
Nelson Fernández en su análisis en El Observador del sábado 4, es lapidario: “Ernesto pierde mucho con su efímero pasaje por el Palacio Santos y no gana nada”.
Efectivamente, a Talvi le pasó lo que a Batlle: le erró. No debió integrar el Gabinete. Por mucha tirria que le tenga, tendría que haberse fijado en lo que hizo Manini Ríos.
Nelson aporta una serie de elementos que dicen sobre el futuro inmediato. Talvi, “suma desgaste político, deja enojados a sus socios de coalición, defrauda a sus seguidores de Ciudadanos y genera dudas en empresarios que lo apoyaron en su lanzamiento partidario”. “A este electorado le disgustan las riñas que estorban la gestión”. Dice también que Talvi tiene otro problema adicional y es que “en poco tiempo se hizo de muchos ‘enemigos´ políticos”. Habla de Cabildo Abierto, el PI, Batllista y también entre los blancos. Entre estos, el Secretario de la Presidencia, Álvaro Delgado marcó la cancha en las últimas horas: “”Yo estoy convencido que en este caso Talvi, Ciudadanos, están comprometidos con un gobierno de coalición, con un programa de gobierno y además con una responsabilidad política que la gente dio cuando votó que es respaldar una alternancia al Frente Amplio”.
Y además la interna: según Nelson se quejan de que no los atiende nunca, “llama para quejarse” y que cuando hay que llenar cargos “lo hace según su criterio personal”. Para este analista, si Talvi quiere mantener su liderazgo “deberá hacer todo lo que no le gusta, y le disgusta: reunirse con dirigentes, escucharlos como si le importara lo que le cuenten, y trabajar políticamente en el partido…”.
En fin, parece que el futuro no se le presenta fácil para el renunciante canciller. Y además va a tener que ir al Senado en algún momento y allí encontrarse con el expresidente Sanguinetti quien hasta ahora ha permanecido callado con respecto a algunos temitas personales.
En fin, el sueño de Jorge Batlle de revitalizar el partido, aparece como muy difuso.

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