“La Casa de Francisco Aguilar y Leal”, por el Dr. Mario Scasso Burghi

La Comisión Departamental de Patrimonio, podría evaluar la posibilidad de declarar estos escasos testimonios restantes, de la que fuera la principal residencia particular de la ciudad, de la primera mitad del S. XIX, como integrantes del Patrimonio Departamental.

La residencia más importante de Maldonado en la primera mitad del S. XIX, fue la del empresario y político Francisco Aguilar y Leal. Este personaje de origen español, había nacido en Santa Cruz de Tenerife (Islas Canarias), en 1776, hijo de Francisco de Aguilar, natural de Antequera (Málaga), Comandante Militar de las Islas y de Ignacia Leal, natural de Tenerife. Se casa en 1802, con Luisa Bentancourt Ayala y Cabrera de la Isla de Lanzarote. El conquistador de la Isla de Lanzarote (la más oriental y septentrional de Las Canarias), por cuenta del Rey de Castilla Enrique III, en la primera década del S. XV, era de origen normando y se llamaba Juan de Bethencourt (también conquistó Fuerteventura y El Hierro). Es decir que él y su esposa pertenecían a las familias más encumbradas del archipiélago. En 1809, estallada la Guerra de Independencia en España, estando su Rey Fernando VII, preso de Napoleón y el país sublevado contra la ocupación francesa, la población de las islas fue sometida a reclutamiento de batallones dirigidos a la guerra peninsular y a la semi-protección de la marina británica, que la había sometido a diversos asaltos en el S. XVIII. En ese año Francisco Aguilar, adquiere una fragata a la que nombra “Luisa”, como su esposa, a la que artilla, con una “patente de corso y mercancía (comercio)”.

El Pampero
En el verano septentrional de 1810, zarpa con destino a Montevideo, con una tripulación de 42 plazas, unas 3 docenas de familias de labradores “emigrados con licencia” y un volumen importante de mercaderías. Él se embarca con su esposa y dos hijas y cuatro personas de servicio. Tras un tormentoso viaje, arriba a Brasil, tocando sucesivos puertos, debiendo vender parte de las mercancías para cubrir los costos. Durante su recalada en la Isla de Santa Catalina, fallece su esposa. Al ingresar al Río de la Plata lo sorprende un fuerte “Pampero”, por lo que debe fondear en el Puerto de Maldonado, el 12 de enero de 1811. La situación que encuentra es que el Cabildo de Buenos Aires había constituido una Junta de Gobierno y destituido al Virrey Cisneros (mayo de 1810) y el Gobierno de la Ciudad de Montevideo, había desconocido a la junta porteña, manteniendo su obediencia al Consejo de Regencia de España e Indias, establecido en Cádiz (junio de 1810). El Cabildo de Maldonado, había reconocido la Junta de Buenos Aires inicialmente, pero había sido conminado por una fuerza militar comandada por el Cnel. Francisco Javier de Viana, a reconocer el Gobierno de Montevideo, el 19 de junio de 1810.
Enterado de los acontecimientos políticos locales desencadenados por la situación político-militar española, varió su intención original de dedicarse al comercio en la capital virreinal y se afinca en Maldonado, con la intención de dedicarse al comercio de carnes saladas y maderas, entre este puerto y Santa Catalina. Su barco es inicialmente requisado por el Comandante del Apostadero montevideano, luego le es devuelto y lo subasta en esa ciudad, en abril. Se enfrentaba con el peligro que le pudiera ser declarado “buena presa”, por los insurrectos. Como todo español, se debe haber sorprendido de la actitud de los criollos españoles, frente a las penurias que encaraba la metrópoli.

