“El Presbítero Juan Manresa y la Plaza de La Cruz”; por Mario Scasso Burghi

HISTORIA LOCAL

PLAZA DE LA CRUZ. A una cuadra de la Parroquia de los 33. Desde la Calle Román Guerra.

El Padre Manresa, nació en Gerona, Cataluña, el 24 de mayo de 1807, hijo de Ramón de Manresa y Josefa de Salles. Bautizado al otro día de su nacimiento en la Iglesia Parroquial de San Félix (Sant Feliú). Transcurrían los últimos años del “Antiguo Régimen” de la Monarquía Hispánica. En 1808 se produce el “Motín de Aranjuez”, verdadero “Golpe de Estado”, que produce la abdicación del Rey Carlos IV, la entronización de Fernando VII, su posterior prisión por Napoleón, la Invasión Francesa, la designación de José Bonaparte como rey y la insurrección generalizada española contra él. La “Guerra de Independencia de España”, entre 1808 y 1814 (la “Guerra del Gabacho”) y la insurrección independentista en Hispanoamérica, transcurrió durante su niñez temprana. Entre 1814 y 1820, durante el Gobierno Absoluto del restaurado Rey Fernando VII y luego entre 1820 y 1823, por un pronunciamiento militar se impuso un Gobierno Constitucional, que fue derrocado por una intervención militar francesa, período en el que se combate en América contra las tendencias independentistas, fue su etapa de formación intelectual y de ingreso al Seminario Diocesano para su formación eclesiástica. Entre 1823 y 1833, se produce la restauración del Absolutismo Real y la consolidación de la Independencia de los Virreinatos Americanos (sólo conservaría España: Cuba, Puerto Rico, Guinea, Guam y Filipinas), período durante el cual Manresa, es ordenado sacerdote, integrando el clero secular.

Recién llegado

Ignoro las circunstancias de su arribo a la República, siendo en agosto de 1852, designado Cura Vicario de la Parroquia de San Fernando de Maldonado, por el Vicario Apostólico Pbro. Lorenzo Fernández Larrañaga, en sustitución del fallecido Pbro. Rafael de Cubas. Este había regido a la parroquia desde 1835 hasta 1852, simpatizante del Gobierno del Cerrito, durante la “Guerra Grande”, de quien había logrado importantes obras de reparación en el templo local, que era la denominada “Capilla de Aguilar” (se había inaugurado en 1835), en 1850 (actual predio de la Seccional 1era).
Es de hacer notar que el clero durante la Administración Española y en la etapa revolucionaria de la “Patria Vieja”, durante la Administración Portuguesa y Brasileña y en el inicio de la República, era de origen “criollo”: Juan Dámaso de Fonseca, Manuel Alberti, Gabino Fresco, Feliciano Rodríguez. Pero luego de la “Guerra Grande” (1837-1851), el clero, probablemente por la desorganización de los Seminarios Diocesanos de Buenos Aires, Córdoba, Asunción, Charcas y de la Universidad de Córdoba y sus Cursos de Teología (Fonseca, Alberti y Rodríguez eran Doctorados en Teología), por la revolución y por el descabezamiento de las jerarquías eclesiásticas y el apoyo irregular de los estados nacientes a estas disciplinas formativas, motivó la disminución marcada de individuos consagrados. Esto motivó el ingreso al país de sacerdotes extranjeros, principalmente españoles e italianos y de órdenes regulares religiosas extranjeras. En nuestro naciente país, no existió una iglesia diocesana local, hasta 1878, cuando fue erigida la Diócesis de Montevideo.
Cuando el Pbro. Juan Manresa, se hace cargo de la parroquia, contaba con 45 años. El aspecto de la ciudad le debió parecer desolador. La guerra la había afectado particularmente, había cambiado de manos varias veces, el mismo Gral. Fructuoso Rivera había sido detenido aquí por delegados del Gobierno de la “Defensa”, por haber intentado concertar un pacto con el Gral. Manuel Oribe. Su población había sido desalojada por tripulaciones de navíos franceses, frente a su ocupación por los “blancos”. Su campaña estaba devastada, habían existido sangrientos enfrentamientos en su jurisdicción (incluía Rocha): Cerro Pelado, las Ánimas, India Muerta. Coincidentemente con su arribo, la población recibió la visita del Presidente de la República Francisco Giró quién tuvo estas consideraciones: “La ciudad presenta un triste aspecto; faltan muchos de sus habitantes, hay bastantes casas arruinadas y desiertas”. “Al recorrer… el litoral del Depto. de Maldonado, hemos quedado verdaderamente consternados al presenciar la lamentable desolación en que lo han dejado las pasadas y más que deplorables desgracias del país. Son más las taperas y las tunas, que las poblaciones [casas] que hay en él. Tales han sido los estragos que no se ve un solo animal en muchas leguas”.

