Ariadna Asturzzi: actriz, dramaturga y poeta que conmueve los escenarios

En una entrevista exclusiva, la talentosa actriz argentina Ariadna Asturzzi nos revela su visión sobre la actuación, su experiencia en la exitosa obra “Inmaduros", que tiene sus últimas funciones en el Enjoy Punta del Este, y la conexión entre su faceta poética y actoral.

"Nuria es una chica de mente muy abierta, feminista, militante. Una mina con convicciones muy muy potentes". Así describió la actriz a su personaje en Inmaduros

POR JULIETA TROIELLI – @azarero

Actriz, bailarina, escritora y dramaturga. Ariadna Asturzzi, es una creadora de mundos. En su corta edad, ha desplegado una carrera artística versátil y apasionante. Quizás la brújula de su camino sea estar en permanente búsqueda, más allá de los formatos. Desde sus inicios en el teatro “El Círculo” en Rosario, ha desarrollado su talento bajo la guía de destacados maestros, como Rubén Szuchmacher y Guillermo Heras. En la actualidad, cursa la Licenciatura en Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes. Su trayectoria actoral incluye más de diez series de televisión nacionales e internacionales, y participaciones destacadas en diversas películas y obras de teatro. Además, Ariadna es autora: estrenó cuatro obras teatrales y publicó su primer libro de poesía, “Mundito”, bajo el sello editorial Club Hem.

Sensible y creativa, Ariadna comparte su visión sobre la actuación en tres palabras: jugar, sentir y conmover. La actriz resalta la importancia del público en el hecho teatral y cómo busca conmoverlo y transformarlo a través de sus interpretaciones. En cuanto a su participación en la obra “Inmaduros,” menciona que esta experiencia representó una pequeña revolución en su carrera, enfrentándose por primera vez a un proyecto ya en marcha. Trabajar junto a actores de la talla de Adrián Suar y Diego Peretti fue un desafío y un aprendizaje único para ella, y destaca el valor de reírse de uno mismo y de las situaciones extremas que plantea la comedia. También revela cómo se conecta con su personaje, “Nuria,” una joven feminista con convicciones fuertes que, pese a su mente abierta, encuentra sus límites. También comparte cómo el proceso creativo de su obra “Melincué,” en la que escribió, dirigió y actuó, le permitió explorar la interacción entre palabra y cuerpo, mientras que en su faceta como poeta encuentra un vínculo amoroso y complementario con su trabajo actoral, buscando conmover al público en ambos roles.

-¿Como podrías definir qué es actuar para vos en tres palabras?
-Actuar para mí es jugar, sentir y conmover. Esas tres palabras abarcan todo lo que para mí es el universo de la actuación, que tiene que ver con lo lúdico, con ponerse como suelto al servicio de un personaje, de una historia, de poner el cuerpo para algo. Sentir, porque además del cuerpo, nuestra otra herramienta son las emociones, entonces tenemos que dejarnos atravesar por esa historia que queremos contar, por eso que le pasa al personaje. Y conmover, porque la tercera pata para mí de esto es el público, son aquellos a los que les estamos contando esta historia, que son tan importantes como los actores, los autores, los directores. Si no hay público el hecho teatral, no sucede, no se actúa nunca para uno solo. Sí para una sola persona, pero no para uno mismo. Conmover para mí es fundamental, es como el objetivo máximo: que el otro salga transformado. Tener la oportunidad de hacerle sentir algo a otra persona me parece hermoso.

