
El intendente Enrique Antía declaró al edificio Casino Miguez como Bien de Interés Patrimonial con grado de protección patrimonial 2 conforme a lo que se dispone en el Artículo Nº 20 del Decreto Departamental Nº 3844- en virtud de la significación patrimonial e histórica que reviste para la comunidad del departamento de Maldonado.
El inmueble, empadronado con el Nº 5 de la ciudad de Punta del Este, está ubicado en la esquina de las calles 20 y 31. Fue construido en 1947 por José Barbieri y Juan Antonio Bermúdez, sobre los planos del arquitecto Armando Barbieri.
En documentación proporcionada por la Subdirección General de Cultura se expresó que la referida edificación “constituye uno de los edificios emblemáticos y característicos de Punta del Este; su imponente presencia aparece en casi todas las vistas del balneario,y singularmente se destaca desde 1947”.
Por otra parte, la Dirección General de Urbanismo informó que “el edificio del ex Casino Miguez se destaca en el paisaje de Punta del Este, en particular es el símbolo que define el ingreso a la Península, es un icono que nos recuerda la mejor arquitectura de ladrillo y piedra del Punta del Este de las décadas 1940 y 1950, su enclave es privilegiado, el gran espacio libre en que se ubica la Liga de Fomento habilita la visualización en perspectiva y como punto focal desde la Rambla Claudio Williman”.La Comisión Departamental de Patrimonio aconsejó que sea declarado como Bien de Interés Patrimonial con grado de protección patrimonial 2.
El Grado de Protección Patrimonial 2 corresponde a los bienes con significación exclusivamente local, sean muebles o inmuebles. Pueden ser modificados parcialmente o recibir agregados que no cambien su significación a criterio de la Comisión de Patrimonio, correspondiente al Área Patrimonial en que se encuentre ubicada y de la Comisión Departamental de Patrimonio.
Historia
El edificio fue construido a fines de la década de los cuarenta por la familia Barbieri de Salto con un proyecto del exintendente del mismo departamento, arquitecto Armando Barbieri. Fue construido para albergar un hotel y un casino que conformaron una de las propuestas de entretenimiento de la época. A comienzos de los setenta, el edificio se transformó en un complejo de propiedad horizontal a partir de una propuesta de diseño del arquitecto Jean Petit de la Villeon. En los años sesenta funcionó en uno de los locales esquineros la inmobiliaria propiedad del empresario Juan José “Juanjocho” Martínez Aranaz y el legendario “Toto Bar”, del recordado “Toto” Carratú, un nacionalófilo que trajo a su local al joven Atilio Ancheta. Luego abrió sus puertas el local de “Pluna” en Punta del Este.
Veranos locos
Una crónica publicada el 28 de diciembre de 1965 por la revista “Primera Plana”, del legendario editor Jacobo Timerman, da cuenta del intenso movimiento de alquileres de vivienda que se registraba por entonces. La nota habla de una clase media argentina que llegaba con sus manos llenas de dólares para alquilar casas y apartamentos. “Juanjocho” era uno de los inmobiliarios estrella de la época. Empero, su generoso corazón le jugó una mala pasada ya que murió poco tiempo después.
La nota recuerda: “Este año, los dólares se bañarán en la Brava. El cándido pueblito de pescadores, hasta hace tres décadas, se transforma cada vez más en un excelente vivero de divisas para quienes posean una casa, un departamento y hasta un elemental bungalow en la península. Desde julio, las registradoras de las inmobiliarias no dejan de repiquetear, adelantando una temporada que promete buenos negocios y sol a pico. La casita más modesta (cortinitas floreadas y disimulados calentadores a alcohol en las cocinas) se están alquilando a 30 mil pesos oro la temporada. Las empinadas mansiones que se remontan blancas y rojas sobre los médanos no bajan de los 3 mil dólares. En mil dólares se cotizaron para diciembre, lo que supone el doble para febrero”.
