“A paladas”, por Danilo Arbilla

Poder de síntesis el de un paisano de mi pueblo que los domingos iba a la “segunda” misa obligado por su mujer que madrugaba para ir a la “primera”.
“Como estuvo?”, le interrogaba por control su esposa.
“Bien”.
¿Y el sermón?” insistía ella.
“Bueno”.
“¿Y de qué habló el ’padre’?”.
“Del pecado”.
“¿Y qué dijo?”
“Que estaba en contra”
Me acorde de este caso al leer ayer un resumen de la interpelación a Azucena Arbeleche, (una señora ministra esta muchacha; ¿no tienen esa sensación?).
Dice así: “Sus explicaciones (de la señora ministra) fueron respaldadas por toda la coalición y rechazadas por toda la oposición”. Está todo dicho. Era lo que se esperaba. Nadie se sorprendió. Del resto de lo que pasó ¿alguien se enteró?. ¿No habrá sido un gasto inútil y una pérdida de tiempo?. ¿Alguien midió cuántas personas siguieron en directo la interpelación?. ¿Se hizo alguna encuesta para ver cuántos tienen idea de lo que la diputada preguntó y de lo que Arbeleche le respondió?
Es lo que tiene que hacer la oposición: controlar, vigilar, se dirá. Lo que, por ejemplo, no hizo la oposición en el periodo de anterior respecto a las licencias gremiales de los profesores, por citar un caso; que este sí que está en la picota pública. Más de cinco mil horas dicen. ¡5.000!, ¿cuánto será en plata?. Sin ningún respaldo legal; dispuestas por edicto de la suprema autoridad sindical. Y siempre con la vista puesta en las próximas elecciones y en eso sería injusto culpar solo a la oposición. Hay una pila que solo piensan en ello.
Por otra parte, aquello de que “al gobierno ni un vaso de agua”, viene desde lejos, y de mucho antes también.
Siempre se han cocido habas. Pero hay momentos en que hay que jugar a ser responsables: sobre todo cuando se avizora en el horizonte una tormenta seria y se huele el viento.
Tras perder las elecciones la gente del FA se salía de las vainas y estaba ansiosa. Pero vino la peste y no tuvieron más remedio que portarse bien. O más o menos bien. Hicieron caceroleos, apagones, paros en varios sectores, propusieron cuarentenas, salarios pa’ todo el mundo medidas locas a paladas, pero la realidad les hizo bajar el copete. Igual no cejaron, cuando se abría una brecha ahí estaban pica en mano: el desborde de los CTI, o de las vacunas. Ahí estaban ellos con Sputnik a manos llenas. Se pasaban a veces, como en aquello de las muertes evitables.
Tras esta demora imprevista se largaron con el plebiscito y con todo. Lo de la guerra y sus consecuencias no lo asumen como un problema nacional, como otro ”garrón” que se comen los uruguayos.
Apelan a la desmemoria: “en el 2019 vivíamos mejor” (quiénes, ¿los profesores que no trabajaban?), “había más seguridad” (¿si?). En cualquier momento Pereira nos dice que en el 2019 gracias al FA no hubo pandemia.
Pero, aunque no se quiera hay una tercera tormenta a la vista: la de la seguridad social. No es serio decir a la gente que para solucionar ese tema hay “plata que se recoge a paladas”.
Es muy grave y no vale pasarse de vivos. Tampoco los otros están dispuestos a dárselas servida. Y en ese juego solo pierden los jubilados; esto es, los que hoy están jubilados, los que se jubilarán dentro de cinco o 10 años y los que sueñan con jubilarse dentro de 40 años. Son millones.