“Tiempos de la LUC: Velocista digital”

Maestros y profesores han sido correctamente apartados de la conducción de la Enseñanza. Se ha impuesto en el elenco gobernante el criterio de que los institutos de formación docente, escuelas y liceos de todo el país, enseñanza escolar, media y superior, deben reformularse a la luz de las exigencias educativas de la hora. Estos deberán encarar a profundidad, sin apocamiento, y en los lugares más recónditos del territorio la transformación digital, clave para lograr la recuperación económica, y base del sistema educativo de cara a los próximos años.
A título de antecedente, el faro que viene iluminando el país desde la reforma vareliana de 1875, potenciado en los renovados pero insuficientes proyectos educativos de los años 40 y 60.
El gobierno autoritario de Lorenzo Latorre facilitó consolidar en su tiempo un poder central que tuvo como premisa que la ilustración del pueblo debía constituir la verdadera locomotora del progreso.
La dictadura facilitó encarrilar en ese entonces el país hacia el desarrollo de una estructura educativa que se expandió, pionera, desde las escuelas ciudadanas a los puntos geográficos más apartados de los centros urbanos.
Apenas un párrafo más para destacar que el sistema político, ausente, peleaba en las cuchillas. Se contabilizaron en ese despertar educativo de 1875, diecinueve revoluciones en cincuenta años de vida independiente.

Andando los tiempos, el gobierno de coalición que ejerce el presidente Lacalle Pou ha tenido en cuenta que la educación es necesaria para el ejercicio de la ciudadanía, y de vital importancia para aquellos pueblos que, como el nuestro, han adoptado el sistema Democrático, Republicano y Representativo de gobierno.

Entre sus anunciados cometidos, y por la vía del referéndum ahora, Uruguay tiene la posibilidad de ratificar, casi 150 años después, el concepto de Escuela Pública para transitar hacia el conocimiento de los adelantos contemporáneos, a su acceso, y a desprenderse de aquellas asignaturas cuya instrucción y dictado fue superado por los tiempos.
“Decíamos ayer…”, que los docentes militantes que revistan en los consejos desconcentrados de la Educación habían sido responsables directos del desquicio generalizado e ininterrumpido que exhibe la Enseñanza a través de los tiempos, sobre todo a partir de los años 60, cuando la Gremial de Profesores, tristemente célebre desde su fundación, deja paso a la peor constituida Federación Nacional de Profesores, Fenapes. “¡Obreros y Estudiantes, unidos adelante!”
Un poco de historia para recordar al voleo que esa década constituyó el puntapié inicial de la labor devastadora de la Gremial de Profesores, corporación desgraciada que cobijó a socialistas, comunistas y tupamaros, quienes fomentaron durante toda la segunda mitad del Siglo XX las ocupaciones de los establecimientos docentes, las revueltas y las marchas callejeras de protesta estudiantil y resistencia sindical.
Al día de hoy, suman centenares de miles los estudiantes desertores de todos los grados, en situación consolidada de pobreza, -sobre todo escolares y liceales de hogares carenciados-, a la luz también del desempleo creciente, violencia territorial, falta de oportunidades y tentación de plata fácil obtenida del narcotráfico.
Es tal el desquicio, que una muy mal aplicada autonomía, desvirtuada en el universo estudiantil, político, docente y sindical constituye el fracaso, medido en décadas perdidas, a nivel de la Enseñanza Primaria, Secundaria, Universidad del Trabajo del Uruguay y Universidad de la República.
Resulta saludable advertir que el sistema político de la coalición haya puesto sus ojos sobre la Educación en todos sus niveles, aguardándose que la población, a través del referéndum, consolide la decisión del gobierno.
Veremos, entonces, si la anunciada resistencia sindical a los vientos de reforma logra doblar por segunda vez la mano de un primer mandatario. En primera oportunidad, la de Tabaré Vázquez, desconocido de la noche a la mañana por los docentes cuando pretendió aplicar la esencialidad a un paro en la enseñanza. Hoy, la de Lacalle Pou, defensor a ultranza de la Ley de Urgente

Consideración.
Calificado por Google como “velocista digital”, Uruguay se ha destacado en América Latina por las políticas que ha implementado en términos de conectividad, inclusión, acceso y educación. Por si fuese poco, en el mundo se lo considera una economía emergente que tiene el potencial para avanzar y acelerar su desarrollo económico de la mano de la digitalización.