“Una política social: asentamientos”, por Por José L. Rapetti Tassano

Establecer y concretar una política social determinada, revela el grado de sensibilidad y compromiso con la Sociedad que tiene un gobernante. La política de dar dinero u otras formas fáciles de resolver administrativamente ciertos problemas de los ciudadanos, no son comparables con las políticas de resolver situaciones como las de los asentamientos irregulares. Plantearse el problema de los asentados ya supone un sentimiento solidario con personas desvalidas. Y si además el gobernante lo encara y puede resolverlo, es altamente destacable y un mérito por el cumplimiento de fines muy claros de nuestra Democracia y de resoluciones de las Naciones Unidas sobre Derechos Humanos referidos a vivienda y condiciones de vida. Revela también una ideología del gobierno. Es curioso que muchas veces haya un estereotipo con el que se ubica a un sector político calificándolo de izquierda si proclama acercamientos a sectores desposeídos. Sin embargo, fallan cuando tienen la responsabilidad de ejercer el gobierno que se auto identifican como izquierdistas, no realizando esas políticas reivindicativas del bienestar humano en sus diversos aspectos. Simplemente se conforman con mitigar escasamente el padecimiento de gente en una situación social vulnerable, esos no serían de izquierda sino meramente populistas. Eso es algo que se ha visto en varios países de nuestra Latinoamérica, con gobiernos de rasgos populistas que finalmente sólo tienden a prolongar su permanencia en el poder.

ENCARAR LOS DRAMAS
DE LOS ASENTADOS

La inmensa mayoría de las personas que componen los núcleos de asentados en forma irregular son migrantes de nuestro País. Hace unos años los sociólogos estudiaban las migraciones campo-ciudad, referidas especialmente a los casos dados entre Montevideo y zonas rurales o poblaciones semi rurales del Interior. Actualmente esas migraciones se dan entre ciudades del Interior, y mayoritariamente de capitales departamentales hacia la ciudad de Maldonado. En sus pagos natales no hay perspectivas de progreso para la gente, así es que en búsqueda de nuevos horizontes se lanzan hacia un destino incierto, pero llenos de esperanzas. El centralismo endémico del Uruguay nos enrostra esa dramática decisión de un padre de familia, o de un joven que rompen el sagrado vínculo con el solar nativo. Una decisión difícil, que cuando se arriba al nuevo lugar se vuelve a poner en la balanza, porque aquí la realidad no es la misma que soñaron allá en el terruño de origen.
El desconocimiento para abordar diferentes trabajos, los adelantos tecnológicos, van desplazando aquella vieja concepción de la mano de obra tradicional.
¿Dónde vivir mientras se busca el trabajo? Todo tiene precios inalcanzables, y la gente busca desesperadamente un lugar con algún techo de cualquier material. Busca un lugar en una inmensidad desconocida donde amparar a sus hijos, a su familia.
Un día ingresaron a la Granja Cuñetti, se formó el Barrio Kennedy, se formó el caserío de El Placer, se ocupó parte de Maldonado Nuevo, se fueron a vivir bajo los cables de Alta Tensión de la UTE en el San Antonio, y otros pequeños núcleos se fueron agrandando. A todos esos asentamientos nombrados se les encontró una solución, y algunos aún están en marcha como ocurre con el Barrio Kennedy que se está en proceso de traslados de decenas de familias.
El Gobierno Departamental de Maldonado ha ido solucionando a lo largo de 30 años las diferentes situaciones que se daban. Algunos terrenos ocupados eran de particulares y otros municipales, pero a todo se les encaró con estudios serios y se llegó con la buena voluntad de los asentados a superar las tensas situaciones creadas.

EL COMPROMISO POLÍTICO

Cuando el Intendente Ingeniero Enrique Antía anunció que iba a trabajar para la solución de los asentamientos de El Placer y Barrio Kennedy, lo hizo con el compromiso político de todo el Partido Nacional y con la parte mayoritaria del Frente Amplio bajo el liderazgo del entonces Diputado Dr. Darío Pérez. Ese compromiso fue como se reclama muchas veces una política de Estado, o sea que se establece por encima de intereses sectoriales y para estabilidad y permanencia a la acción de los organismos públicos. Llevado a la Junta Departamental para aprobar los recursos de dinero y de tierras se cumplió y con esa base de Política pública, se hizo lo que parecía imposible por el largo tiempo sin encontrar soluciones.
De ese compromiso político, detengámonos en el recientemente realojado asentamiento de El Placer. Allí junto a la margen derecha del Arroyo Maldonado un pequeñísimo grupo de pescadores tenía sus precarias viviendas.
Ellos no ofrecían ningún problema, pues su número era insignificante y sabían que aquello era ajeno y transitorio mientras duraba la pesca. Pero lentamente en los veranos se fueron acumulando chozas de gente que sólo venían a pescar.
Hasta que llegó de a poco la migración, inclusive con gente de Montevideo instalándose en forma totalmente irregular, carente de servicios y condiciones para un desarrollo humano elemental.

EL ERROR DEL GOBIERNO CENTRAL

Por desconocimiento de Gobiernos Departamentales de más de medio siglo atrás, esos lugares públicos no fueron atendidos ni preservados porque simplemente no estaban asediados.
El Gobierno Nacional entendió erróneamente que esa zona del Arroyo, llamada El Placer era suya y se la encomendó a la Dirección General de Catastro y Administración de Bienes Nacionales. Esta es una repartición del Ministerio de Economía y Finanzas que está especializada en otras cosas, pero está muy lejos de tener aptitud para crear, ordenar y fomentar una población, un centro urbano.
Sin el mínimo criterio de un trazado urbanístico, el asentamiento fue creciendo y cada lluvia sin adecuar el terreno al escurrimiento natural de los pluviales, y menos aún al periódico crecimiento del cauce del Arroyo Maldonado, las inundaciones provocaron el pánico en los pobladores que muchas veces tuvieron que salir en bote de sus viviendas con lo mínimo. Ahí el Gobierno Departamental, a través de varias administraciones buscó soluciones, inclusive desalojos decretados por el Poder Judicial.
Como consecuencia de ese acuerdo político referido, el Intendente Enrique Antía con su equipo dialogó y acordó las condiciones de un realojo digno y conveniente para todos, especialmente para los asentados.
Hoy viven aquellos asentados de incierto futuro, en sus casas de material, con los servicios públicos y las comodidades de sus demás conciudadanos.
Hay futuro confiable en la gente que pasa a integrarse a una Comunidad solidaria. Aquel Gobierno Nacional pasado no contribuyó en solventar los gastos de todo el proceso de reinserción, lo debió llevar adelante este Maldonado pujante y camino de ser futuro cierto y sólido, ejemplo en el País. Hay Gobernantes confiables en una Democracia que es para todos.

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