
El pasado jueves 17 de agosto se cumplió un nuevo aniversario de uno de los hechos más significativos de la guerra contra el Brasil ocurrido en el departamento de Maldonado, más precisamente en los alrededores de la actual esquina de la avenida Gorlero y la calle 27 de Punta del Este. En ese lugar los brasileños habían construido un fortín para atacar a las fuerzas patriotas que unos meses antes se hicieron de las ciudades de Maldonado y San Carlos.
El principal protagonista de ese hecho histórico, muy poco conocido, fue el comandante en jefe de las fuerzas orientales, brigadier general Juan Antonio Lavalleja quien, entre el 17 y el 19 de agosto de 1827, estuvo entre los médanos de la península comandando un intento de toma del fortín de los invasores-
La presencia de uno de los máximos héroes patrios en la península comandando un ataque contra el fortín brasileño instalado sobre el trazado de la actual avenida Gorlero fue producto de otro acontecimiento ocurrido unos meses antes en pleno centro de la ciudad de Maldonado.
El coronel Ventura Alegre había arribado a Maldonado a comienzos de mayo de 1827 luego de formar parte del estado mayor del general Carlos de Alvear en la campaña contra el Brasil y participar de forma activa en la histórica batalla de Ituzaingó registrada el 20 de febrero de ese mismo año. Alegre había pedido licencia para visitar a su anciana madre, doña Polonia Rodríguez, a quien no la había visto desde hacía muchísimos años. Alegre había formado parte del estado mayor del libertador José de San Martín en su expedición a Chile a través de Los Andes. Luego fue el primer oficial de las tropas de San Martín en ingresar a la ciudad de Lima. Con el correr de los años formó parte de varias operaciones militares contra españoles y contra los brasileños. Luego de participar de la victoria en Ituzaingó se dirigió a Maldonado.
Los brasileños, luego del desembarco de la Agraciada y una vez que estalló la guerra, se hicieron fuertes tanto en Montevideo como en Colonia. También en la entonces conocida “Punta de Leste (sic) de Maldonado” donde levantaron un fortín y desplegaron recursos y pertrechos militares en la isla de Gorriti.
Los primeros turistas
Los brasileños de vez en cuando efectuaban excursiones contra la ciudad de Maldonado en manos patriotas desde un tiempo atrás. En los primeros días de mayo los ocupantes brasileños recibieron una información muy precisa sobre la presencia en Maldonado de un “coronel argentino” que, para peor, había sido uno de los responsables de la humillación sufrida en los campos de Ituzaingó. La orden fue impartida por los mandos brasileños a sus soldados en Punta del Este. Había que abatir al “coronel argentino”. El 17 de mayo de 1827 una partida de brasileños que había salido del famoso fortín emboscó al coronel Alegre cuando éste en compañía de un asistente recorría la ciudad de Maldonado. Alegre fue herido de muerte. Tenía 31 años y una larga carrera militar. Sus restos descansan en el predio de la Catedral de Maldonado. En la misma refriega cayó prisionero otro militar compatriota, el teniente coronel don Juan Escobar.
Lavalleja ataca

El brigadier general don Juan Antonio Lavalleja, enterado de la muerte del coronel Ventura Alegre, decidió en una de sus primeras medidas como comandante en jefe del Ejército Oriental, arrojar a los brasileños de aquel punto. “En persona”, cuenta una nota de la Revista Histórica. Algunos de sus oficiales le advirtieron sobre los efectos negativos que podría generar el hecho que “una cosa tan subalterna como atacar la Punta del Este” podría ser rechazada por los brasileños. Unos de sus oficiales le dijo, además, que “si triunfaba era una pequeña cosa para un general en jefe y le daría muy poca importancia”. El ataque debía ser llevado a cabo, según sus oficiales, por el coronel Leonardo Olivera, o el coronel Manuel Correa o por el acreditado corone Isaac Thompson, entonces jefe del batallón 4º de milicia activa de Buenos Aires.
“Pero todo fue infructuoso, pues estaba decido a ir en persona a la proyectada operación, solamente hizo correr la voz que antes de incorporarse al Ejército, iba a recorrer los departamentos, para que se creyese que el ataque a Punta de Leste era un incidente ocurrido y no un proyecto formado. Se dio orden al coronel Thompson para que con su Batallón 4º de Milicias de Buenos Aires del que era sargento mayor el mulato Barcalá, marchase para Maldonado, se incorporase a la milicia de aquel departamento al mando del coronel Leonardo Olivera y allí lo esperasen para disponer lo conveniente”, continúa el relato recogido por la Revista Histórica.