Afincándose

Compra en Maldonado, la casa de la esquina Sureste, de paredes de piedra y azotea y contrae nuevo matrimonio con Catalina Pires, carolina, hija de azorianos, el 31 de marzo de 1811. Seguramente era un hombre enérgico, que tomaba rápidas decisiones, amoldándose a situaciones inesperadas y extraordinarias.
Progresivamente va adquiriendo por compra, las propiedades de la cuadra sobre la Calle “Real” (actual 25 de Mayo), ya en 1812. Esto le fue facilitado porque muchos pobladores, frente a la sublevación de la campaña y la Invasión Portuguesa, huyeron a Montevideo. Fue edificando sucesivas piezas, para habitación y para almacén. Construye un edificio de dos pisos, con “tres puertas a la calle” para almacenes y seis ventanas, en “los bajos” y “en los altos”, tres depósitos, teniendo el del centro una puerta con balcón con su puerta y trece aberturas. Su patio principal lo cubría un gran parral. Fue en la primera mitad del S. XIX la principal residencia de la ciudad, con dos faroles “a la calle” (para iluminación exterior), con el mejor mobiliario y alhajamiento, con estufa de leña, arañas de cristal, espejos, alfombras. En ella alojó a su numerosa prole, producto de sus tres matrimonios, al fallecer su segunda esposa, volvió a contraer enlace con Javiera Pargas, fernandina, en 1835, a los 59 años. Llegó a poseer toda la manzana, donde existía una huerta, las atahonas (molino de harina movido por mulas), el cuarto del capataz, de los alfareros, el del sebo (con los moldes para velas), las habitaciones de los esclavos, de los morenos libres y el de los quinteros. Existían las piezas donde se fabricaba jabón, en tachos, las cocheras y las caballerizas.
Poseía Aguilar (según Seijo), 14 fincas y 2 solares en la ciudad. En la esquina de la Calles 25 de Mayo y Román Guerra al Noroeste, en un predio que ocupaba un cuarto de manzana, estaba instalado el “Galpón o Barraca de Aguilar”, donde existían los “hornos de alfarería”, donde se fabricaban baldosas y baldosas “vidriadas” (de azulejos) (actual sede de: “El Clon”). También existía la “casa de la sal”, para el salado de los cueros de los lobos marinos y depósitos para éstos. Tenía barracas para acopio y venta de maderas.
Tenía quintas y chacras en el entorno de la población donde se criaban gusanos de seda, con plantíos de moreras, viñedos y cría de ovinos merinos. La principal “La Florida”, estaba situada en las “afueras” de la ciudad, entre el extremo Sur de la actual Calle 19 de Abril y el inicio de la actual de la Avd. del Cabildo (entonces el Camino a la Punta del Este: “La Lagunita”). En la zona del actual Barrio de Maldonado Nuevo, poseía una cantera de talco y también en el entorno de la población yacimientos de arcillas para la fabricación de baldosas.

Destacado
Era el residente más rico e influyente de Maldonado, poderoso empresario con intereses agropecuarios, explotados en parte por “colonos” (medianeros), muchos de ellos de origen canario e intereses en la explotación de los productos de las ballenas y lobos marinos (aceite y cueros), los que obtuvo por concesión de los portugueses y brasileños y luego de la República Oriental, para lo cual poseía una flota de embarcaciones integrada por una goleta y varias balleneras. También tenía pulperías con ventas al menudeo y era importador de productos, especialmente por vía marítima del Brasil: maderas, café, caña, harina, productos para teñir.
Tuvo importante participación política, fue la autoridad que negoció con los portugueses la entrega de la ciudad en 1816, contribuyó económicamente y con el aporte de su flotilla con la “Cruzada Libertadora”. Era uno de los objetivos del asalto brasileño a la ciudad la madrugada del 17 de mayo de 1827 (se salvó huyendo, encaramándose a una pared a los fondos de su casa). Fue Alcalde de Maldonado en 1829 y 1830, cuando la Jura de la Constitución, y Senador de la República entre 1836-38. Fue amigo personal de Rivera, cuando en 1847 durante la Guerra Grande, luego de derrotado en el Cerro de las Ánimas, éste entabla negociaciones para un acuerdo con Oribe y es desautorizado por el Gobierno de la Defensa, que lo envía arrestar por los coroneles Lorenzo Batlle y Francisco Tajes, residía en la casa de Francisco Aguilar. En la década de 1960, cuando se demolieron las piezas originales de la residencia de Aguilar, sobre la Calle 25 de Mayo No 719 (donde luego tuviera su sede la Asistencial Médica Departamental de Maldonado), muchos fernandinos recordaban esas piezas, como “donde había residido Rivera”. Seguramente la amistad se había extendido al hijo de Aguilar, Francisco José, pues él había fallecido en Montevideo en 1840, a los 64 años.
La parte central de la casa, sobre la Calle 25 de Mayo, fue remodelada para residencia en la segunda mitad del S.XIX, de Elías Devincenzi, actuales Juzgados de Paz Departamentales. El sector de la residencia sobre la calle Sarandí, que anteriormente fuera vivienda del Párroco Dr. Juan Dámaso de Fonseca, ha desaparecido estructuralmente.
De la residencia original de Francisco Aguilar, sólo se conservan los muros de la esquina de Sarandí (No 792) y 25 de Mayo, muy modificadas las aberturas y ochavada la esquina, según el dibujo de Augusto Ballerino de 1874 y la fotografía del Arq. Fernando Capurro, de la década de 1930. Las aberturas originales conservadas, están sobre la Calle 25 de Mayo No 743, donde la ventana conserva la reja original y en el antepecho de la ventana, se conservan azulejos originales de la fábrica de Aguilar.
La Comisión Departamental de Patrimonio, podría evaluar la posibilidad de declarar estos escasos testimonios restantes, de la que fuera la principal residencia particular de la ciudad, de la primera mitad del S. XIX, como integrantes del Patrimonio Departamental.

Dr. Mario Scasso Burghi