Historias locales: maestra Ofelia Chiappara de Alegre, por Mario Scasso Burghi

Su primer cargo docente fue en Maldonado en la Escuela Ramírez de Varones (actual Instituto de Formación Docente), en 1926, se la designa Maestra Directora de la Escuela Rural del Cerro Pelado.

La Ciudad de Maldonado fue fundada a mediados del S. XVIII como puerto y guarnición militar y sus pobladores recibieron donación de tierras realengas en toda la Región Este de la Banda Oriental. El establecimiento del campo de concentración de pobladores portugueses, durante la Guerra de los Siete Años (1756-1763), en la horqueta de los arroyos próximos, al “Campo Real” de Maldonado, por la conquista española de Río Grande, cambió la composición poblacional y de dominio de los suelos. Esto dio origen al establecimiento de San Carlos y ocasionó la concesión de tierras de la “Estancia Real de José Ignacio”, para los “concentrados”, que no retornaron a Río Grande después de la paz de 1763. Esto le quitó a los vecinos de Maldonado la posibilidad de extensión de propiedades rurales en su “hinterland” (su zona de influencia), al desarrollarse una población próxima de agricultores, en sus cercanías. Las zonas rurales del “entorno” de la Ciudad de Maldonado, fueron limitadas a cuatro áreas, la Laguna del Sauce, el Paraje de Los Ceibos, el Rincón de San Rafael y el Paraje del Cerro Pelado.
En esas áreas a lo largo del S. XIX, se desarrollaron zonas de pequeños establecimientos chacareros, de producción de papas, boniatos, hortalizas, frutales, leche, cerdos, ovejas, gallinas, patos, pavos, con una numerosa y significativa económicamente población. Maldonado transformada en un centro administrativo, fundamentalmente cuando desaparece su función portuaria, tenía una fuerte relación con ese entorno rural. El desarrollo del turismo de veraneantes a partir de las décadas treinta y cuarenta del S. XX, hizo que la población de la ciudad se orientara económicamente hacia la costa, antes de médanos de arena, forestada artificialmente y creciera exponencialmente, disminuyendo marcadamente paralelamente la influencia económica de su entorno rural, que determinó además una disminución significativa de sus residentes.
En este marco tenemos que ubicar a una maestra: Ofelia Chiappara de Alegre.
Ofelia Chiappara Segovia, nace en San Carlos el 13 de agosto de 1897, hija de Esteban Chiappara, y Rosa Segovia, carolina. Su padre, hijo de inmigrantes genoveses, era comerciante, propietario de la “Casa Chiappara”, que operaba en “Ramos Generales”. Al fallecer tempranamente su madre, se traslada a Maldonado donde residía su tía Aurelia Chiappara Stagnaro, casada con un comerciante de origen argentino Esteban Palomo Nicole, hogar desde donde cursó sus estudios primarios.

