“Hasta empardar”, por Diego Echeverría

No me gustan los monopolios, ni los económicos ni los morales. No creo en la exclusividad de la sensibilidad social, no me parece seria ni justa esa actitud llena de soberbia ética que va señalando por la vida quién es bueno y quién no. Me aburre por simplona.
En nuestro país se nota en los últimos tiempos una incomodidad tremenda de la oposición por no encontrar un lugar en la cancha. Está quedando permanentemente fuera de juego, son el monumento al offside político.
Los descoloca que un gobierno de coalición construya un Hospital en el Cerro, un reclamo de décadas al que recién este gobierno da respuesta.
Les genera una incomodidad política (y personal) enorme que este gobierno construya un Centro de referencia en Casavalle que nuclea 13 organismos estatales que brindan inclusión y desarrollo a quienes más lo necesitan.
Les desarma el relato que el gobierno de Maldonado, un gobierno blanco, realoje (en una primera etapa) 375 familias desde el Barrio Kennedy dándoles una vivienda digna después de muchísimos años de vivir en un asentamiento en condiciones críticas.
Para quienes han hecho históricamente del relato ideológico una herramienta de construcción cultural es muy duro combatir estos hechos contundentes. Porque no hay más verdad que la realidad. Así que como se dice popularmente: ¡hasta empardar!

La legitimidad política se gana, con hechos, con resultados, con vidas transformadas, con políticas públicas que calan en la gente y no con diagnósticos ni construcciones pseudo filosóficas que solo hacen eco en la tribuna.

Y la legitimidad se pierde (si es que alguna vez se tuvo) cuando se ataca a un gobierno que puede exhibir mejores resultados en todos los terrenos.
¿En serio la oposición se siente con derecho a dar cátedra de seguridad? Tenemos mejoras en todos los principales índices en la materia y queda mucho por hacer. Cada delito duele y hay consciencia de que nunca debemos estar conformes, pero estamos mejor.
Tomando como base la denuncia de los siguientes delitos los números son clarísimos. Homicidios: en 2019 fueron 394 y en 2023 fueron 382. Rapiñas: en 2019 fueron 30.638 y en 2023 fueron 22.390. Hurtos: en 2019 fueron 140.025 y en 2023 fueron 112.747. Abigeato: en 2019 fueron 2.101 y en 2023 fueron 1051.
Datos, no relatos.
¿De verdad se autoperciben expertos en generación de empleo? Del 2015 al 2019 se destruyeron en nuestro país 52.600 puestos de empleo y este gobierno no solo reconstruyó esos 52.600 sino que generó 26.000 más. Tenemos mejores niveles de empleo que antes de asumir el gobierno, tenemos una tasa de desempleo del 7,8%.
Y queda mucho por hacer, pero a nosotros con clases de lo que no saben hacer no pueden venirnos.
¿Realmente se creen los paladines de la justicia tributaria? Aumentaron y crearon impuestos cada vez que pudieron mientras que en este gobierno, como lo señaló recientemente la Ministra de Economía, hubo dos grandes rebajas de impuestos, el IRPF y la inflación. Porque ambos son factores que repercuten positivamente en el bolsillo de los uruguayos. La inflación cerró en 2023 en un 5,1% frente a un 8,8% del 2019. Y el relato no cala donde la plata rinde para un paquete más de yerba.
Cuando empezó este gobierno vi en redes un pizarrón de un comité de base que exhortaba a comparar indicadores una vez que finalizara. Es un desafío que con gusto hay que aceptar. Porque el razonamiento es simple: la gente siente que está mejor y es porque está mejor.
Este gobierno la ha remado contra viento y marea. Contra pandemia, contra sequía, contra las repercusiones de la guerra en Ucrania. Y no se queja, asume la realidad y la transforma. No terceriza responsabilidades, las encara sabiendo que lo votaron para gobernar. De excusas y de diagnósticos saben otros, que entregaron un país golpeado y hoy chiflan bajito mirando para otro lado.
La honestidad intelectual recibe con templanza las críticas de murgas que antes callaban o peor aún, defendían colegas ideológicos. Porque no se trata de buenos y malos, se trata de la necedad de quienes ven todo mal a pesar de la realidad. Como decía Ortega y Gasset: “El malvado descansa algunas veces, el necio no”.
No les sirve ver la realidad, porque la realidad no alimenta un relato construido de visiones, prejuicios y dogmas que ya traían en el morral.
Los próximos tiempos serán de contraposición de ideas, de datos, de visiones. Y está muy bien. Lo interesante es que la hiper transparencia de los tiempos que vivimos no permite la construcción de realidades paralelas que algunos pretenden. No hay lugar para esa especie de “metapolítica”, entendiéndola como la construcción política en su metaverso de intereses, ese universo paralelo que parece real pero no lo es. Es solo su visión y creación, no la realidad.
La autoridad moral y la legitimidad política van de la mano. Se nutren, se retroalimentan. No basta con pronunciarse sobre un tema para que tenga valor de sentencia, es necesario el valor positivo de esas dos variables. La ciudadanía es cada vez más crítica, y los hay más o menos informados, pero puestos frente a decisiones con variables claras y elementos tangibles, la formación de su opinión no es manipulable. En buen criollo: “no se comen la pastilla”

Un defecto de la visión refundacional de la política es la negación del mérito ajeno. Como una especie de complejo de inferioridad que impide el reconocimiento de la virtud de un tercero. Este gobierno no ha tenido inconveniente en reconocer lo que otros han hecho bien, pero jamás escuché a la actual oposición reconocer mérito en la gestión de gobierno. Ni siquiera en la exitosa gestión de la pandemia que nos valió un reconocimiento mundial. No importa, dice más de ellos que del gobierno. Porque lo que uno dice (o calla) es más que una expresión, es una confesión. Y a confesión de parte, relevo de prueba.