Párrafo seguido aparece el testimonio de “JuanJocho”:
“Las opiniones son unánimes: Juan José Martínez Aranaz, ‘Juanjocho’ para todo el mundo, telégrafo inclusive, vicepresidente de la Cámara Inmobiliaria de Punta del Este, es uno de los portavoces de la euforia: “¡Esto es bárbaro! He colocado el 95 por ciento de las disponibilidades tres meses antes de la iniciación del verano”. En el entrepiso del portentoso monoblock Santos Dumont, el arquitecto Alberto Ugalde (55 años, argentino) ofrecía los últimos departamentos del edificio, hace quince días, a precios que rondaban los 30 mil pesos uruguayos por mes”.
La nota sigue: “Tanta demanda despertó la codicia de centenares de montevideanos, propietarios de chalets de week-end en Pocitos y Carrasco, en base a la teoría de que “después de todo, Pocitos y Carrasco están a minutos de Montevideo, y Punta (a casi dos horas de micro) supone gastos que orillan el despilfarro”.
Luis Sader
En la misma nota aparece otro referente del sector, fallecido algunos años atrás: “El fenómeno, que comenzó a fructificar, había sido previsto por Luis Sader, con veinte años en el negocio de compraventa y alquiler de propiedades: “A último momento, mucha gente se queda en Montevideo, y entonces alquila sus residencias de fin de semana y consigue jugosos dividendos”. Es posible que semejante estrategia equilibre la oferta y la demanda en los principales balnearios uruguayos, aun cuando Ugalde barrunte que ‘en enero aparecerán los argentinos de rodillas para que les consiga un alojamiento cualquiera, aunque sea en Maldonado’. Su conjetura se apoya en un viejo síntoma: noventa de cada cien turistas en el Uruguay son argentinos, la mayoría provenientes de Buenos Aires. El otro diez por ciento está integrado casi exclusivamente por norteamericanos: la Cámara Inmobiliaria de Punta del Este acaba de registrar una solicitud de alojamiento del gobernador de Minnesota (Estados Unidos) para, veinte días, a partir de esta semana”:
“Otros remolinos comienzan a gestarse en los más aristocráticos hoteles de la península, categorizados por una tasa —el laudo— que oscila entre el 17 y 26 por ciento. El San Rafael; en donde funcionan las salas de ruleta y punto y banca, cobrará 960 pesos oro por persona-día, con pensión. Para dos personas, el precio es algo menor: 1.700. El hotel La Cigale estipuló una tarifa de 550 pesos oro, y el Richmond, de 460 (dos personas: 660), ambos con comida. Sin embargo, la mayoría de los hoteles de Punta del Este —unos 40— optó, este año, por ofrecer sólo alojamiento y desayuno: el San Marco fijó una cuota de 250 pesos oro por pasajero (dos, 600), y el Playa Hotel de 272 (dos, 340). Otros buenos hoteles y residenciales del área céntrica estipularon tarifas que van de los 75 pesos oro a los 150, a los que se adosa un laudo del 20 por ciento”, agrega el informe de Primera PLana.
Retoques
“No solamente los comisionistas y hoteleros desempolvan sus cajas de hierro: a principios de mes, la fiebre de los preparativos se había contagiado a restaurantes, boítes y tiendas elegantes, y a varias galerías comerciales, cuyos retoques finales se cumplían con el apuro de la avidez. En la Avenida Gorlero, un enorme techo albergará, esta temporada, al asador más grande del país, a riesgo de que sus emanaciones se peguen a las camisas de Pucci y las sofisticadas bikinis de crochet, que ya exhiben las boutiques aledañas. Para los trasnochadores, Punta dispondrá de una réplica del resucitado Mau-Mau de Buenos Aires, que funcionará en dependencias del Hotel Médano. El ruidoso 06 del verano pasado, frente al Malecón, competirá ahora con el 05, de cara a la Playa Mansa: “Pretendemos reverdecer el prestigio de La Fragata, un refugio que congregaba a los refinados de los años 40. Bailaban en zapatillas y bebían sólo champaña”, recordó uno de los dueños. La semana pasada, las sorpresas eran apenas una forma de la expectativa. “No hemos descuidado la cultura, qué esperanza”, se jactaban los lugareños, sobre todo quienes concibieron una fórmula estrafalaria: en la boite Carrousel, al lado del Casino, se exhumarán vodeviles de Sacha Guitry y Georges Feydeau, de modo que los jugadores puedan, entre bola y bola, echar un vistazo al escenario”.












