mieresPor Pablo Mieres (*)

Cada día que pasa aumenta la sensación de que el Frente Amplio está viviendo un serio y preocupante proceso de enajenación con respecto a la “realidad real” que se expresa particularmente en una creciente autocomplacencia cada vez más incapaz de reconocer aquellos asuntos que andan rematadamente mal.

En efecto, el eslogan elegido por el comando de campaña del seguro candidato del partido de gobierno, dice lacónicamente “Vamos bien”. Suena conformista, suena a que ya se hizo lo que había que hacer y ahora se trata simplemente de una especie de “inercia continuista”.

Hay muy poco de ambición, de desafíos nuevos, de nuevas ideas o propuestas. La convocatoria del Frente Amplio y, además, los contenidos de los discursos de su candidato muestran poco dinamismo, predomina de manera muy fuerte la sensación de que todo se ha hecho bien y nada hay para revisar o cambiar. Sorprendente, ¿no?

Veamos cómo son las cosas.

Nadie puede dudar que esta década de gobiernos del Frente Amplio ha estado signada por un fuerte proceso de crecimiento económico que alcanzó rangos históricos y excepcionales en nuestra historia. En sintonía con ese proceso de crecimiento, provocado por una coyuntura internacional particularmente favorable, nuestro país ha vivido un fuerte impacto positivo en materia de aumento de los ingresos y del consumo de una buena parte de la población. También se ha generado una fuerte reducción de la pobreza y de la desocupación.

Sin embargo, estos indicadores positivos no agotan la realidad que vive nuestro país. Hemos sostenido y reafirmamos que este inmenso crecimiento económico no se ha transformado, como debería, en un proceso de consolidación del desarrollo humano. Por el contrario, nuestro país tiene enormes asignaturas pendientes que esta década de gobiernos del Frente Amplio no ha sabido o no ha querido resolver.

¿Vamos bien en educación? Vamos rematadamente mal. Cada vez vamos peor. Cada vez que nos medimos con el mundo, estamos más atrás en el ranking. Nuestra educación pública es terriblemente desigual. Tenemos tasas de repetición y deserción grotescas y escandalosas. El porcentaje de jóvenes que terminan enseñanza media es uno de los más bajos de América Latina. La calidad de nuestra educación ha descendido ostensiblemente y no se han tomado las decisiones imprescindibles para iniciar un profundo proceso de transformación que debería adquirir proporciones revolucionarias.

¿Y qué dice el candidato del gobierno?, que no estamos mal, que los que criticamos, estamos exagerando, que se está en un proceso de cambio. Muy preocupante, porque ni siquiera hay conciencia de la gravedad de la situación.

¿Vamos bien en materia de seguridad? Vamos horrible. No se ha logrado revertir la tendencia al aumento progresivo y permanente de las estadísticas delictivas. Siguen aumentando los delitos y la violencia se ha instalado a niveles nunca vistos.

Durante diez años de gobierno del Frente Amplio la inseguridad no ha hecho otra cosa que aumentar y esto no es un asunto de “sensación térmica”, es un problema objetivo que se mide con datos que el propio Ministerio del Interior recolecta y publica.

La gente en la calle y en su vida cotidiana es la que sufre y señala, cada vez más indignada, por la inseguridad que vive; sin embargo nada indica que se esté dando una respuesta efectiva a esta problemática.

¿Vamos bien en materia de integración social? No. La reducción de la pobreza y el diseño de las políticas sociales implementadas por el gobierno del Frente Amplio no han logrado una significativa recuperación de la integración social.

El perfil asistencialista de la mayor parte de los esfuerzos sociales emprendidos no ha hecho otra cosa que mantener la realidad de una sociedad fracturada y segmentada que no recupera la sintonía de un sistema de normas y valores común.

Los niveles de desigualdad social siguen siendo tan elevados como hace una década.

¿Vamos bien cuando el sistema de salud reformado ha traído como resultado que todos los uruguayos gastamos cada vez más en salud y la calidad y oportunidad de la atención se ha deteriorado notoriamente? El acceso a un especialista en el sistema mutual uruguayo tiene hoy una demora de más de dos meses promedialmente, mucho más de lo que se demoraba antes de la reforma.

¿Vamos bien en materia de infraestructura? Está claro que la capacidad instalada en materia de caminería, logística y demás apoyo físico al proceso de crecimiento se ha quedado muy atrás, generando un profundo límite a las oportunidades del desarrollo de nuestro aparato productivo.

¿Vamos bien en la reforma del Estado? Sigue siendo una asignatura pendiente sin que se hayan producido los ineludibles cambios que pongan el Estado al servicio de la ciudadanía y del desarrollo productivo de nuestro país.

¿Vamos bien cuando el partido de gobierno ha reiterado y caído en los mismos viejos vicios de la política que tanto se criticaban, con razón, a los partidos tradicionales? Baste al respecto señalar las acusaciones internas de compra de diputados o de compra de votos en procesos de debate interno.

En fin, sería bueno que el partido de gobierno tomara en consideración estos asuntos, si así lo hiciera seguramente revisaría cuidadosamente su eslogan de campaña.

No vamos bien. Por el contrario, han quedado demasiadas cosas en el debe para haber gozado de una década de inédita prosperidad. No hay señales de reconocimiento de la complejidad de la realidad. No hay peor sordo que el que no quiere oír y peor ciego que el que no quiere ver.

 

(*) Presidente del Partido Independiente

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