“¡Tenés razón, macho!”, respondió Diego Armando Maradona a su inesperado interlocutor. El hombre era el fiscal que investigaba quién le había llevado la droga ese fatídico 4 de enero del 2000 cuando casi pierde la vida en Punta del Este. Se había acercado al ídolo con la intención de interrogarlo sobre lo sucedido en la chacra donde había sufrido una grave intoxicación por consumo de cocaína.
“Traté de buscar un momento para estar solo con él. Ingenuamente me acuerdo que le dije a Maradona: ‘Mire, como usted, yo tengo dos hijas y solo le voy a decir… ¡Déjese de embromar, hombre! Usted tiene algo en común conmigo. Tenemos dos hijas y usted tiene que cuidarlas’. Él me miró y simplemente me contestó: ‘¡Tenés razón, macho!’”, recuerda el fiscal Juan Bautista Gómez a 21 años de una causa que conmovió a Uruguay y al mundo.
La escena ocurrió el viernes 7 de enero de 2000, en el centro de tratamiento intensivo del Sanatorio Cantegril adonde Maradona había llegado tres días antes y donde se debatía entre la vida y la muerte. A ese lugar llegó Gómez, fiscal de feria de entonces, a cargo de la causa que involucró también a Guillermo Coppola. Al ingresar a la sala donde el Diez estaba internado, Gómez se dio cuenta de que no existía posibilidad alguna de interrogarlo. Solo tres días antes, Maradona había sido trasladado al centro asistencial en la camioneta Range Rover de Coppola en estado de coma producto de la intoxicación. El médico recién recibido Jorge Romero había llegado con ellos e intentaba mantenerlo con vida.

Fortaleza
“Fue una situación muy complicada. Fue una ingesta de cocaína muy pronunciada. Algo así como cinco gramos. Por eso estuvo en grave riesgo de morir. Su gran fortaleza física lo salvó entonces. Y la exigencia de que abandonaría el Uruguay para someterse a un proceso de desintoxicación, que él cumplió primero en Argentina y luego en Cuba”, contó Gómez a un periodista de esta casa.
Este lunes se cumplen veintiún años de la crisis sufrida por Maradona mientras pasaba unos días de descanso en la chacra del promotor futbolístico Pablo Cosentino. Del hecho, el caso periodístico más relevante ocurrido en toda la historia de Punta del Este por la masiva cobertura mediática, solo quedan recuerdos. Meses atrás, quien escribe estas líneas pidió tener acceso al expediente de la causa que terminó con el procesamiento de Coppola y el pedido de captura de Carlos Ferro Viera. Pero el expediente no pudo ser ubicado. No se encuentra en el juzgado donde se tramitó la causa. No aparece.
Por primera vez Gómez habla del caso, y recuerda que Maradona no estaba en condiciones de ser interrogado. “Su vida pendía de un hilo producto del consumo de esa gran cantidad de cocaína”, recuerda.
El fiscal había llegado al sanatorio Cantegril junto a la jueza del caso Adriana de los Santos: “Con la jueza fuimos hasta el sanatorio con la intención de conversar con el señor Diego Maradona, pero en ese tipo de momento uno tiene que contemplar los aspectos humanos. Maradona no estaba en condiciones de prestar ninguna declaración”, recuerda el hoy número dos de la fiscalía nacional y entonces fiscal de Maldonado.

“Yo mentí”
“Alrededor de ese ser humano había cosas que no funcionaban porque alguien le suministró toda esa sustancia. Eso fue el objeto de naturaleza penal por lo que nos movimos muy rápido. A través de las cámaras de video del aeropuerto pudimos detectar quién era el responsable del suministro. Esa persona viajó rápidamente hacia la Argentina”, explica Gómez y señala la figura de Carlos Ferro Viera sobre quien, en su condición de fiscal, emitió una orden de captura internacional que nunca se concretó.
“Al señor Coppola lo respeto muchísimo porque jamás le escuché hacer ningún comentario adverso sobre la justicia uruguaya”, expresa Gómez al calificar al proceso como “una investigación muy difícil”.
De las actuaciones de ese caso, recuerda algunas respuestas de Coppola. “Una funcionaria técnica muy bonita de la fiscalía había pedido participar de uno de los interrogatorios a Guillermo Coppola. Después de una hora y media de preguntar, el señor Coppola se dirigió a esa funcionaria diciéndole que él cooperaba con ella como fiscal. Ahí le dije: ‘Perdón. Pensé que usted sabía quién era yo y quién le preguntaba. Capaz que me confundió con un periodista’. Él, con una gran chispa, me respondió: ‘No. No lo confundo: lo encuentro parecido con el detective Columbo’”.
“Esa salida dio pie a que yo le efectuara una serie de preguntas a modo de ametralladora que lo llevaron a reconocer su culpa. ‘Yo mentí. Falté a la verdad porque a Diego lo quiero como a un hijo’, respondió Coppola. Ese ‘yo mentí’ fue lo que en definitiva la justicia, en su momento, tomó para atribuirle responsabilidad penal”, cuenta Gómez.

Precavidos
La confesión de Coppola hizo que la fiscalía solicitara su procesamiento por la comisión de un delito de asistencia al narcotráfico. Luego, la justicia procesó a Coppola por un delito de “falso testimonio”, cargo que luego fue modificado por un Tribunal de Apelaciones que lo condenó por la figura pedida en principio por Gómez.
“Me reconforta el hecho de que el sistema judicial uruguayo tomó todas las precauciones. Recuerdo el interés de ministros argentinos, de abogados, de que se tomara ese incidente como una forma de ayudar al ser humano Diego Armando Maradona a que se sometiera a un tratamiento de desintoxicación. Algo que le permitiera salir del consumo de sustancias”, dice hoy.
Y finaliza: “En ese contexto, recuerdo se nos informó que un avión ambulancia vendría a buscar a Maradona. Recuerdo que tomamos todas las precauciones. Entre ellas que nos elevaran un informe previo del médico forense que asegurara las condiciones de la aeronave para trasladar a un paciente en grave estado. Ahí en ese momento, felizmente para la sociedad uruguaya, Maradona se fue del país hacia una recuperación contra las drogas”.

En la imagen: así lucía la puerta del Sanatorio Cantegril durante los días de internación del astro del fútbol. Correo de Punta del Este cubrió en detalle los acontecimientos de esos días.