“Templando tambores”, por Ricardo Garzón

No. No es que Laura Raffo “no tenga un plan claro para la capital”, como han dicho analistas, consultores, conductores de programas de televisión y periodistas complacientes afines a los poderes públicos
El Frente Amplio es imbatible en Montevideo; basta salir apenas a las afueras capitalinas, transitando por General Flores hacia el interior del país.
Barrios enteros, superpoblados, son frenteamplistas y no interesa ni importa la basura. Se sabe que, en última instancia, el Ejército será convocado a hacerse cargo. El Frente desordenó para provecho propio la baraja en las últimas décadas; fútbol y más fútbol, de todas las divisiones habidas y por haber; basquetbol, murgas todo el año, narcotráfico en su esplendor en Montevideo y ciudades del interior, y plata gratis en el Mides.
Blancos y colorados, cómodos, omisos e irresponsables, brillaron por su ausencia y ya no engañan a la gente con promesas que desde tiempo inmemorial han sido incumplidas. Igualito que ahora. Pero el Frente es el Frente, y hay un Martínez, una Cosse y hasta un Villar. Y algo más: gana otra vez con la heladera, si así lo quisiese, o con el voto castigo de la hipopótamo Cacareco, que con cien mil sufragios ganó las elecciones municipales de San Pablo en 1959.
En definitiva, todo apunta a la responsabilidad que no ha asumido el desgraciado sistema político uruguayo. Atornillados todos a sus bancas, se han excedido sin contención alguna con los impuestos y el despilfarro. Están indisolublemente unidos, todos, para mantener a rajatabla sus sueldos faraónicos y sus prebendas. Son los señores feudales de la época.
En la vereda de enfrente, centenares de miles de compatriotas tienen hambre y han empeñado sus magros sueldos y peores pasividades, pagando cuotas leoninas de las empresas de crédito, que reducen la percepción de ingresos al cobro mensual de apenas tres o cuatro mil pesos. Dura poco la alegría que proporcionan fugazmente los préstamos usureros.
Muy difícil darse en marcha atrás. Se atisba que una ola de desencanto y desilusión apareja el porvenir inmediato, a la luz, también, de la intransigencia impía a la ley de urgencia multicolor, adelantada por los políticos frenteamplistas de la inminente oposición legislativa, y de los sindicatos que a nivel nacional ya templan tambores. Sí, tambores de guerra.
Ricardo Garzón