“Tengo un grupo de compañeros espectacular que al principio estuvieron muy al servicio de que esté cómoda, de cuidarme y estar atentos para atajarme por cualquier cosa”

-En una entrevista dijiste que cada proyecto te significa una pequeña revolución. En el caso de esta obra, ¿qué sentís que trae de nuevo esta obra en tu carrera?
-Es cierto, cada vez que encaro un proyecto se me mueve todo. Y me gusta vivir los proyectos así. En el caso de Inmaduros, llegó en un momento muy particular personal, entonces fue realmente una revolución.Algo nuevo en principio fue que nunca había entrado con un proyecto que ya estaba andando. Es la primera vez que entro en una obra que ya está montada. Entonces fue una novedad, algo así como subirse en la estación del medio del recorrido del tren y decir ok, este es el lugar. También implica adaptarse: este es el juego se que está jugando y se juega así, con estas reglas. Por suerte tengo un grupo de compañeros espectacular que al principio estuvieron muy al servicio de que esté cómoda, de cuidarme y estar atentos para atajarme por cualquier cosa. Además me dieron mucho lugar para poder hacer mío el personaje. Eso fue una de las cosas que aprendí y que me deja esta experiencia: cómo podés hacerte de un lugar, aunque no sea desde el principio tuyo, cómo podés realmente apropiarte, en el mejor sentido de la palabra, llenarlo de vos, llenarlo de vida, y que todos también puedan tomar algo de eso.
Y después que trabajar con Adrián y con Diego es una revolución enorme porque ellos son muy queridos, muy conocidos, la gente enloquece con ellos. Entonces es realmente fuerte trabajar al lado de ellos y estar en teatros de mil, dos mil, dos mil quinientas personas riendo entregados al juego que ellos proponen es una experiencia realmente increíble, es como de otra magnitud a nivel teatral. Yo había hecho teatro comercial pero este nivel de exposición y de tamaño de obra no lo había experimentado y realmente fue espectacular, muy impresionante.

-¿De qué sentís que habla esta obra o qué mensaje le deja al espectador?
-Siento que tiene varias capas. En principio, hay algo de diálogo con la actualidad y con esta idea de “somos todos modernos y el poliamor y la apertura mental y el sexo libre”, pero como también eso puede ser una pose. Es decir, me hago el canchero o la canchera, pero quizás no esa no es una postura tan genuina. Eso dicho en una comedia me parece brillante. Que nos podamos reír de eso y decir “sí, sabes que no me queda tan cómodo… sí, che lo re quiero hacer, pero no me sale”. Por otro lado, la obra tiene algo hermoso: varios de los personajes se ríen de sí mismos, sobre todo el personaje de Adrián y el personaje de Diego. Eso también me parece que es un mensaje espectacular. Esa posibilidad de mostrar que todos somos un poco ridículos, un poco aparatos y a veces hacemos boludeces por quedar bien con otros o porque queremos estar actualizados y hacer lo que hacen todos…La obra de alguna manera abre una puerta al humor con uno mismo y al reírse de uno mismo, que está buenísimo y le quita dramatismo a las cosas. Libera, afloja, eso me gusta muchísimo de la obra.

-¿Qué podés contar de tu personaje “Nuria”? ¿Qué te resuena o gusta de ella?
-Nuria es una chica de mente muy abierta, feminista, militante. Una mina con convicciones muy muy potentes. Pero si bien es muy abierta y muy copada, tiene ciertos límites. Cuando le tocan sus principios, dice “bueno che, ya es demasiado, está todo bien, yo me copo, yo me río, entiendo que somos todos distintos, que él es más grande y por ahí todavía no entendió…”, pero en un momento dice basta. Y ahí empieza a tirar para todos lados. Eso me parece interesante. Una mujer que juega, juega, juega, pero dice “hasta acá”. De eso ya no me río, acá ya no juego. Eso para mí es importante. A Nuria se le juega algo del ideal y de la ideología, de eso que una piensa y quiere defender o le implica poner un límite.
También se ríe de ella misma…
Claro, también se ríe un poco de ella y de las cosas que plantea. Siento que hay que reírse un poco de lo extremo. A veces cuando una persona dice “ché, esto está bueno, pero aquello también”, se la tilda de tibia. Para mí los puntos medios son lugares interesantes. Son lugares más sensatos y valiosos porque pueden ver cosas buenas en distintas ideologías. A veces los extremos son peligrosos. Eso es algo muy interesante del planteo de mi personaje.