Lavalleja salió de Durazno el 11 de agosto acompañado por su estado mayor. Al día siguiente llegaron al campo de Sarandí, lugar de la histórica sableada ordenada el 12 de octubre de 1825 por el propio Lavalleja. Todavía se “veían muchos huesos de los que murieron en esa gloriosa jornada”. El comandante en jefe y sus oficiales y tropa llegaron a Maldonado a las 2 de la tarde del 16 de agosto de 1827. Una hora más tarde llegó la infantería. El lugar de encuentro fue en la costa del arroyo Maldonado donde se encontraba el campamento de Leonardo Olivera. “Las personas más decentes de San Carlos vinieron a cumplimentar al general en jefe. A la tardecita marchó éste a reconocer la fortificación de los enemigos en la Punta de Leste y regresó tarde en la noche”, sostuvo el citado relato.
El ataque

En la madrugada del 17 de agosto se produjo el ataque en plena península: “Hubo un largo tiroteo y algunos cañonazos, éstos últimos y algunas granadas dispararon de la fortaleza a las guerrillas de caballería del coronel Olivera. Marchamos nuevamente con el general en jefe, coronel Thompson, coronel Correa, coronel Olivera, teniente coronel Revillo, capitán de ingenieros don José María Reyes, a reconocer a los enemigos ocultándonos entre los médanos de arena para no ser reconocidos. Después de haber hecho las observaciones que creyó convenientes, ordenó que marchase una guerrilla de doce hombres bien montados a tirotear a los enemigos. Así lo hicieron durante tres horas sin que los enemigos se atreviesen a salir del zanjado que rodea al fortín, pero enviándonos desde allí mucha bala rasa y granada”, sostiene ele relato.
“A las cuatro de la tarde se retiró la guerrilla. Nosotros fuimos a comer a la quinta de don Francisco Aguilar, canario y rico propietario del departamento. Era el hombre de más corpulencia que he conocido. A la noche marchamos otra vez a los médanos y hasta cerca de los fosos del fortín a observar su estado y la vigilancia que tenían, como también para buscar un lugar adecuado para establecer una batería. No lo encontramos y regresamos al campamento a las dos de la mañana”.
18 de agosto de 1827.
Lavalleja, en la madrugada de ese día, ordenó marchar de regreso al campamento de Leonardo Olivera en una de las márgenes del arroyo Maldonado. Los soldados comieron y recibieron municiones. Fueron cargadas dos carronadas de a 24, pero fue preciso abandonarlas por haberse quebrado las carretas que las llevaban. Ya obscuro (sic) nos dirigimos con toda la fuerza a los médanos y muy cerca del zanjeado paramos, sin aún ser sentidos, esperando a que se aproximase el día para empezar el ataque, Algunos guerrilleros tiroteaban por otro punto, como de costumbre, para llamarles la atención, y los enemigos contestaban con uno y otro cañonazo”.
19 de agosto de 1827
“Sería cerca del amanecer cuando una parte del batallón 4º de milicia activa contra la orden expresa que tenía, habiendo visto disparar algunos tiros de fusil del fortín, hizo una descarga lo que reveló a los enemigos la inmediación de nuestras fuerzas”, sigue el relato sobre el tercer día del ataque de Lavalleja en “Punta de Leste”. Los brasileños al percatarse del origen de los disparos en su contra, lanzaron fuegos de iluminación. “Esto nos descubrió perfectamente. A esto siguió un tiroteo fuertísimo y disparos continuados de metralla, siendo el resultado dispersarse el batallón 4º quedando solo la caballería que dio mayores pruebas de serenidad y bravura, al pie mismo de las murallas”; añade el relato.
“Por último, malogrado todo a causa de la poca disciplina del expresado batallón, el general en jefe hizo retirar la caballería la que durante su movimiento fue cañoneada a metralla y a bala rasa del fortín y de la isla de Gorriti, mezclando los gritos de ‘Viva o Imperador’. Inmediato al reducto encontré al capitán Brayer, sin gorra y a pie, pues había dejado su caballo para montar al asalto. Estaba con la espada en la mano y fuera de si de exaltación contra el coronel Correa, a quien suponía instigador de la operación, y a quien no había visto durante todo el suceso. Logré sacarlo por fin en ancas de mi caballo. Entramos temprano a Maldonado, y pronto estuvo reunido el nuevo batallón, más el general en jefe desistió del intento, por entonces”, afirma.
Lavalleja marchó a San Carlos donde fue agasajado por los carolinos. En la citada ciudad Lavalleja se alojó en la casa del médico Francisco Martínez. Hubo fiesta. El fortín brasileño quedó en el lugar hasta que la guerra llegó a su fin. El tratado preliminar de paz determinó que Brasil entregaría Montevideo y a Colonia y también al hasta ese momento poco conocido fortín.