Generación fundadora
Asistió al liceo en Maldonado siendo de la generación estudiantil fundadora, en 1913, tenía 15 años, en el edificio de la esquina de las calles Florida y Román Guerra, siendo compañera de estudios de Elodia Montañés, otra destacada educadora local.
Contrae matrimonio en abril de 1917, a los 19 años, con Juan Alegre, fernandino, descendiente de Felipe, hermano del Cnel. Ventura Alegre, integrante de la Administración Departamental de mediados del S. XIX. Juan tenía militancia “colorada riverista”, “antibatllista”, que editaba un periódico: “El Heraldo”, fundado por su padre Bernabé, con esa orientación política, mayoritaria en Maldonado en la tercera y cuarta década del S. XX. Era además propietario de una imprenta, librería, papelería, bazar y juguetería en la esquina de las actuales Calles José Pedro Varela (ex Aiguá) y Esc. Román Guerra. Además al igual que su padre, ejercía el oficio de procurador (que no implicaba el estudio de Derecho, pero era habilitante para proseguir trámites judiciales y notariales) y Agente de Registro de Marcas y Señales). Su residencia estaba contigua sobre la Calle Román Guerra No. 1081, siendo una de las más importantes de la ciudad de la primera mitad del S. XX, con ventanas de arcos en medialuna superiores, con cristales biselados. Estaba situada frente a una de las plazas fernandinas: Gral. Flores (desaparecida, su solar está ocupado por las Escuelas Nos. 1 y 97 y la Inspección de Primaria Departamental, ex Plaza de Carretas). Su esposo poseía numerosas fincas en la ciudad de las que era arrendador (prácticamente era propietario de la mitad de la Manzana No. 61 [Plano Catastral de 1946]). En todo su frente sobre la Calle Esc. Román Guerra y en gran parte sobre las Calles Dr. Román Bergalli y José Pedro Varela) y propiedades rurales en el entorno. Ya casada y con el apoyo de su esposo realizó sus estudios de magisterio en forma “libre”, rindiendo sus exámenes en tribunales de Montevideo.
Fue madre de cinco hijas, una de las mayores, Amanda, se doctoró en Odontología.
Su primer cargo docente fue en Maldonado en la Escuela Ramírez de Varones (actual Instituto de Formación Docente).
En 1926, se la designa Maestra Directora de la Escuela Rural del Cerro Pelado.

El Cerro Pelado
Es difícil en la tercera década del S.XXI, hacerse la idea de cómo era la zona rural del Cerro Pelado, en la primera mitad del S. XX, expandida actualmente la urbanización hasta el mismo cerro y transformada la topografía de la zona por la explotación de las canteras de pedregullo, la extracción del suelo vegetal para los jardines y el césped de las residencias costeras y de los suelos arcillosos para hornos de “ladrillos de campo” y la reutilización de los hoyos de las canteras para muladares y la práctica desaparición de la población de trabajo granjero y su sustitución en muchos casos con “chacras turísticas”. Los caminos rurales en particular el “Camino al Cerro Pelado” y luego su prolongación a la Laguna del Sauce (actual Camino Benito Nardone), era un sendero de tierra que se convertía en un “barrial de greda” intransitable con las lluvias. Mi padre actuando como médico rural, poseedor de un “Hillman”, debía servirse de un “Ford T” de un taximetrista, con cadenas en las ruedas, para transponer la “Cuesta de Juan Alegre”, que estaba ubicada luego del cerro y antes de la “Curva de los Clavijo” y la posterior “Curva de la Escuela”. El tránsito habitual eran los carros “tirados” por caballos, de los lecheros y los que transportaban productos agrícolas y de corral, de abastecimiento a la ciudad y los que proveían de productos a los pobladores rurales y a los escasos comercios establecidos en la zona. Esta condición del camino se mantuvo hasta los primeros años de la década de 1960.
Ofelia se trasladaba a la escuela en un “sulky”, conduciendo un caballo “de tiro”, los lunes por la mañana, retornando a la ciudad el viernes por la noche, acompañada por alguna de sus hijas, que cursaban sus estudios escolares en la misma escuela, Joaquina y Juana (que fallecería a los 13 años de peritonitis).

