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Por Pablo Mieres

Nuestro país está atravesando importantes dificultades. Definitivamente ha quedado atrás la fabulosa década de bonanza y crecimiento excepcional y, en su lugar, se abre paso una etapa ya no de desaceleración, sino definitivamente de freno. Los principales economistas de este país comienzan a hablar de una etapa de “estanflación”, es decir estancamiento con inflación. Una combinación compleja y con desafíos difíciles de resolver en el corto plazo.

Por si quedara alguna duda, la opinión de los ciudadanos, que es un buen termómetro de lo que ocurre, señala que a pesar de la gravedad de la situación de inseguridad que vivimos, este tema pasó a un segundo plano para que los problemas vinculados con el empleo y el salario volvieran a ocupar (tal como era en otros tiempos) el primer lugar entre los asuntos que más preocupan a los uruguayos.

En efecto, la producción está en niveles de estancamiento y, por otra parte, el déficit fiscal está alcanzando proporciones muy preocupantes, el propio gobierno que ha tratado de restar importancia a estas cifras, reconoce que en este año el déficit fiscal alcanzará al 4.3% del PBI y que el crecimiento de la economía estará por debajo del 1%. Aún queda la duda si efectivamente existirá crecimiento.

Ya hemos recibido el impacto de un ajuste fiscal por la vía del incremento de las tarifas públicas, en la Rendición de Cuentas se votará un segundo ajuste incluyendo incrementos tributarios y no se descartan nuevas medidas de ajuste, seguramente por la vía administrativa.

El gobierno está pagando la década de despilfarro e irresponsabilidad con un gasto imponente que se fue como el agua entre los dedos. Además, se ha instalado un complejo debate sobre las pautas salariales cuya dilucidación implica asumir el duro dilema de elegir entre mantener el poder adquisitivo del salario o incrementar el desempleo.

En este contexto se reunió el máximo órgano de conducción del partido de gobierno, el Plenario Nacional del Frente Amplio. ¿Y qué decidió? ¡Promover una reforma constitucional!

Sorprendente e insólito. Ni una palabra sobre los graves problemas que atraviesa el país en el que ellos mismos gobiernan. Ni una propuesta para avanzar ante la situación actual.

La propuesta del Frente Amplio está orientada a consagrar en la Constitución ciertos principios programáticos que buscan consolidar ciertos “avances sociales” ante el miedo de que sean revertidos en el futuro, por ello proponen incorporarlos en la Constitución.

Si la propuesta implica plebiscitar los cambios constitucionales antes de las elecciones nacionales de 2019, tienen un solo camino posible que consiste en la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Porque de acuerdo a lo que establece la Constitución actual, sólo hay dos procedimientos para que la reforma se plebiscite en fecha diferente a las elecciones nacionales, una es la ley constitucional que requiere un acuerdo de dos tercios de la Asamblea General cosa que resulta imposible debido a los contenidos que propone el Frente Amplio, la otra es la convocatoria a una Asamblea Constituyente.

Entonces, si se busca cambiar la Constitución antes de 2019 el único camino posible es la Constituyente. Ahora bien, ¿qué quiere decir que van a promoveruna reforma constitucional? Significa que el partido de gobierno embarcará al país en dos campañas electorales antes de 2019; la primera para elegir a los constituyentes y un año después para plebiscitar las reformas propuestas.

El país en crisis, el país en problemas relevantes y el partido que gobierna le propone a la gente dedicarnos a una campaña electoral por año de aquí a 2020. Todavía no salieron de la campaña electoral interna que los tiene embarcados desde principios de este año y ya están pensando en otras dos campañas electorales. Sin palabras.

Porque, además, las campañas electorales implican gastos para el Estado. Pero para un partido que le ha hecho gastar al país mucho más de lo que tenía, qué puede importarle eso.

Es más, si los ciudadanos caen en la cuenta de que, además, la elección de la Asamblea Constituyente implica elegir 260 constituyentes que trabajarán durante un año y, seguramente, cobrarán sus correspondientes sueldos. ¡Entonces la gente los va a matar!

Están tan encerrados en sus propios discursos y en las “seguridades” del poder que no se dan cuenta que viven en un mundo paralelo, que hace ya un tiempo que dejaron de sintonizar con buena parte de la ciudadanía, que mira con perplejidad, las ocurrencias y los desastres de un partido que hace mucho tiempo cuenta con demasiado poder.

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