“Hoy 25 de enero, a los 80 años se fue Benito”, por el Dr. Juan Eduardo Silvera (*)

 

Imposible olvidar su estilo. De nadie hablaba mal. Si alguien venía con un chisme sobre otro, su comentario invariable era: “es un buen muchacho”. Infinidad de veces le fue reclamado por muchos correligionarios que fuera más duro con quienes lo traicionaban o atacaban. Pero él no actuaba así, no era rencoroso. Siempre dispuesto a tender la mano sin preguntar ni averiguar de nadie cuál era su color político. Siempre viendo el lado positivo de las cosas.
Comenzamos a acompañarlo políticamente en el año 1984, cuando se convertiría en el primer intendente democrático de Maldonado post-dictadura. Yo tenía 21 años y, por la edad y la época supongo, veía mucho las cosas en blanco y negro. Y de él aprendí la virtud de la moderación. A no lanzar afirmaciones hirientes. A no cerrarme en mi punto de vista.
Mi padre ya lo acompañaba desde mucho antes. En los 60s cuando votaban la “14” y se reunían en Punta del Este, en un club denominado “la almeja”, según me contaran. Pero no sólo se conocieron por la actividad política. El deporte, o el amor al deporte, los hizo coincidir aunque mi padre es de Ituzaingó y él de Punta del Este, dado que su visión fue siempre “unionista”. Siempre estuvo a favor de la fusión de los dos equipos puntaesteños, en lo que fue una constante de su vida: defender y promocionar su terruño y las cosas de su lugar: Punta del Este, Maldonado o el Uruguay.
Defensor pues e impulsor del deporte maldonadense, por un lado, defensor de la industria turística desde siempre por otro. Más incluso cuando el gobierno de nuestro propio partido, en el período 1985-1990 aún no visualizaba la importancia económica de la misma; lo cual le fue reconocido cinco años después cuando el mismo presidente Sanguinetti lo designara como Ministro de Turismo.
Consciente del alejamiento de la realidad que trae consigo el poder, las primeras veces que me preguntó mi punto de vista me recalcó, “Pero decime lo que vos pensás, no lo que tú creas que yo quiero que me digas”, lo cual estuvo sobreentendido desde entonces.
Eso con respecto a su personalidad, a su forma de ser y proceder; con respecto a su gestión como intendente, en primer lugar debemos situarnos en la época en que le tocó gobernar. Para quien no la haya vivido puede resultarle difícil de concebir que la crisis de “la tablita”, cuando el dólar se fue a las nubes en el año 1983 fue una crisis tan grande o mayor, a la del 2002. Para algunos, según sus circunstancias, habrá sido peor una u otra. Pero ambas fueron terribles. Fue una época de desocupación en la que aparecieron como hongos los medio-tanques para la venta de choripán y tortas fritas.
Después de esa crisis en 1983, en 1984 es electo intendente. Como acto final, el intendente militar saliente, regaló a todos los funcionarios municipales canastas navideñas, como forma de dejar al intendente que ingresaba en febrero de 1985 sin un peso. Era entonces impensable subir los impuestos como se hizo posteriormente en otros gobiernos en la década siguiente.
Así, sin dinero, sin poder subir impuestos, asume con 48 años de edad y un gabinete que estuvo integrado por solamente cuatro directores generales, Larriera, Larrosa, Praino y Sciandro, que tenían entre 28 y 38 años de edad.
A pesar de las circunstancias adversas logró concretar en su gestión obras que hoy perduran. Construyó el llamado “canal a cielo abierto” que corre paralelo al actual Bulevar Artigas, en ese entonces vía férrea Maldonado-Punta del Este, hacia donde corren las aguas de las lluvias de Maldonado.
Todas las vías estaban sobre lo alto de médanos, y como Maldonado tiene pendiente hacia el este, ahí se inundaban cinco cuadras desde donde ahora está el Bulevar hasta cerca de 19 de abril. Quienes no lo vivieron no pueden tener una idea de lo que eran ciertas partes del Barrio Rivera cuando llovía un poco, y toda la casa se inundaba. Una obra de ingeniería que cambió zonas enteras de la ciudad.
Otro hecho que solo perdura en el recuerdo: también como consecuencia de la lluvia, San Carlos quedaba aislada entre los arroyos Maldonado y San Carlos. Cuando llovía los alumnos liceales sabíamos que muy probablemente los profesores de San Carlos no vendrían. Entonces, en convenio con el Ministerio de Transporte se construyó el “puente insumergible”, actual ingreso a San Carlos desde el sur que evitó que dicha ciudad quedara aislada como frecuentemente le sucedía hasta entonces.
Eso desde el punto de vista de la gran infraestructura. Desde el punto de vista social fue quien construyó los centros comunales. No existía ninguno de ellos antes. ¿Quién imagina Maldonado sin todas las actividades que se llevan a cabo en los centros comunales? ¿Quién se acuerda de las inundaciones del barrio Rivera? ¿Quién olvidó que la gente no podía salir de San Carlos cuando llovía?
Por supuesto tuvo sus detractores y ataques especialmente viles por provenir desde dentro de nuestro propio partido, por hechos que hoy serían considerados como un chiste en cualquier juzgado de Uruguay. Pero, “así es la política”.
En resumen, Benito no solo nos deja un legado material que apenas esbozamos, sino fundamentalmente una forma ser y ver las relaciones inter personales que lo hacían recorrer las ciudades del departamento siempre sonriendo y desparramando besos y abrazos.

(*) Abogado y edil del Partido Colorado