La Escuela Rural N°1

En lo referente al establecimiento de enseñanza, en el año 1913, la llamada Escuela Rural No.1, a cargo del Maestro Fulgencio Gutiérrez (descendiente de canarios), se estableció en un edificio construido para ese destino, en un predio donado por uno de los Lazo, también de estirpe canaria. En 1919 pasó de denominarse Escuela Rural de la Laguna del Diario No 1, a del Cerro Pelado, a cargo del mismo maestro. Sin embargo el nuevo nombre recogía una denominación popular ya que Ciriaca “Pana” Hernández, que asistió a esa escuela en la primera década del S. XX, la llamaba la “Escuela del Cerro”. La maestra anterior a la reforma y ampliación del edificio, era Angelita Daverede, que durante la semana de clases, residía en el establecimiento de la Familia Cabrera-Martínez, por no tener el edificio escolar, local para vivienda.
Su período de máxima expansión lo tuvo durante la dirección de la Maestra Ofelia Chiappara de Alegre, que por su iniciativa la transformó en escuela -granja. En abril de 1931, se concluyó el edificio escolar, aún existente, con vivienda anexa, edificada en “los altos”, comunicada por una escalera de madera, que era donde residía la directora. Llegó tener unos 130 alumnos matriculados, a instancias de la Maestra Chiappara, que recorría los campos a caballo, recolectando niños y tolerando inasistencias “para recoger la cosecha de papas y de boniatos” y para auxiliar en los tambos. Luego compensaba las “faltas” con clases de apoyo “fuera de hora”, aún mientras amamantaba a su hija menor (María de las Mercedes “Chiquita”), hasta que sus alumnos le avisaban: “Maestra, mire que está dormida”. Eran las “clases de recuperación” a fin de que los chicos pudieran completar el “ciclo escolar”, que en la mayoría de los casos sería la única educación regimentada que recibirían. El horario escolar era “completo”, de las 9 a las 16 horas, los escolares desayunaban y almorzaban en el establecimiento. En la escuela había un empleado: “Velázquez” que era quien roturaba y acondicionaba la tierra en los canteros y un peón para el ordeñe de las dos vacas lecheras del establecimiento. Algunos niños traían su leche en botellas, que completaban el suministro para la población escolar. La Maestra Ofelia se encargaba además de la dirección de la escuela, de la enseñanza de los cursos de 1ero. a 3ero.

De las de antes
Mostraba particular preocupación por niños discapacitados, como los que tenían dificultades auditivas: a dos hermanos Caraballo, les gestionó personalmente su concurrencia al Instituto Especializado de Montevideo, para poder instruirlos. Educadora “de las de antes”, de mediana estatura y complexión algo gruesa, con aspecto adusto y severo, que “imponía respeto” y la disciplina “a regla”, a “muchachos” de casi 20 años. También era fácil conmoverla emocionalmente. Tengo testimonios que en la Escuela Rural No. 36 del Rincón del Diario, otra recordada y apreciada maestra, Susana “Tita” Cairo, mantenía la disciplina escolar de similar forma en tiempos algo posteriores, sin resistencia alguna de los progenitores de los educandos y sin menguar el aprecio de sus ancianos alumnos actuales hacia su educadora inicial. No me olvido personalmente de las palmadas en la nuca de Sor Adriana, mi querida maestra de 2do. a 4to años, en la Escuela Parroquial (década del 50). La Escuela del Cerro Pelado llegó a tener dos maestras ayudantes: Aurelia Porchile Carbone, Elena Nieves de Cáceres, Alicia Armand Ugón y otra de los primeros años, recordada como la “Maestra Chila”, en diferentes períodos lectivos del lapso de dirección de Chiappara.
Primaria le exigió a Ofelia Chiappara, que obtuviera capacitación en administración y supervisión de alimentación, para lo cual tuvo que concurrir un año, dos veces por semana, a los cursos impartidos por la Profesora Hortensia Baston, de “Instrucción Culinaria”, en la Escuela Industrial de San Carlos, hasta obtener una acreditación en ese aspecto.

