“Estamos hartos”, por Ricardo Garzón

_*A veces nos embanderamos *y creemos que los hipócritas están de un solo lado. Pero no hay que engañarse. La sinceridad o insinceridad poco tienen que ver en nuestro país con la posición ideológica de los partidos. Cuando un partido está en la oposición siempre es más liberal que cuando está en el poder. La grave afección no es la tendencia en sí misma sino la inmoralidad que domina a los hombres inscriptos en las tendencias, cualesquiera que sean.
Mario Benedetti._**

En tiempos de vientos renovados que pretenden limpiar la suciedad intelectual y la dejadez que exhibe el sistema político uruguayo, tenemos que levantar la voz una vez más y señalar con dedo inquisidor la responsabilidad que le cabe a sus integrantes, omisos en sus puestos, y complacientes y tolerantes en la inconducta tenaz y estable que ofrecen a las generaciones los sindicatos docentes.
El país avanza como puede con una infinidad de dificultades, pretendidamente distraído con un referéndum que ofende la razón, empapado en la soberbia ideológica de la “inteligenzia” que todo lo mancha y descalifica. No todos son lo mismo, pero sí parecidos. Abroquelados y monolíticamente unidos exclusivamente en resguardo de su propio bolsillo, enardecen profundizar la grieta que los separa con expectativas electorales, subordinados unos y otros al partido político al que pertenecen. Insisto, no todos son lo mismo, pero sí parecidos. Focas son, y si no, miren las manos levantadas en la chabacanería en que se han hundido las generalmente espantosas y desprolijas sesiones parlamentarias.
Estamos hartos de las descalificaciones y del incontenible despilfarro de los dineros públicos, practicados diariamente dentro y fuera del país con la plata de la gente. Nos han empachado con impuestos leoninos, sueldos y jubilaciones miserables, tarifas de los servicios públicos que no se pueden pagar, y cinismo político de los lenguaraces. El Estado revienta de gordo. No puede más, y mete impúdicamente la mano en el bolsillo de la población.
Han transcurrido décadas perdidas, y la materia e insumo irremplazable, como lo es la Enseñanza, languidece y se embrutece atentando contra cualquier ciclo de desarrollo económico del país generado por fuentes legítimas de trabajo y capital. Esto quiere decir, no solo personas capacitadas para la economía digital y robotizada, sino que brega, también, por la reconstrucción de la ciudadanía vulnerada.
Todo fue destruido por estos personeros autoproclamados de una Educación vergonzosa y perimida, que llevó a un ex presidente de la república a reconocer públicamente su fracaso estrepitoso en su intento de reforma. El mandatario era del palo, pero no “se la llevaron” y así lo dijo. (Presidente Mujica)
Complementando, basta escuchar el discurso del PIT CNT. El de ayer y el de hoy. Arcaico, como siempre, fuera de tiempo y lugar, con espacio todavía para cobijar a los enemigos declarados de nuestro sistema.
La defensa de los derechos de los trabajadores come en el mismo plato de la ideología. Sus dirigentes no se bajan, se suceden, porque han encontrado “El Dorado”. Conducen a la masa inculta según el criterio político imperante, y prevalecen con prebendas y canonjías que deben repudiarse. Son reyezuelos de una república mal concebida y peor atendida por legisladores que revistan en una desordenada y politizada oposición. ¡Mentirosos! ¡Quieren aniquilar el país porque perdieron en las elecciones! La administración anterior pretendió demostrar, con números antojadizos, que no estábamos tan mal. Error. Fatal error; “no estábamos tan mal”; estábamos destruidos, y seguimos destruidos.
La reforma de la Educación debe ser inmediatamente atendida. No solo pasa por el cambio y renovación de los planes de estudio, sino de paradigma y organización de la gestión. Los gremios vinculados han demostrado, con su prédica lastimosa y perversa, que no pueden situarse en la posición de gestores. Son un gremio, y como gremio y dentro de sus competencias y facultades deben actuar. Pero, claro está, desde décadas todo está teñido de ideología, y con la ideología el país se hunde más y más en la ignorancia y en la falta de desarrollo. Es estrategia, Foro de San Pablo, Grupo de Puebla…
No nos engañemos. Tenemos a la vuelta de la esquina potenciales Maduros y Ortegas que aguardan, expectantes, su momento de “gloria”.
La cuestión, como siempre, es entre la libertad y el despotismo. Si no se entiende así, sigan comprando armas para combatir a la delincuencia organizada; agranden las cárceles, y lleven a su mínima expresión el trabajo legislativo, absolutamente desmonetizado, en donde la comedia en capítulos del ex ministro Cardoso constituye el mejor ejemplo de un parlamento vergonzante.