Dos ciudadanas extranjeras que trabajaban en una casa de José Ignacio denunciaron maltrato sicológico y problemas laborales

Luego de haber realizado la denuncia se informó al Consulado Argentino ya que las mujeres poseen documentación de residencia en ese país

Una ciudadana boliviana de 60 años de edad, se presentó días atrás en la Seccional 13° de José Ignacio denunciando problemas laborales y maltrato psicológico hacia ella y su hermana, de 55 años. Según informa el parte policial, hasta ese momento las dos se encontraban trabajando desde hacía cinco años para una señora uruguaya. Cuatro de esos años fueron en Argentina y desde hace un año a la fecha lo hacían en la casa de la señora en José Ignacio.
Según el relato de las mujeres, su empleadora no les pagaba el sueldo entero y les hacía cumplir jornadas de trabajo de hasta dieciséis horas.
Luego de hacer la denuncia las mujeres fueron acompañadas por la policía a la residencia, donde retiraron sus pertenencias, sin inconvenientes.
Al poseer documentación de residencia en Argentina, se puso en conocimiento de la situación al Consulado Argentino a efectos de coordinar alojamiento y asesoramiento legal. Finalmente, las denunciantes fueron alojadas en San Carlos. Además, según informa el parte policial se les brindó asistencia médica, ya que una de ellas “se sentía con presión alta” y para asegurar de esta forma el buen estado de salud de ambas.
Enterada la Fiscal de Turno dispuso el emplazamiento para la empleadora con la recomendación de regularizar la situación con el abogado que se ocupará de los asuntos legales de las extranjeras.
Por otra parte, según informó la emisora FM Gente si bien ambas explicaron que su empleadora les había dicho en estos días que les había sacado pasaje para regresar a Buenos Aires el próximo lunes, ante el reclamo de las mujeres por dejar de trabajar para ella y volver a Argentina, la policía no había podido, hasta la noche del viernes, localizar los billetes. Pese a toda esta situación, las hermanas puntualizaron que nunca fueron maltratadas físicamente, nunca tuvieron problemas con el alimento, pero sí ratificaron las malas condiciones laborales y psicológicas.