Caserío arruinado
La “Iglesia Nueva”, que se había comenzado a construir durante la colonia estaba detenida su edificación desde las Invasiones Inglesas y sus muros albergaban un Cuartel de Caballería, frente al espacio vacío de la plaza. Las calles sin veredas eran de arena y cascajo. A inicios de la década del 50, contaba con algo más de 1000 pobladores, era un caserío arruinado con título de ciudad.
La existencia de la sede de la administración del departamento, en la esquina frente a la plaza que da al norte, pegada a la “Capilla de Aguilar” (en el predio de la actual Jefatura de Policía), nucleaba la Jefatura Política y de Policía, la Junta Económico Administrativa y el Juzgado Departamental, en los edificios coloniales del Ministerio de la Real Hacienda y el Cabildo.
Manresa aún en este ambiente de desolación y pobreza, asumió la posición relevante de la Iglesia como institución asociada al Estado, en la comunidad, no sólo por su función espiritual, sino también desempeñaba el Registro Civil (nacimientos, casamientos y defunciones) y ejercía una vigilancia sobre la educación, no sólo religiosa. Era una ciudad en que los vecinos saludaban con un “Ave María Purísima” y se contestaba con “Sin pecado concebida”. Desempeñó su encargo de párroco durante 21 años, en el agitado período de la vida del país que medió desde el fin de la “Guerra Grande” hasta la “Revolución de Las Lanzas” (1870-72), incluyendo la Revolución de César Díaz que concluye en Quinteros (1858) y la Revolución del Gral. Flores contra el Presidente Berro, que culminó en la “Guerra del Paraguay” y en el asesinato de ambos (1863-68). Mantuvo una destacada actuación, en la esfera religiosa y social, constituyendo un elemento contemporizador y de equilibrio, imprescindible y central en la sociedad fernandina, de consulta por su instrucción, en un medio particularmente pobre incluso desde el punto de vista cultural. Probablemente su origen español, le allanó las dificultades y rispideces con los feligreses embanderados con sus divisas políticas, que permeaban todos los estamentos sociales y los dividían profundamente, otorgándole una imagen reconocida y estimada en forma global. El enfrentamiento era evidente hasta en las expresiones de la religiosidad: los “blancos” rezaban frente a la imagen de la “Inmaculada Concepción” (representada de hábito blanco, con manto celeste) y los “colorados” lo hacían a la imagen del “Sagrado Corazón” (representado con manto rojo y el corazón resaltado en el mismo color).
Tuvo un papel relevante en reescribir las partidas (bautismos, casamientos, defunciones) de los inexistentes “Libros Parroquiales” durante la prolongada contienda civil, seguramente escritas en notas dispersas, o en infolios deteriorados. Es de hacer notar la particular grafía de Manresa en los Libros Parroquiales, prácticamente ilegible.