Los alumnos
La población escolar la constituían los hijos de los Ruiz, De León, Florencio, Suárez-Bernhardt, Díaz, Cabrera, Hernández, Jorge, Lazo, Migueles, que eran “lecheros o tamberos”, generalmente descendientes de canarios. También estaban los hijos de los “quinteros”, donde también había descendientes de italianos, los Frías, Umpiérrez, Mazzaroni, Mussio, Bologna, quienes plantaban verduras: papas, boniatos, repollos zanahorias, choclos, hinojo, frutales, que también en carros, transportaban a la población y a la zona balnearia en verano los productos, a almacenes, hoteles y también “puerta a puerta”. También estaban los hijos de los peones de las quintas como los Méndez y los Abeijón, luego migrados a la “construcción”. También estaban los Delgado, Clavijo, Barjas, Caraballo, todos pobladores de la periferia. Fue maestra de dos generaciones de habitantes del “pago”.
La Directora Ofelia tenía un enfrentamiento personal con el propietario del almacén próximo, Aniceto Clavijo, que tenía una “timba” en la pieza de atrás, donde eran varios los “pelados”. Además organizaba bailes que competían con las quermeses y loterías implementadas por la Comisión Escolar, que integraban los principales “colaboradores”: Antonio Bologna, los Bernhardt (Carlos Julio y Ángel), Zoilo Cabrera.
Con la colaboración de su esposo, la directora Ofelia, movida por su generosidad, hacía llegar a sus alumnos menos pudientes, juguetes y libros de su comercio en la ciudad.
El establecimiento brindaba enseñanza curricular habitual y de cultivo de la granja. En los canteros en el predio en el entorno del edificio, se plantaban: hortensias, azucenas, rosales, regados con el agua del aljibe y en un predio cercano, inicialmente arrendado por Ofelia Chiappara y luego adquirido por Primaria, se plantaron: manzanos, vides, zanahorias, acelgas, lechugas, boniatos, porotos, remolachas, zapallos, cuya cosecha colaboraba con el aprovisionamiento del comedor escolar, en la que oficiaba de cocinera Manduca Cedrés. La escuela contaba con pianola adquirida con lo producido por los “beneficios” y con una biblioteca donada por Héctor Armegnino.
En la década de 1950, con más de 30 años de trabajo y 55 años de edad, solicitó y obtuvo una prórroga, por un año hasta 1953 y luego de retirarse como directora de la Escuela de Cerro Pelado, transfiere su cargo a la Maestra María Teresa Goicochea de Rivas, que también residió en la escuela y desempeñó su cargo durante 17 años, apoyada inicialmente por los consejos de Ofelia.
Al año siguiente se le solicitó que se hiciera cargo en forma interina de la Escuela Rural No 12, de Abra de Perdomo, sobre el Camino de Los Ceibos.

Homenaje
Cuando finalmente le llegó el retiro definitivo en 1955, lloró amargamente, tan compenetrada y dedicada estaba con su oficio magisterial, siendo una mujer, esposa y madre de cuatro hijas, sin problemas económicos, dada la solvencia del patrimonio familiar. Su marido Juan Alegre desde los 70 años sufre un acusado deterioro cognoscitivo (Alzheimer).
En 1978, a los 81 años, ya fallecido su esposo, sus ex alumnos le tributaron un sentido homenaje en la pared del frente de la Escuela de Cerro Pelado, colocando una chapa de bronce, recordando su trayectoria en el edificio, del que fue encargada de su remodelación y también habitante durante el período de clases, durante casi tres décadas. Muy emocionada por el reconocimiento, poco tiempo después, sufre un accidente vascular encefálico, que le produce un severo deterioro cognitivo, quedando postrada en cama prácticamente en estado vegetativo, siendo alimentada por sonda nasogástrica, falleciendo el 2 de marzo de 1981, a los 83 años.
Visitando la Escuela Rural del Cerro Pelado No. 11, viendo las chapas con el nombre del establecimiento y las de homenaje a su ex directora la Maestra Ofelia Chiappara de Alegre, sustraídas para probablemente llenar las necesidades de sustancias para alcanzar satisfacciones efímeras, con el terreno del entorno del edificio no utilizado, compruebo cuánto se ha retrocedido en cultura y educación a pesar que los educandos tengan en la actualidad computadoras que los conecten al conocimiento universal.

Dr. Mario Scasso Burghi

Bibliografía.
Historia de Maldonado. Tomo II. – María A. Díaz.
Diccionario Biográfico de la Ciudad de Maldonado. – María A. Díaz.
Referencias: María de las Mercedes Alegre Chiappara, Haydeé Cabrera de Bonet, C/N (R) Leonel Bernhardt Bologna, Sixto Frías Migueles, Dr. Juan Carlos Rojas Alegre, Dolcey Zaccarón Hernández.