-Y en cuanto a la composición, ¿cuáles fueron los desafíos?
-La dificultad más grande fue que el personaje ya estaba armado y yo tenía que entrar en “la Nuria” que ya había compuesto otra actriz. A partir de ahí, empecé a traerlo a mí, es decir, empecé a buscar como actriz proponer dentro de ese marco que ya estaba funcionando. El desafío quizás era ponerle mi visión, mi punto de vista…no sé si mi carácter, porque no tiene que ver conmigo Ariadna, pero sí desde mi percepción de actriz, eso que yo veía del personaje que podía aportar. Eso fue interesante: explorar cómo apropiarme del personaje sin correrme demasiado de lo que estaba pautado y sin sentir que estaba haciendo algo que ya estaba de antes. Además de explorar un personaje que realmente es muy distinto a mí. Mauricio Dayub, el director, en uno de los primeros ensayos me decía algo muy divertido: vos sos muy alada, sos como muy liviana, etérea, bailarina, toda suave y este personaje es terrestre, pisa fuerte y habla grave. Habitar esa otredad fue un desafío hermoso, es el motivo por el cual elijo ser actriz.

DOS GRANDES COMPAÑEROS

-Tenés como compañeros de elenco a dos grandes de la actuación, ¿qué sentís que te llevás de estar trabajando con Adrián Suar y Diego Peretti?
-Me gusta poder hablar de ellos porque estoy muy feliz de compartir escenario con ambos. No solo son dos actores buenísimos, sino dos grandes compañeros. Voy a contar dos pequeñas cosas que siento que hablan de ellos. Diego es una persona muy tranquila, con muy buen humor, que se ríe mucho y es muy dedicado con su trabajo. Siempre está con un libro, con un anotador, con algo para escribir, y está leyendo un libro de algo que va a hacer más adelante, probablemente de acá un año. Ese nivel de dedicación en un actor, con su trayectoria, con los años que tiene, con todo el recorrido que tiene, me parece admirable y me siento muy identificada. Y de él me queda ese registro: esto ser actor, es estar leyendo un libro de una obra que tal vez hagas de acá un año, pero que querés entender de verdad. Eso me parece maravilloso y de una entrega que admiro, y que espero poder tener y que se vea eso en mi trabajo. Sobre todo el poder sostener esa entrega en el tiempo: eso es lo que admiro de Diego. Y Adrián me parece una persona sumamente inteligente. Siempre está de buen humor. Y eso, siendo un tipo con la cantidad de responsabilidades que él tiene, me parece fascinante. Su posibilidad de siempre encontrar el lado positivo a las cosas, reírse y estar tirando para adelante, generando charlas cálidas y divertidas es admirable. Habla de una cabeza de compañía que sabe que el laburo hay que disfrutarlo, y que eso se ve en el escenario. Uno a veces va a trabajar de mal humor o tiene un problema en la cabeza…al ver esa actitud de Adrián, decís: es eso, ahí está la virtud. Siento que transmuta todo el tiempo la energía y todo el tiempo la logra poner en un lugar copado. Eso me parece increíble. Otra cosa que le veo, que es que es muy atento. Sabe qué te pasó, lo que hiciste, te ve, te observa, te escucha. Dice, esto te va a funcionar más así. Sale de hacer una obra de una hora y media y se acuerda de algo que hiciste que le pareció que sí o que no. Dice, che, esto es buenísimo, hacelo de nuevo. Y ese nivel de atención y detalle en varias capas es muy admirable.

