Un ciudadano de Piriápolis, Humberto Cabrera, se apresta a demandar al estado después de haber pasado 14 meses encerrado en prisión acusado de haber abusado de su hijo. Según afirmó, la única prueba presentada en su contra fue una grabación realizada por la niñera, que hizo que su hijo lo incriminara aprovechándose de su ingenuidad infantil. No obstante, luego se supo que la mujer padecía una enfermedad que la obliga a denunciar a personas una y otra vez sin fundamento alguno. Este fin de semana, el hombre relató su calvario al diario capitalino El Observador y anunció que demandará al estado por “prisión indebida”.

Todo comenzó un jueves de julio del año pasado, cuando el hombre estaba en su casa de Piriápolis a punto de desayunar. Había trabajado tres largos días y se aprestaba a gozar de una jornada de asueto. “Somos policías, tenemos una orden de detención para ti. Te tenemos que allanar la casa, y no podés estar acá”, le dijeron tres hombres y una mujer que llegaron en una camioneta. Sumamente confundido, Cabrera solo atinó a pedirles que no hicieran ruido porque su bebé dormía. Luego llegaron cuatro hombres más y fue trasladado a la comisaría. En el camino, los vehículos pasaron a recoger a su hijo de seis años, que estaba en un colegio.
“Los 40 kilómetros que separan a Piriápolis de la capital departamental los hicieron a 130 kilómetros por hora, recuerda. En su cabeza buscaba una explicación y se preguntaba qué estaba pasando. Al llegar a la altura de Solanas, uno de los policías le dijo: ‘Vos estás acá porque le bajaste una mano a tu hijo'”, contó la nota de El Observador.

“Una locura”
Una vez en Maldonado, Cabrera tuvo ánimo para responder a las acusaciones, a las que calificó de “una locura”. “Tenemos pruebas”, le dijo un agente. “Quiero que me las muestren”, replicó. Luego supo que su niñera lo había denunciado por golpeador, abusador, alcohólico y drogadicto, y a su pareja por cómplice del abuso.

La mujer, que había sido contratada poco después del nacimiento de su segundo hijo, había presentado como prueba una conversación con el niño que ella misma había grabado con un celular. El niño contaba: “Yo le decía a papá que me hicieran cosquillas y él me agarraba de los brazos y me metía el dedo en el culo, mientras papá hace eso mamá me toca el pito”.
Cabrera negó todas esas acusaciones. Uno de los efectivos le aclaró: “Mira que tu señora está detenida ahí y vas a tener que decir la verdad”. Luego de un interrogatorio el hombre fue a un calabozo. De allí pasó al juzgado donde le hicieron una pericia psicológica. Al otro día declaró ante el juez. De allí salió esposado y fue visto por varios conocidos. Lo llevaron a una mutualista para un chequeo médico y lo trasladaron a la cárcel de Las Rosas.
En el auto de procesamiento el juez penal Marcelo Souto, escribió que Cabrera “en reiteradas oportunidades hizo objeto de tocamientos lascivos” a su hijo. “Debe considerarse que según indican las máximas de la experiencia los niños no inventan este tipo de episodios, mientras que los adultos involucrados como presuntos abusadores siempre tienden a negarlos”, agregó. El magistrado lo halló culpable de “reiterados delitos de atentado violento al pudor” y señaló que surgían indicadores específicos relacionados con el abuso sexual infantil. El procesamiento fue pedido por el fiscal Rodrigo Morosoli, quien compartió las apreciaciones del juez.

Con respecto a la madre del niño, el juez concluyó que no se habían reunido “los elementos de convicción suficientes que fundamenten un reproche penal”. De todos modos, la dejó emplazada y pasó el caso a un juez de Familia. Ese tribunal le quitó a la mujer la tenencia de sus hijos –uno de ellos lactante– y se la dio a sus abuelos maternos, con quienes han vivido hasta ahora.

Absuelto
Cabrera estuvo 14 meses y seis días preso. El 4 de octubre pasado el Tribunal de Apelaciones en lo penal de tercer turno lo absolvió y decretó su inmediata liberación. Por unanimidad los ministros Eduardo Borges, Julio Olivera y Pedro Salazar señalaron que la “prueba fundamental” en la que se basó el juez “flaquea”, puesto que el diálogo en el que el niño cuenta el presunto abuso fue “guiado por la niñera”. Argumentaron que las preguntas de la niñera eran “claramente sugestivas: ‘¿Qué era que me contabas que te hacía tu padre y tu madre?’ ‘¿Y mamá qué te hace?’ ‘¿Y mamá qué te toca?’ ‘¿Y mamá te toca el pito?’ ‘¿Así que te tocan los dos?’ ‘¿Y cómo te toca?’, dejando en evidencia que la charla ya venía desarrollándose sin poder establecer cuál era su tenor, en qué condiciones y cuál fue su generador”.
Citando a expertos en abuso sexual infantil, el tribunal señaló que para diagnosticarlo “es necesario tener otros indicadores”, porque “el testimonio de los niños necesita ser valorado con cuidado”. Además, el tribunal consideró que el niño “carece de signos físicos de violencia externa genital ni anal”, y desde lo conductual no hay signos que permitieran sospechar que “estuviera siendo víctima de un abuso sexual intrafamiliar”.
“Se entiende que solo el relato del menor recabado en primer término en las especiales condiciones expuestas no es suficiente para avalar un enjuiciamiento y menos aun para avizorar que (pueda haber) una sentencia de condena”, concluyó la sentencia.
Ahora Cabrera está libre e intenta recomponer la vida de su familia. No obstante, decidió hacer un juicio al Estado por prisión indebida. “No sé el tiempo que va a llevar, pero lo tengo que hacer, por mí y por mi familia. Tengo que hacerlo por mis suegros, que se pusieron esto al hombro y dejaron la vida cuidando a mis hijos”, indicó.

 

Una mujer enferma

Luego del procesamiento de Humberto Cabrera, su familia presentó denuncia penal contra la niñera por injurias, manipulación del menor, exposición revictimizándolo, apropiación indebida de las llaves de la casa, entre otros delitos. El caso radicado en el mismo juzgado que procesó a Cabrera aún no se movió y esperan que lo haga ahora que el hombre fue absuelto.

La niñera, de 52 años, había realizado varias denuncias a un 0800, pero como le pedían pruebas grabó el audio. En la denuncia en su contra, la familia planteó que tiene una personalidad querulante, una patología que la impele a denunciar, y que lo había hecho con 12 personas antes que a la pareja de Piriápolis.
La familia presentó testimonios certificados por escribano de testigos que aseguran que es psiquiátrica y jamás había cuidado niños. Según surge de una pericia privada realizada al niño por la psiquiatra infantil Jacqueline Maidana, en la que la profesional descartó el abuso, el niño dijo estar enojado con la niñera porque lo “engañó”. “Me prometió regalarme un Ricardito y un paquete de galletitas waffles si yo contaba una historia, un secreto malo de mi mamá y mi papá (… ) me dijo que si no le decía eso a los señores, no me iban a dejar ir”, refirió.

 

 

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