Soy socialista por convicción, siempre soñé con un futuro mejor para nuestra especie, para mi país, para mis hijos y nietos.
Por eso, soy frenteamplista desde su génesis, por eso participé desde entonces, aportando todo lo que pude en el desarrollo y crecimiento de ésta fuerza política, porque la concebí como la herramienta lógica, idónea para que los sueños, los míos, los de los míos, los de todos los uruguayos sin distinción se hicieran tangibles y también por eso formé parte del primer Gabinete de un Gobierno Progresista en la historia de nuestro país, en los albores del siglo 21, tiempos de cambios, tiempos de mayor igualdad, tiempos de los postergados, tiempos de atender a las minorías, a los diferentes eternamente excluidos.
Siempre supe que elegir este camino significaba más y mejor solidaridad y siempre estuve dispuesto a tener menos para que otros tuvieran más, tuvieran derechos, tuvieran oportunidades, siguiendo el camino trazado por todos los que dieron su sangre y su vida, los que aún hoy no sabemos dónde están sus restos, todos los torturados, toda la ignominia de la prisión de miles de compatriotas que soportaron los vejámenes más atroces en su condición de presos políticos, todos los que perdieron todo por defender y recuperar nuestra democracia, nuestros derechos y nuestras libertades perdidas.
Y se empezó a caminar, se comenzó una búsqueda real de los restos de nuestros desaparecidos, se desarrollaron políticas sociales para atender la indigencia y la pobreza extrema, se legisló para que los homosexuales pudieran ser aceptados por una sociedad llena de prejuicios, se hizo lo propio con la comunidad trans en una misma línea, se le dio el merecido lugar a los afrodescendientes, minoría siempre discriminada desde los tiempos de la esclavitud de su gente y también se apoyo a las personas y niños con invalidez o con capacidades diferentes, todos ellos merecen una mirada de comprensión y afecto, ser protegidos, minorías ignoradas con los mismos derechos que los demás, cómo no apoyar todas y cada una de esas causas si son todas válidas, necesarias, indispensables.
¿Pero qué pasa con todos los demás?, con las mayorías que forman parte de esa enorme clase media, de la que formo parte con mucho orgullo. Porque llevo trabajando más de cuarenta años, porque lo que obtuve fue el resultado de ese esfuerzo, del mismo modo que lo hicieron cientos de miles de uruguayos, que no reclamamos nada, que no nos dieron nada, no correspondía, pero fuimos en todos estos años ridículamente descuidados
Está bien, no estamos en situación de calle o extrema pobreza pero son nuestros aportes, nuestras sacrificadas Pymes las que hacen posible realizar esas políticas sociales. Se nos castiga por ser una inmensa mayoría ignorando nuestro peso en la sociedad de hoy, está bien muchos no somos gays, trans, afrodescendientes, ni tenemos algún tipo de invalidez o capacidades diferentes, no necesitamos leyes especiales o apoyos de ningún tipo, sólo que se nos respete, que se entienda que las pequeñas y medianas empresas son las que generan mas del 80% de la oferta laboral, que sostenemos el sistema previsional, somos el sistema.
No habrá llegado el momento de pensar en esta mayoría que lucha desde hace ya mucho tiempo por sobrevivir, sin descuidar a todos los que mencioné, no habrá llegado el momento de plantearse la necesidad de cambiar esta irrealidad y comprender que tampoco somos menos por no ser diferentes, que sin nosotros no hay futuro ni para quienes integramos esta inmensa mayoría a la que se le exige mucho, muchísimo más de lo que puede, ni para todos los demás. Se está a tiempo si se empieza ya, a construir un país para todos, los más y los menos, de no ser así sólo seremos una nación de mentira al servicio de las multinacionales y del sistema financiero. Este no es mi sueño, ni de mis iguales y tampoco el sueño de a quienes no tenemos el derecho de olvidar, los que dieron todo, los que ya no están.

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