“El sueño de Seregni”, por Danilo Arbilla

Un país partido en dos. Dividido por mitades, punto más punto menos. ¿Y?
Ha sido así desde hace mucho. Antes eran blancos y colorados. Hoy cambió: es la coalición de izquierdas Frente Amplio y la Coalición Republicana. Una coalición mayoritariamente de tendencia marxista-leninista y una coalición democrático liberal, con matices más marcados.
Dos días después de su liberación en marzo de 1984, me recibió el General Liber Seregni. Charlamos un buen rato. No fue una entrevista periodística, me lo dejó claro, pese a que algo publique: tópicos sobre lo cuales acordamos.
Conocía al general desde fines de los ’60; me lo presentó Zelmar Michelini. Según Seregni no fue ese conocimiento personal la razón por la que me recibió. “Pensé hacerlo el mismo día que me enteré por Búsqueda que iba a ser liberado” (fue una gran primicia), me dijo. Añadió que era el medio por el cual se informaba, “el único que me dejaban entrar”. “Los convencí (a sus carceleros) de que era un semanario económico no político ni partidario”, me lo explicó con cierta picardía.
Él quería más información, sobre todo aquello que en esa época estaba prohibido publicar. En el intercambio también me dio muchas claves. Me habló de cuál sería su prioridad una vez se reincorporara a la actividad política, restaurada la democracia.
“Mi aspiración y mi propósito – me confió- es que la izquierda, el Frente Amplio se transforme en partido tradicional más. Acabar con los miedos y convencer a la gente de que la izquierda no es un ‘cuco’, y que el Frente Amplio es un partido tan uruguayo como el Colorado y el Blanco, para así poder disputarles el gobierno con una propuesta diferente”.
Diríase que su sueño se cumplió. En parte sí y en parte no. Seregni fue, sin dudas, el factor fundamental para la unión de los partidos de izquierda, pero luego fue desplazado feamente. Jamás, creo, aceptaría este dominio de hoy de las tendencias marxistas y especialmente leninistas.
Y en eso es en lo que estamos. Con una acentuación en las diferencias ideológicas.
Hay una mitad, por lo menos hoy y hasta el 2024, dispuesta a votar una heladera (Sendic, dixit). La otra mitad también, con más “productos” para elegir, eso sí. Así fue en el ’19. El liderato de Luis Lacalle Pou deviene de su gestión presidencial, y además en el ’24 no va a estar. Son varios a competir y no creo que puedan llegar a tener de entrada un candidato único resuelto internamente como el FA; el candidato dependerá de cómo le vaya a cada competidor en las elecciones.
Esta forma de prejuicio del votante, de no ver la realidad, de negar hechos incontrastables, de decidir sin tener en cuenta cómo efectivamente le va, como debería de ser, es lo que en sicología social se ha definido como disonancia cognitiva.
En política se trata de un comportamiento que implica algo emocional que conecta a la persona con un líder, un caudillo, un partido político, en un abrazo y sometimiento incondicional que justifica sea lo que sea, a lo que hace el partido o lo que dice el líder. Por más evidencias que tengan, más allá de lo que digan los hechos, los ignoran y ajustan su visión a una realidad distorsionada, condicionada por sus lealtades.
Pienso que eso es lo que pasa. Lo que está pasando y creo que no va a cambiar mucho en los próximos dos años.
Habrá que ver cómo se mueven para conseguir la mitad mayor. Pero este es otro tema y bien complicado.