De hábito negro
Corpulento y ancho de espaldas, siempre vestido con hábito negro, su cara cuadrada coronada de cabellos blancos enrulados, cubiertos parcialmente con el solideo negro que los hacía resaltar más, su silueta fue característica en el paisaje fernandino. Integró el reducido grupo de una docena de vecinos “de más consideración”: el Jefe Político Honorio Fajardo, el Alcalde Rafael de la Fuente, el Comandante Joaquín Machado, el Escribano Público Nicolás Lenguas, Alejandro Cabrera el Juez de Paz, personalidades relevantes como Eustaquio Tomé (secretario del juzgado), el médico Ezequiel Alonso (argentino) y Francisco José Aguilar (hijo de Francisco) Receptor de Aduanas que ejercía la representación consular de varios países, los genoveses Carlos Porro (boticario), Domingo Gorlero (despachante de bebidas), José Devincenzi (pulpero) y Julio Grossy (agrimensor) o como su Teniente Cura y también Defensor Judicial de Menores, Pbro. Fernando Lozano, que encabezaron las actividades político-sociales y económicas de la ciudad.
Durante las más de dos décadas que estuvo al frente de la parroquia, época en la que se fue encauzando la actividad económica de la población entorno principalmente a los puestos administrativos estatales, militares y municipales y secundariamente al movimiento del puerto, la explotación de los lobos marinos, la producción agropecuaria de la campaña circundante y de las caleras y al comercio, integró la conducción política administrativa del departamento en la Junta Económico Administrativa (J.E.A.). Este era un órgano administrativo que se elegía por los vecinos, que compartía con el Jefe Político y de Policía (designado por el Poder Ejecutivo), la dirección del departamento (entonces integrado por el actual más el de Rocha), que tenía las funciones de las actuales intendencias, con jurisdicción además en aspectos de educación y de salubridad (equiparables a las actuales Inspección de Escuelas y Dirección de Salud). Ejerció la presidencia de este órgano en 1855 y 1865. Durante su desempeño administrativo ocurrieron epidemias de fiebre amarilla (1857) y de cólera (1868). En su cargo como controlador de la Sanidad Pública, recibe las propuestas y en principio acepta de creación de una sociedad de asistencia médica por parte del doctor en medicina italiano Santiago Bertelli (1856). Desde su cargo de supervisión escolar, recibe a maestro de primeras letras Fermín Landa (1871), promoviendo con apoyo de los vecinos se le alquile una casa para ejercer su oficio, ya que estaba desintegrada la administración por la “Revolución de las Lanzas”.
Se avino a que las circunstancias económicas y de inestabilidad política que atravesaba el país, siempre le birlaron los fondos destinados a proseguir las obras de la iglesia inconclusa y aún cuando se lograron reunir, se destinaron a la Iglesia Parroquial de Ntra. Sra. de los Remedios de Rocha, por tener la población más vecinos y feligreses que Maldonado.
Desde el punto de vista religioso promovió localmente la devoción a Santa Rosa de Lima, de la que existía una imagen en la “Capilla de Aguilar” desde 1840, fundando una congregación de feligresas “congregantas”.

