La jueza letrada San Carlos, Andrea Caamaño desestimó la demanda civil radicada por el empresario argentino Ignacio Viale contra los organizadores de una fiesta celebrada el 1º de enero de 2012 en un predio rural ubicado a la altura del kilómetro 174 de la ruta 10 entre Manantiales y José Ignacio en la que resultó lesionado su hijo Matías al recibir un botellazo en la cabeza.
La demanda se remonta más de siete años atrás cuando Viale, en representación de sus hijos Matías y Manuela Viale, presentó el reclamo por “daños y perjuicios” contra los organizadores de la fiesta celebrada desde las últimas horas del 31 de diciembre de 2011 en el citado predio. Entre los demandados se destaca la firma “Eventos Buenos Aires INC Sociedad Anónima, un disc jockey y de forma subsidiaria el Municipio de San Carlos y la Intendencia de Maldonado.
El precio iba desde los 30 a 50 dólares por persona, según donde se adquirieran las mismas, en Uruguay o en Argentina. La consumición, en tanto, tenía un precio mínimo de 300 pesos de entonces.
“La megafiesta se efectuó bailándose sobre el piso de pasto, sin gabinetes higiénicos a la vista, ni baños habilitados tampoco había mesas, ni sillas y ni había mozos, ni quien controlara la reunión. Sólo había instalaciones precarias, con la cabina del disc jockey con equipos de audios y luces y altoparlantes a todo volumen”, sostuvo la demanda. Según los organizadores, en el lugar comparecieron más de doce mil personas.

Impactado
“En un momento, próximo a las 06:40, según luego apreciaron y en momentos en que se encontraba de pie conversando con su amiga Abril, Matías sintió un fortísimo impacto y cayó al piso desmayado. Luego le contaron lo sucedido sus amigos Matías Surraco y Abril Varela, que lo ayudaron a levantarse ya que se encontraba inconsciente, tirado en el suelo y arrojando sangre por la nariz y por la herida producida por el botellazo. Al no reaccionar de inmediato, lo sujetaron, lo sostuvieron de las piernas y de la cabeza y de ese modo lo llevaron a la casa de quien se suponía era el dueño del establecimiento, recuperando el conocimiento. Pidió permiso para lavarse la cara, pero se le negó el ingreso a la casa. Tampoco le quisieron alcanzar agua potable para lavarse la cara”, sostuvo la demanda al detallar el momento en el que el joven Viale fue impactado por un botellazo.
El herido fue trasladado al sanatorio Cantegril, donde además de lavarle la cara le practicaron una sutura de cuatro puntos. El padre del joven luego denunció que la fiesta no había contado con la autorización correspondiente. La demanda por daños y perjuicios fue por un total de 105 mil dólares.

Pedido de archivo
Los propietarios del predio aseguraron que no existía el nexo causal entre el incidente y ellos por lo que solicitaron el archivo de las actuaciones. La única obligación contractual que asumieron los comparecientes fue la de entregar la casa principal y el medio y el contrato de arrendamiento estableció de forma expresa que los organizadores debían recabar las autorizaciones pertinentes, dijeron los demandados. “El Sr Matías Viale concurrió a la fiesta, sufrió el impacto a la hora 06:40, es decir que disfrutó de la fiesta permaneciendo hasta su finalización, momento en el cual, por un hecho fortuito, imprevisible e irresistible, no imputable a los comparecientes fue impactado por una botella. Se debe inferir que, de no haber acontecido el insuceso, el Sr Matías Viale nada hubiera dicho las supuestas privaciones de la fiesta y si la misma estaba o no autorizada. Lo sucedido no fue consecuencia de la realización de la fiesta. Tampoco es cierto que no tuvieran acceso a la casa principal pues ésta y el parque fueron objeto del contrato aclarando que los comparecientes no residen en la chacra”, aseguraron los propietarios del predio.
Empero, fue imposible lograr el concurso de los organizadores de la fiesta, a tal extremo que los mismos fueron emplazados por edictos.
La justicia designó como defensor de oficio al abogado Mario Cabrera quien se hizo cargo de responder la demanda. Cabrera sostuvo que la demanda no podría seguir adelante. La justicia sostuvo que en este caso no existe relación de causalidad entre el daño causado y el accionar de los demandados. “No hay responsabilidad sin nexo causal”, sostiene el fallo en primera instancia.