“Alberdi y Herrera, el caudillo y el ser nacional”, por José L. Rapetti Tassano

El proceso de creación y afirmación de los Estados Nacionales de nuestra América del Sur estuvo marcado por la existencia y actividad de los Caudillos. Término hispánico que significa conductor. Escritores de diversas disciplinas adjudicaron al caudillismo muchos de los males por los que ha atravesado nuestra Sudamérica. Algunos han creído encontrar en esa figura socio política del caudillo al responsable de los desaciertos y fracasos en la consolidación nacional de nuestras incipientes patrias del Sur. Aquí en tierras del Plata el gauchaje cerril y élites ilustradas, fueron forjando nuestras entidades históricas con lo que pudieron aportar, tarea nada fácil la de encauzar por normativas e instituciones que rompían los moldes coloniales.
Limitados por el espacio referiremos solamente algunos conceptos de quienes con mayor autoridad han expuesto este tema. No desarrollamos por tanto otros aspectos del concepto, que exceden nuestras posibilidades y que la Sociología, una ciencia naturalmente propia del tema, ilustraría con autoridad. Solamente agregamos que la figura del caudillo la tomamos con independencia de sus ideas, de si es bueno o malo, pues nos importa fundamentalmente la atracción recíproca entre la masa y el jefe, ese que ella directamente elije, una masa que en el Siglo XIX especialmente es de composición gauchesca. “El caudillo se impone y es impuesto a la vez por su pueblo” decía el Dr. Pedro Bustamante, un principista montevideano, que agregaba: “El caudillaje es la forma de los pueblos que nacen….”

CRÍTICOS DE GAUCHOS Y CAUDILLOS
Como parte de la herencia económica y social de las estructuras coloniales de la región platense surgen caudillos y gauchos. A la vez van delineándose los perfiles de los futuros Partidos Políticos que serán los actores en escenarios del Río de la Plata. Lo serán durante el Siglo XIX y seguirán algo más. Así estarán en ambas orillas del Plata emparentados los Unitarios y los Colorados; y por otro los Federales y los Blancos.

BARTOLOMÉ MITRE centra el fuego anti gaucho en Historia de Belgrano y concuerda con él DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO, ex presidentes, grandes ideólogos y sostenedores del Partido Unitario en Argentina. Cuentan con el beneplácito del Partido Colorado en Uruguay. Sarmiento ha establecido la división de la Sociedad en Civilización y Barbarie, perteneciendo la ciudad a la primera y el gauchaje a la segunda o sea a la campaña. Es conocida la recomendación que en 1861 Sarmiento le hace al General Mitre “No trate economizar sangre de gauchos”.

OPINIONES DIFERENTES
Juan Bautista Alberdi en Argentina y Luis Alberto de Herrera en Uruguay, serán quienes en tiempos diferentes enfrenten principalmente las posiciones anti gauchescas y anti caudillistas de las élites de Unitarios y Colorados. Jorge Abelardo Ramos resume del pensamiento de Alberdi su análisis económico del conflicto cuyo núcleo es Buenos Aires y la posesión del Puerto, la administración y provecho de la Aduana con la consecuencia del ahogamiento económico de las Provincias del Interior, que Ramos ahonda en su obra “Revolución y Contrarrevolución” en la disputa entre comerciantes y ganaderos, todo lo cual se afirmó con los gobiernos de Rivadavia, el propio Rosas y Mitre. La vieja disputa bajo el colonialismo español entre los Puertos de Buenos Aires y Montevideo seguía posteriormente en el Plata. Toda la investigación seria, que en Uruguay han hecho los historiadores nacionales de los tiempos iniciales coincide con lo expresado.


JUAN JOSÉ HERNÁNDEZ ARREGUI, escritor argentino en su libro “Imperialismo y Cultura” (Bs. Aires 1957), afirma que “La estructura feudal de la sociedad colonial subsistente entra en contradicción con las técnicas del dominio capitalista. Esta política exige formas de explotación avanzadas. Las Colonias, al ingresar definitivamente a la economía mundial internacionalizada liquidan los últimos restos de su relativa autarquía precapitalista”. Sigue el escritor argentino mencionando la influencia del sistema financiero internacional en las oligarquías nativas, con “la expoliación de las poblaciones autóctonas”. Para J.J. Hernández Arregui “El caudillaje fue la respuesta a esta situación”. Agrega luego: “El federalismo, más que el ideal político del Interior, es una actitud desesperada de defensa, de inútil heroísmo frente a la brutal voluntad histórica de una minoría…..”. Agregamos que esa situación descripta, sobrevino después que en el 1813 nuestro José Artigas lo advirtiera y lanzara la idea del Federalismo como sistema, en el cual la ideología político jurídica amparaba la verdadera razón económica, que era terminar con los predominios monopólicos, fueran de España, de Buenos Aires u otros.