Patio con parral
Residió en una finca que hizo edificar en la esquina de las actuales Calles Román Guerra y Ventura Alegre, actualmente demolida, considerada por el Arq. Fernando Capurro como el mejor ejemplo local de transición entre el estilo colonial y el patricio. Con frente al Oeste, tenía ochavas en los muros laterales de las ventanas para aumentar el ángulo de visión (sistema defensivo, propio de una época de inestabilidad político-social) y un “altillo” en el sector “sur” del edificio, sobre la puerta principal. En su patio con un parral, plantado por Manresa, existía un aljibe con azulejos “vidriados” de la “Fábrica de Aguilar”, con un arco de hierro que sostenía la roldana que suspendía el balde, que en su coronamiento tenía las iniciales de su propietario “JM”. En Maldonado la llamaban “la casa del diezmo”. Según referencias en la pieza “de altos”, Manresa guardaba los “diezmos” correspondientes a la Iglesia. Se conservaba en Maldonado la costumbre colonial, emanada del antiguo Derecho Canónigo Español, por el cual la Iglesia (como institución), era beneficiaria de una décima parte de los productos cosechados, “el diezmo”, en la persona del párroco. En realidad se trataba de una donación voluntaria y discrecional de los fieles. Es decir que los parroquianos en lugar de contribuir con monedas (que por otra parte el circulante monetario era escaso), aportaba según sus medios de vida en “géneros” o “especies” o “frutos”, que podían ser trigo, maíz, harina, vino, legumbres, frutas, en canastos, cajones o bolsas. La iglesia por otra parte era proveedor de insumos a los numerosos menesterosos de una población muy pobre en recursos. La propiedad del bien que se extendía hasta la Calle Rincón, se la cedió Manresa por testamento a Manuela Belarmina Machado. Esta se casaría con el viudo Manuel Rodríguez, cuya hija Virginia heredaría la propiedad y se casaría con José Mosca, por eso en el S. XX, se conocería antes de su demolición como “Casa de Mosca”.
Las rivalidades políticas, que trasuntaban en una brecha social profunda, estallan en marzo de 1870, en una formidable sublevación de los “blancos” acaudillados por el Gral. Timoteo Aparicio, contra el Gobierno del Gral. Lorenzo Batlle “colorado”, siendo numerosos los enfrentamientos particularmente violentos y siendo sucedidos por degüellos de prisioneros y lanceado de los heridos y hacer “pasar la caballada” sobre los postrados en el “hospital de sangre”, principalmente ordenados por el Gral. Gregorio Suárez “Goyo Geta”, del Ejército Gubernista. Sólo la conclusión del período presidencial de Batlle, pudo posibilitar el acuerdo llevado a cabo por el Presidente Interino Tomás Gomensoro (Presidente del Senado en ejercicio): la “Paz de Abril” de 1872. Fue la concreción de la primera coparticipación en la administración gubernativa, entregando cuatro Jefaturas Políticas de departamentos a los “blancos”, lo que además le aseguraban representación parlamentaria. Frente a la división social existente que la sangrienta guerra profundizó y que el pacto intentó conciliar, la Iglesia Nacional, encabezada por Mons. Jacinto Vera, el Vicario Apostólico de la República, “Obispo “in partibus” de Megara, inició una “Misión Nacional”, recorriendo los departamentos del país, tratando de promover la reconciliación de los vecinos, dentro de los principios cristianos del “perdón de las ofensas”. El 7 de septiembre de 1873, llega Mons. Vera a Maldonado, promoviendo la “Paz de los Espíritus” y la “Reconciliación Nacional”, apoyado por Manresa, siendo destacado el efecto que tuvo la visita que duró once días, en la feligresía. En recuerdo de la señalada ocasión, se erigió en el oblicuo camino de acceso al damero de la población (actual Calle Mons. Mariano Soler entre el camino de ingreso desde San Calos y la actual Calle Sarandí), donde descendió el Vicario Apostólico, del coche que lo transportaba, para ingresar penitencialmente a pie en la ciudad, una cruz de hierro. En la elevada peana del crucifijo se inscribió la fecha: “1873”, Estaba circundada por una verja de hierro, sostenida por pilares gruesos en el acceso y en las esquinas. Al ampliarse la trama urbana en la década de 1940, el trayecto de la Calle Román Guerra (que era inicialmente el ancho camino que partía del de ingreso a la Plaza de las Carretas) al prolongarse al Norte, quedaba parcialmente interrumpido por la estructura, que era un punto de referencia en la zona, denominada “el Barrio de La Cruz”. Se demolió en la década de 1960 y se reedificó en la década de 1980, en el espacio público comprendido entre las calles Mons. Mariano Soler (antiguo camino de acceso), Román Guerra y Agr. Julio Grossy.

