“Venezuela es una dictadura y Guaidó “es una buena pregunta””, por Danilo Arbilla

Ernesto Talvi, ya lo hemos dicho, le erró al aceptar la Cancillería. No entendió que perdía su condición de par y pasaba a ser uno más en el gabinete del Presidente. También le erró el presidente Luis Lacalle Pou al ceder las relaciones exteriores a un ajeno, por muy aliado que fuera.
Hubo cortocircuitos inevitables y como pasa en esos casos, se va el Ministro.
Y el presidente retomó las riendas. Designó a un muy amigo –Francisco Bustillo-. No conformó a muchos. Salvo a los expresidentes Julio María Sanguinetti, Luis A. Lacalle Herrera, José Mujica y Tabaré Vázquez, que le dieron su respaldo. (Me gustaría saber qué les dijo sobre Venezuela y cómo hizo para atar esas cuatro moscas por el rabo. Y, ya de paso, también me gustaría saber si fue él quien le avisó a Vázquez que Kirchner nos quería invadir y que era conveniente hablar con Bush)
Decididamente el tema de las relaciones exteriores, sigue difuso. No ocurre lo mismo con la seguridad, la economía o con la Salud Pública que ha pasado a ser el buque insignia en esta época de peste.
No se percibe ningún cambio llamativo tras el enroque en el Palacio Santos. Ni con la propuesta de Talvi (¿), ni tampoco con la política del gobierno anterior. Se mantiene la “doctrina” Nin Novoa.
Bustillo llegó y fue a visitar a los cuatro expresidentes. Algo así como lo que hacen los embajadores al llegar, como una segunda ronda luego de presentar sus cartas credenciales.
Se ha dicho y escrito que es un hombre con experiencia en el campo diplomático. Se especifica, empero, que se trata en realidad de un funcionario diplomático político con muchos años en la cancillería, con buen manejo de las relaciones político personales, que sabe elegir los amigos y dónde buscar respaldos. Bustillo, que por momentos no es un hábil declarante, más de una vez en estos días repitió que él ha sido embajador de los colorados, del Frente y del partido Nacional. En realidad, lo que ha sido es embajador de República Oriental del Uruguay.
Al presentar su política dijo que va a procurar lo que procura todo canciller – le tiró alguna patadita a Talvi- que es el mayor beneficio para el país: más comercio con todos los países, vender, atraer inversiones, etc, etc.
Hizo gala un poco, de esa condición de petiso compadre que dos por tres nos ataca a los uruguayos y nos lleva a creer, por ejemplo, que podemos amansar y hacer entrar al redil a potros como Bolsonaro y Alberto Fernández (es decir, Cristina y Máximo Kirchner).
Por supuesto dijo que lo ideológico no pesará en nuestra política exterior, y menos en la comercial.
Por ahí dijo que no iba a hacer revisionismo.
Parecería que Bustillo no quiere quedar mal con la gente de izquierda. Lo mismo le pasaba Talvi.
El asunto es no salirse de lo “políticamente correcto”. Mujica lo bendijo. Vaya uno a saber.
Y está el caso Venezuela. Desde luego que nuestra política exterior no puede girar en torno a lo que pasa en ese país, pero hay cosas por aclarar que se han dicho respecto a las “relaciones” con el chavismo, por un lado y por el otro, porque constituye la prueba más elocuente de cómo los gobiernos del FA hicieron pesar la ideología en las relaciones exteriores. Recordar, por ejemplo, el ingreso de Venezuela al Mercosur, suspensión de Paraguay mediante.
Venezuela tiene un valor agregado. Por eso fue el titular que sirvió para precipitar el alejamiento de Talvi, quien solo dijo que como Canciller entendía que no correspondía calificar de dictadura a gobiernos con los que mantenemos relaciones. Es lo correcto. Pero derramó el vaso. Lacalle dijo que era una dictadura. Delgado lo mismo.
Lógicamente Bustillo no iba a decir otra cosa y lo dijo así: “Conforme al derecho internacional público, las normas democráticas que nos hemos dado en nuestra América, mi propia convicción, la del presidente de la República, el gobierno todo y no tengo dudas que de cualquier habitante nacido en la tierra de Artigas, con libertad no ofendo ni temo, Venezuela es una dictadura”.
Mucha vuelta ¿no? y para decir algo que está cantado: Venezuela viola los derechos humanos y hay un solo poder, lo dice la ONU y Bachelet, en Venezuela no se respetan los principios de la Carta Democrática Interamericana y además por esos mismos motivos – por lo establecido en el Protocolo de Ushuaia – fue suspendida en el Mercosur. ¿Qué tanta explicación?
A reglón seguido dijo que se iba a seguir apoyando al Mecanismo de Montevideo, aquel invento del mejicano AMLO que hablaba de dialogo sin necesidad de elecciones y del Grupo de Contacto que decía lo mismo, pero con elecciones como primera cosa. ¿Qué es lo distinto? Además, esos sellos ya no existen.
En radio Sarandí le preguntaron sobre Guaidó y dijo que era una buena pregunta. Titubeó un poco y añadió que era un venezolano de ley y el ciudadano que representa la legítima Asamblea Nacional pero precisó: “no consideramos que sea el Jefe de Estado”.
Agregó y también lo explicó con muchos vericuetos que el gobierno reconoce a Maduro. Es el que manda en el territorio.
Pero, Venezuela es emblemática y algo más. Fue tema clave en la campaña electoral, era lo que dividía las aguas y la gente no voto por lo que ha dicho Talvi y ni por lo que hoy repite Bustillo. Voto por un cambio. Es lo que se le prometió. Por eso no está claro.

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