LUIS ALBERTO DE HERRERA
El político e historiador oriental se preguntaba razonando si podían “las entrañas de América dar fruto superior al caudillaje”; decía que este fenómeno lo genera la sociabilidad, ese medio rural con multitudes gauchescas. A esos pobladores de la campaña que el unitarismo “siempre ha querido infamar con el tilde de barbarie”, esa gente que con el “montonero Artigas” según ellos, han cometido los mayores desenfrenos” son los gauchos. Herrera describe el tipo de individuo que compone esa masa rural = “perfil fino, curtida la tez en campaña por el sol tostador, pelo lacio, buena estatura, expresión todavía española en la mirada. En el fondo del temperamento mucha melancolía. Acentuado el ceño, corta la palabra”. “Acero en la convicción, con brío y honor…” Y una frase que Herrera nos lega de nuestro gaucho: “Guerreros en la infancia colonial y guerreros en los días de la independencia, el fatalismo de las cosas nos mandaba a ser guerreros en los días de la organización”. Nos permitimos agregar que ese fue un señor de los campos, con lanza y boleadoras, identificado su ser con la libertad de su caballo lanzado al galope, personaje fuerte, indomable, individualista y sin ataduras. Difícil que las élites ilustradas interpretaran ese ser social y lo sometieran al rigor de una institucionalidad que no entendían.

JOSÉ HERNÁNDEZ, el autor de Martín Fierro y Senador del Partido Federal, citado por J.J. Hernández Arregui decía: “Los caudillos surgieron en cada provincia como un resultado fatal de la confiscación de las fortunas de las provincias hecha por Buenos Aires. Por eso, cuando vemos al partido localista de esa provincia proclamar la extirpación del gaucho, tenemos lástima de su ignorancia de la historia y de su miopía política”

JUAN BAUTISTA ALBERDI
Seguimos al profundo pensador de la madurez. El gran tucumano nos deja en “Mitre al Desnudo”, una edición que Jorge Abelardo Ramos nos brinda en Ed. Coyoacán 1961, estas reflexiones de ese Juan Bautista Alberdi que los años le forjaron el pensamiento maduro: “¿Qué es el caudillo en Sudamérica …?” “¿A quiénes acaudilla? ¿De quiénes es caudillo? ¿Quién lo constituye, quién lo crea, quién le da poder y autoridad? La voluntad de la multitud popular, la elección del pueblo. Es el jefe de las masas, elegido directamente por ellas, sin injerencia del poder oficial, en virtud de la soberanía de que la revolución ha investido al pueblo todo, culto e inculto; es el órgano y el brazo inmediato del pueblo, en una palabra, el favorito de la Democracia”. Así es entonces que Alberdi sentencia que “ El caudillaje que apareció en América con la Democracia, no puede ser denigrado por los que se dicen partidarios de la democracia, sin el más mínimo contrasentido”.
El Alberdi autor de la Bases para la Constitución Argentina, la Federal de 1852, tuvo ante sí la obra de integración institucional y política de un nuevo Estado con desniveles variados. Los gauchos, los caudillos, los que no son, los lazos federales y las divergencias post coloniales. En lo que nos ocupa aquí extraemos de Alberdi: “Con caudillos, con unitarios, con federales y cuanto contiene y forma la desgraciada República, se debe proceder a su organización sin excluir aún a los malos, porque también forman parte de la República”.
Y Sigue Alberdi: “El día que creáis destruir al gaucho porque no piensa como vos, escribís vuestra propia sentencia de exterminio y renováis el sistema de Rosas. La igualdad en nosotros es más antigua que el 25 de Mayo. Si tenemos derecho para suprimir al caudillo y sus secuaces porque no piensan como nosotros, ellos lo invocarán mañana para suprimirnos a nosotros porque no pensamos como ellos. Wright decía que el uso de los medios violentos por los federales de Rosas no había sido una exageración de los unitarios de Lavalle. El día que este general fusiló a Dorrego por su orden, quedó instalada la política que por veinte años ha fusilado discrecionalmente”.
Caudillos, gauchos y doctores terminan por construir las Repúblicas del Plata, así como escribía Alberdi, porque todos forman parte de ella. Es el demorado triunfo de la razón y el espíritu integrador Republicano y Democrático.