Su deceso
El 12 de octubre de ese mismo año fallece el Pbro. Juan Manresa a los 66 años. Según el periódico “El Mensajero del Pueblo”, del 19 de octubre de 1873: “después de largos y penosos sufrimientos, dejó de existir quién por espacio de largos años había sido digno párroco y en tal carácter verdadero padre de sus feligreses”…”supo captarse la voluntad y el cariño de todos los habitantes de la parroquia, sin distinción de nacionalidad, ni de opinión política.” Mons. Vera dispuso que en todas las iglesias montevideanas: “se redoble en señal de duelo por el fallecimiento del respetable Cura de Maldonado, Don Juan Manresa”. También dispuso el nombramiento del Tte. Cura Pbro. Pedro Podestá, Cura Vicario de la Parroquia de San Fernando.
El periódico local “El Departamento” describe las exequias de Manresa: “El cortejo fúnebre lo encabezaba el Pbro. Pedro Podestá, con el Notario Eclesiástico y el Sr. Juan Booth (argentino, cónsul local, comerciante, miembro de la J.E.A.). A pesar del fuertísimo viento que reinaba, el cadáver del sentido párroco, fue conducido a pulso hasta el cementerio, con la Cruz Parroquial, por el crecido número de personas que formaban dicho cortejo”…”La Congregación de Santa Rosa de Lima,… con su Presidenta a la cabeza fue desde la casa mortuoria hasta la Torre y la Hermandad del Santísimo hasta el Cementerio”…”allí se produjo un cuadro conmovedor que demostraría suficientemente el cariño que esta población sentía por su pastor: antes de cerrar el féretro todos los concurrentes fueron a besarle la mano, como último recuerdo.”
Es de recordar que entonces, el Cementerio estaba ubicado en un predio ubicado junto al camino que se extendía entre el Puerto y la Ciudad de Maldonado (actual Avd. España), en medio de los arenales que rodeaban la bahía (actual Barrio INVE B1, entre las Calles Cambará, Siete Cabritos y Avd. a la Laguna del Diario). Sus restos se hallan actualmente depositados en la Capilla del Cementerio “Nuevo”, inaugurado en 1885. La fecha de fallecimiento escrita en la lápida de mármol es errónea (1872) y dice que se trasladaron allí en 1962. El texto (seguramente proveniente de una inscripción previa) dice: “12-X- 187[2]. P. Juan Manresa. Sacerdote según el Corazón de Dios. Rigió ejemplarmente esta Parroquia de San Fernando de Maldonado de 1852 a 187[2]. Depositado en esta capilla el 2-XI-1962”. La explicación posible puede ser que reducidos sus restos en tiempo de Podestá, se trasladaron a la “Capilla de Aguilar” (el texto dice: “esta Parroquia”), donde permanecieron hasta que fue desmantelada para instalar allí en 1911, la cuadra de la Comisaría de la Seccional 1era. de Policía y quedaron en “depósito” municipal hasta 1962, en que fueron inhumados allí.
En octubre de 2004, a 151 años de su fallecimiento, el Gobierno Municipal de Maldonado designa con el nombre de Pbro. Juan Manresa, la plazoleta donde se encuentra ubicada “La Cruz” de 1873.


Dr. Mario Scasso Burghi

Colaboración: Genealogista María Felicia Sanguinetti Sosa.
Bibliografía
San Fernando de Maldonado. – Fernando Capurro. 1947.
Diccionario Biográfico de la Ciudad de Maldonado (1755-1900). – María Díaz de Guerra. 1974.
Historia de Maldonado. Tomo I y II. – María Díaz de Guerra. 1988.
Historia de la atención de la Salud en Maldonado (1755-1991). – María Díaz de Guerra/Carlos Eduardo Chabot. 1992.
El Gobierno del Cerrito (1843-1851). Tomo II. – Mateo Magariños de Mello. 1954.
Crónica General del Uruguay. Volumen III. El Uruguay del S. XIX. – W. Reyes Abadie/A. Vázquez Romero.

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