-Melincué fue tu primera obra que escribiste, dirigiste y actuaste, ¿cómo es ese proceso creativo? ¿cómo es pasar de la idea a la escritura y después al cuerpo?
-Sí, la escribí hace 9 años, y el año pasado, por distintas cosas de la vida, se dio la oportunidad de volver a montarla, y en este caso, de montarla por primera vez actuándola yo.Nunca había actuado un texto mío y fue una experiencia muy enriquecedora. En principio, porque abarca todos los procesos del hecho teatral, cosa que a mí me interesa mucho. La idea fue mezclar dos mundos y mezclar dos personajes que en apariencia fueran muy distintos, pero que pudieran dialogar y desde el humor contar una crisis personal. Y la pude llevar al papel y la escribí. Después la monté como directora y finalmente nueve años después la volví a montar con la co-dirección de Fernando Salem, que es un director de cine que aportó su visión estética, visual y desde la dirección de actores, y le puse el cuerpo. Fue muy interesante. Todo este proceso me enriqueció como actriz porque me enseñó a respetar cada área desde otro lugar, entenderla y también aportar desde la actriz en cada patita del proyecto sin correrme del límite del otro artista. Melincué para mí es como mi primer hijito y estoy muy feliz de haberla podido montar dos veces de distintas maneras. Me da mucha alegría poder comunicar desde la palabra, porque tengo un vínculo con la palabra muy estrecho, siento que la materialidad de la palabra nos da unas posibilidades que van más allá del cuerpo. Entonces cuando puedo combinar palabra, cuerpo, sonido, emoción, movimiento, para mí es como el pico máximo del placer expresivo.

-Además de actriz sos bailarina, tenés un trabajo bien físico, ¿cómo dispones el cuerpo para subir al escenario?
-Sí, soy bailarina, bailé muchos años ballet y le doy mucha bola a lo que siento físicamente.El cuerpo a veces sabe más que nosotros, sabe más que nuestra cabeza. Por ahí la cabeza está en cualquiera, pero nuestro cuerpo está atento y nos puede decir “ojo, no te distraigas”. Me parece fundamental que el cuerpo esté disponible y presente, que no haya tensión, que no haya tensión de la actriz, que en ningún momento se vea a la actriz en ese cuerpo tensionado. Entonces suelo tratar como de conectar profundamente con lo que estoy sintiendo en el cuerpo, no tanto en la emoción sino realmente físicamente. Me gusta estirar, elongarme, ponerme tónica para estar presente. Miro mucho a los ojos, a todos mis compañeros. Me importa mucho conectar y estar actuando con el otro. Y eso siento que es muy físico.

-Por último, sos poeta y tenés un libro publicado, ¿qué es para vos un poema?
-Un poema para mí es como un pequeño universo megacomplejo resumido en pocas líneas. Siento que el poema es la condensación perfecta de la expresión de la palabra. Y para mí la poesía significa una posibilidad de expresar sin lugar a la confusión, porque siento que es sumamente emocional, profunda, conmovedora. Lo que cada uno entienda, capte o le llegue de un poema es válido. Y está bien, nunca puede estar mal, eso para mí es la poesía.

-Para cerrar, ¿encontrás alguna conexión entre la poeta y la actriz?
-Entre la poeta y la actriz creo que hay un lazo de amor, creo que se complementan. La poeta puede estar sola escribiendo, sintiendo y tiene una libertad en el papel. Creo que la poeta se da el lugar a ser más emocional, tal vez la actriz gestiona más sus emociones. Pero siento que se complementan, y que a la vez son parte de lo mismo. Por ejemplo, yo odio mucho la solemnidad en el teatro, me parece un embole, me parece que nada es tan importante y todo es muy importante. De la misma manera, cuando escribo un poema, es re importante, pero no importa nada. O sea, nada es fundamental. Somos tan efímeros que sentir que nuestras cosas son importantes me parece una zoncera. Y siento que tanto desde la poesía como desde la actuación lo encaro de esa manera. No soy más ni menos que nadie, no estoy haciendo nada más importante que nadie. Lo que más me importa es conmover, o sea, llevar de un estado a otro a quien pueda recibir eso. Un poema mío, una frase, un libro, una obra de teatro, un personaje en una tira, en una peli, en una obra. La posibilidad de hacerle a otro preguntarse algo y que se les abre una lucecita para mí eso ya es un universo